LE ENCANTA DISPARARSE AL PIÉ

¿Para reír o para llorar? Martin Vizcarra, salió hoy a tratar de “explicar” los cambios en el gabinete y no encontró mejor argumento que hablar de su lucha contra la corrupción y atacar, de paso, a quienes dice arman campañas en su contra. Sin Congreso, ni oposición, el inquilino de Palacio padece ahora de una fiebre quijotesca y no termina de entender que sus limitaciones son su verdadera y única enemiga. Lo advertimos; la salida del procurador Jorge Ramírez iba a desencadenar un efecto dominó en las altas esferas del gobierno. Lo previsible; la caída de fichas no ha terminado. Lo definitivo; a Vizcarra le encanta dispararse al pie.

Don Martín se enrumba solito a la puerta falsa de Palacio pues todo indica que detrás de tanta incompetencia y nerviosismos hay, sin lugar a dudas, nuevos destapes que le preocupan

 Para reír. Tanto el presidente Vizcarra como el jefe del gabinete, Vicente Zeballos, salieron esta mañana a sostener, muy cínicamente por cierto, que la salida del Procurador es una “decisión autónoma” y que se respeta la independencia de poderes. No dijeron lo mismo cuando el propio Vizcarra regresó corriendo de Brasil para enmendarle la plana al Fiscal de la Nación, por la remoción de sus fiscales Vela y Pérez.

Si ayer se le veía a don Martín con el rostro adusto y más que tenso, hoy en Moquegua lucía eufórico y en cada oración de sus declaraciones para la prensa oficial mencionaba la “lucha contra la corrupción”. Una y otra vez, falto de ideas, de argumentos e improvisado, el hombre que rige los destinos de la nación repite en plazas y calles lo mismo. La historia ya resulta conocida; ¿Se acuerdan de Toledo y su cotidiana cantaleta contra la mafia? ¿En qué terminó?

 La cereza de este pastel la puso el propio jefe del Gabinete, quien sin inmutarse sostuvo que la salida de cuatro ministros “no tiene nada que ver con la reunión con la gente de Odebrecht.” Peor aún, como si la premisa no fuese de por sí ridícula, al igual que el Presidente en el sur del país, argumentó que los ministros “venían haciendo un buen trabajo”. ¡Plop! ¿Entonces?

Para llorar. Los flamantes nuevos ministros, al igual que la mayoría de los sobrevivientes del modesto gabinete Zeballos son,  por decir lo menos, personalidades con poca experiencia en lides políticas. Obviamente si, como dicen, los que se fueron hacían un buen trabajo y la mayoría de los entrantes ya tenían funciones en el aparato estatal ¿Para qué desvestir santos?

Hay más. Vizcarra tiene vocación de dispararse al pie cada vez que puede. No previó el escenario que se le iba a venir cuando nombró como ministro de Energía y Minas, Juan Carlos Liu, a propósito de sus vinculaciones con la cuestionada empresa corrupta Odebrecht. Es sencillamente imposible creer que el presidente no sabía de sus antecedentes. ¿Acaso se lo impusieron?

Lo propio ocurre ahora con la flamante sucesora en dicho portafolio, doña Susana Vilca, a saber ex viceministra en el mismo portafolio en tiempos de Ollanta Humala, quien, dicho sea de paso, gustaba de proclamar “la honestidad para hacer la diferencia”

Doña Susy es ex parlamentaria nacionalista y tuvo nexos con la minería ilegal y, por si fuera poco, fue denunciada en Puno por conflicto de intereses.

La edición local del diario Correo dio cuenta en noviembre del 2011 que Susana Gladis Vilca Achata, era propietaria de 17 petitorios de concesión minera, 8 de ellas en estado de trámite (informales) precisamente ante el viceministerio de Minas que ella encabeza.

Para el jefe del Gabinete, ahora todos tienen derecho a rehabilitarse

 Al respecto, Vicente Zeballos, quien con sus actos y declaraciones pide a gritos que lo boten del Ejecutivo, argumentó ésta mañana que “eso paso hace diez años y todos tienen derecho a rehabilitarse”. Lo cierto es que doña Vilca fue invitada a retirarse del cargo en aquel entonces.

Impertinencias y despropósitos al margen, estimamos que don Martín se está enrumbando solito a la puerta falsa de Palacio pues todo indica que detrás de tanta incompetencia y nerviosismos hay, sin lugar a dudas, nuevos destapes que le preocupan y lo desvelan. El efecto dominó no ha terminado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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