“MUERAN SANSON Y LOS FILISTEOS”

por Aníbal Quiroga León 

Jurista. Profesor Principal PUCP

 

Los acontecimientos del fin de semana pasada han desembocado en una grave crisis político-constitucional para el país, todo ello en medio de una incontrolada pandemia por si no fuera suficiente. Agobiados por la ineluctable enfermedad que sigue sin manejo eficiente, lejos aún de estar bajo control, con una salubridad pública y privada rebalsadas, donde los pacientes del servicio público -y del privado también- fallecen en las antesalas de las emergencias hospitalarias públicas y privadas, el Congreso, ajochado por un Ejecutivo que ha hecho de la inmunidad parlamentaria un fetiche político de gran rentabilidad en las encuestas, se encontraba aprobando la reforma constitucional de su propia inmunidad arrastrando los pies, de sí pero no, a medias y a regañadientes.

 

En ese contexto, a media mañana dominguera, apareció en los medios de comunicación un Presidente de la República bien enternado, sin mascarilla, rostro enjuto y con el rictus de gravedad que la ocasión ameritaba, anunciando seria y pomposamente que, ante la inacción del Congreso (su Congreso, su creatura, su obra maestra, su gran jugada política y al que ya no puede disolver como antaño) que sometería a referéndum el fetiche de la inmunidad parlamentaria junto con las elecciones generales del 2021, aprovechando el envión de ese proceso electoral y que ello no costaría nada al erario nacional más que “una hojita” en que se contendría la tan ansiada pregunta.

 

Claro, hacer un referéndum sobre eso es jugar a ganador, un tres en raya cantado, porque nadie podría apostar a un resultado diferente que un aplastante triunfo rayano en el 99% dada la publicidad y la realidad que ha tenido el blindaje anómalo en el Congreso, donde otorongo no come otorongo y el gran descrédito que arrastra alegremente el Congreso que ha llevado a concluir, a tirios y a troyanos, que ese es peor Congreso que su antecesor disuelto malamente. Es casi como hacer un referéndum acerca de si queremos o no pagar impuestos. No fallaría. El señor Presidente debe haber sonreído maliciosamente al finalizar su solitaria alocución, sintiéndose, que una vez más era, como dice la canción, un triunfador.

 

Pero he aquí que tal parece no midió bien sus fuerzas, y los consejos recibidos del marketing político no estuvieron tan acertados esta vez, como tampoco los que le alcanzaron en materia constitucional, ya que, para empezar, resulta discutible que el Presidente tenga iniciativa de reforma constitucional y subsecuente llamado a referéndum por sobre reforma constitucional que ya está en trámite en el Congreso, por iniciativa de este, como en el presente caso. Eso lo han reiterado hasta los abogados que siempre apoyan las iniciativas oficialistas.

 

Pero, por otro lado, su “mensaje a la nación” se cruzó en el espectro electromagnético con la citación virtual del Presidente del Congreso -de esa misma mañana dominguera- en que llamaba a sus pares a la última plenaria que podría haber en la legislatura ordinaria que ese mismo día fenecía. De ese modo, a la hora de la sobremesa dominical, los Congresistas empezaron un Pleno con pintura de guerra, gravemente acicateados y aguijoneados por el innecesario e inoportuno “mensaje a la Nación” presidencial que los había pechado fuertemente, de modo que apuraron todas sus fuerzas para que -en la madrugada del lunes- como en los viejos tiempos en que se detenían las manecillas del reloj del Hemiciclo con la ilusión de parar el tiempo, se aprobaron velozmente y sin escalas, no una, sino cinco reformas constitucionales que tijereteaban malamente la Constitución, sin debate, sin análisis y con ausencia de la necesaria ponderación, sin participación de la academia ni de la sociedad, por obra de la pura y humana retaliación: darle su vuelto al Presidente de la República.

 

Así, en la madrugada del lunes, el Presidente de la Comisión de Constitución muy orondo y satisfecho declamaba, en los estertores del Pleno virtual y ante una pantalla empañada y con legañas: “hoy hemos hecho historia, señor Presidente…” No deja de ser curioso cómo, entre él y el Presidente de la República, no hay mucha diferencia en ese punto ya que también hace uno días nos dijo -en vivo y en directo, en una de sus conferencias de prensa verticales y regladas- que su actuación política, sobre todo su accionar en la pandemia, “sólo sería juzgada por la historia”; así que los comunes mortales del hoy nos debíamos abstener de hacerlo, al carecer del derecho para ello.

 

De este modo, el Pleno virtual aprobó de un tajazo y en primera votación, por 110 votos sobre 130 posibles, esta reforma constitucional que -felizmente- para hacerse realidad, debería volverse a votar en una nueva legislatura ordinaria que -oh, maravilla, empezaba ese mismo lunes- y con un quórum no menor a 87 votos.  La cosa pintaba muy feo.

 

El lunes por la mañana muy temprano, desde Tumbes, el Presidente de la Republica acusó el golpe con cólera y no poca piconería, y luego haber cuadrado al Congreso con eso de que “respetos guardan respetos” que -como ya se dijo- antecede a un “chócala para la salida”; esta vez en fase de regresión, señaló que ahí estaba él, mostrando el pecho, que no se corría, que si quisieran fueran a por él, ya que iba a plantar cara cada vez que se lo requirieran. Los tambores de guerra a todo batir se sintieron en El Tablazo.

