PÉREZ DE CUÉLLAR Y VARGAS LLOSA

Si algo debemos recordar de Javier Pérez de Cuéllar es su talla de estadista y su enorme preocupación por los  pueblos olvidados del Perú. Desvelo que lo llevó a abandonar su zona de confort a los 75 años de edad para postular (en 1995) a la presidencia del Perú enfrentándose al entonces poderoso Alberto Fujimori.

El ex canciller de la República, Luis Gonzales Posada, dijo a Guik que si alguien pudo demostrar que la política sí tiene una dimensión ética ése fue, sin duda alguna, el embajador Pérez de Cuéllar quien nunca tuvo frases peyorativas contra sus adversarios políticos ni albergó odio contra su adversario, en este caso Fujimori,, que lo derrotó en las urnas.

 

Luis Gonzales Posada.

El diplomático, dijo Gonzales Posada, siguió trabajando en asuntos internacionales, dictando conferencias y asistiendo a reuniones con amigos.

El excanciller recuerda que visitó al diplomático a principios de 1995 en su casa de San Isidro con el objetivo de expresarle sus puntos de vista sobre la campaña presidencial y lo difícil que resultaba ganarle a Fujimori quien estaba en la cresta de la popularidad.

“Percibí que él también anticipaba el resultado. Mientras hablaba, con pausa y serenamente en el sillón de su sala, me pregunté por qué este diplomático de 75 años había hecho un paréntesis en su vida cómoda y sin sobresaltos, apreciado en el país y el exterior, para involucrarse en el torbellino de una batalla electoral, sabiendo que no ganaría”.

La razón era clara para él: había que defender los principios democráticos y, con ello, poner punto final a las prácticas de amedrentamiento, a las interceptaciones telefónicas y a las estrategias de espionaje de las que el propio Pérez de Cuéllar había sido víctima.

Sin embargo, y pese a tratarse de una campaña agotadora, las predicciones se cumplieron y Pérez de Cuéllar perdió las elecciones con un 21.81% frente al 64.42% que obtuvo Alberto Fujimori.
Gonzales Posada agregó que “perdiendo, Pérez de Cuéllar ganó el afecto y respeto colectivo, al demostrar que no hay edad para luchar por los ideales y que ser diplomático significa no callar ni doblegarse ante arbitrariedades ni traicionar sus principios”.
Recordó que terminada la contienda, el diplomático se replegó a sus actividades privadas y nunca tuvo expresiones peyorativas contra el presidente Fujimori y tampoco hizo campaña destructiva contra quien lo había derrotado ni contra sus partidarios.
Dijo que a diferencia de Pérez de Cuellar, el novelista Mario Vargas Llosa, que también fue derrotado por Fujimori en 1990. Desde ese año a la fecha, es decir durante 30 largos años, no solo ha dedicado parte de sus actividades a demoler a quien lo derrotó en las urnas,  “sino que apoyó a todos los candidatos que estuvieran en esa misma línea, como hizo con Toledo, Ollanta Humala, Susana Villarán, PPK y hasta alentó la postulación de Nadin Heredia”.
Sostuvo que la última declaración del distinguido diplomático fue enviar una sentida nota de condolencias a los familiares del presidente Alan García, a quien expresó su “reconocimiento a los aportes a la democracia en nuestro país”, mientras Vargas Llosa lanzó “mezquinos” ataques contra el ex mandatario. He ahí, señaló Gonzales Posada, otra distinción entre el embajador desaparecido y el escritor arequipeño”. (Foto abridora: Andina)

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