 

El mismo lunes empezaron a llover las renuncias de diversos miembros del Consejo Consultivo de la Comisión de Constitución del Congreso en señal de protesta y desmarque con lo acontecido. El martes otro tanto, sin renunciar, decidió dar la pelea desde adentro y, baypaseando al Presidente de la Comisión de Constitución,  se dirigió directamente al Presidente del Congreso reclamando lo acontecido y solicitándole encarecidamente no someter a la segunda votación estas malhadadas reformas constitucionales (segunda votación requerida para que la reforma constitucional vea la luz) y volver los pasos hacia atrás a fin de corregir lo que a todas luces ha sido un desbarro constitucional y político de parte y parte. Fue una comunicación ponderada pero, al mismo tiempo, muy razonada y fundamentada. Se sabe que esto hizo mucho impacto en el titular del Legislativo.

 

El martes el Presidente de la República dejó de lado la pintura de guerra y, más sosegado, sacó del libreto y dejó de lado el sombrero con la liebre del referéndum, convocando al llamado “Consejo de Estado”, una entidad sin existencia en la Constitución ni en el organigrama del aparato del Estado, que no es otra cosa que una reunión -en cabeza del Presidente de la República acompañado de algunos ministros- en mesa redonda, con las cabezas de los poderes públicos y de algunos órganos constitucionales concernidos con el sistema de justicia, con la clara excepción -nadie sabe por qué- de la Junta Nacional de Justicia y del Jurado Nacional de Elecciones, en que hicieron una agenda, desarrollaron una temática y expidieron otro pomposo comunicado de lo que habían hecho y de lo que pensaban hacer.

 

En la realidad constitucional y jurídica, tan trascendente órgano es simplemente fantasmal: no existe; y, por lo tanto, no tiene forma colegiada ni puede llegar a acuerdo vinculante alguno, ni puede expedir acto jurídico, político o normativo. Pero, después de reflexionar mucho sobre el tópico, llegamos a las siguientes conclusiones preliminares: 1. Es natural que en una sociedad altamente informal en casi todo, también haya llegado la informalidad a la estructura del Estado y en la política, de modo que este “Consejo de Estado” no sería más que una expresión-comprobación de ello; 2. No obstante su inexistencia constitucional y jurídica, en la actualidad juega un rol importante, como la economía informal en nuestro país que nos amortigua de la extrema pobreza y explica mucha cosas, como la ausencia de asonadas y saqueos como en países más formalizados con crisis sociales (caso de Chile), de manera que ante la ausencia de una bancada oficialista en el Congreso, ante la autoimpuesta soledad del Presidente en la política y su falta de puentes y entendimientos hacia los otros poderes del Estado (con el Congreso, más concretamente) no se puede dejar de apreciar la bondad de esta entelequia política denominada “Consejo de Estado” y de los importantes servicios que podría estar prestando informalmente a la Nación, al permitir un espacio y un necesarísimo puente de entendimiento entre estos dos poderes fundamentales, a fin de canalicen sus relaciones, espacios, facultades y pulsiones, teniendo como privilegiados testigos de excepción; aunque uno no entiende bien que hacen allí el Defensor del Pueblo, que tiene como mandado constitucional una magistratura requirente a los servicios públicos y de la administración pública, el Presidente del Poder Judicial que tiene por responsabilidad ver que se imparta justicia del mejor modo alejada de los avatares de la política, ni la Fiscal de la Nación, que tiene que ver a duras penas con la representación del Estado en juicio, la representación de la sociedad, la prevención y la persecución penal de los delitos. Nadie podría imaginar al Presidente de la República en la Sala Plena de la Corte Suprema donde deliberan los Magistrados Supremos, o en la Junta de Fiscales Supremos, donde discuten los avatares del Ministerio Público.  Quizás por eso en la reunión de este “Consejo de Estado” estuvieron muditos, escuchando y observando lo que en verdad es un pleito ajeno que nos les concernía y del que no querían que les salpicase ni el más mínimo rescoldo. Bastante problemas tienen cada quien dentro de su propia institución…

 

Si las malhadadas reformas se hubiesen hecho realidad, es muy posible que hubiesen terminado muy prontamente impugnadas en el Tribunal Constitucional (TC), y que prontamente éste las hubiese derogado, entre 4 y 6 meses aproximadamente, tiempo en el cual las reformas se hubiesen hecho efectivas con toda la nocividad que traen. Pero, al ser fulminadas por el TC, su sentencia derogatoria no podría tener efecto ni carácter retroactivo, ni harían revivir la norma original derogada por la mala reforma, de modo que enfrentaríamos un grave vacío constitucional que solo podría ser completado, cuando menos, en otros 6 meses (dos legislaturas ordinarias con 87 votos cada una), por lo que enfrentaríamos las elecciones del 2021 con una gravísima alteración constitucional de resultados imprevisibles. Un aquelarre constitucional de muy graves proporciones. Una suerte de “Mueran Sansón y todos los Filisteos…”.

 

Todo eso parece detenido por el momento.  Las cartas de los renunciantes al Consejo Consultivo de la Comisión de Constitución, incluyendo el innecesario desplante de un ex primer ministro -bien dicen que el estilo y las formas definen a la persona-, así como la de los 3 juristas que, saltándose a la Comisión de Constitución, llegaron directamente al Despacho del Presidente del Congreso, pareciera han hecho reflexionar a éste y que el desbarro ha logrado consenso y se contendrá: bien sea porque nunca llegue a la agenda la segunda y necesaria votación, con lo cual la reforma terminará en los archivos, bien sea porque se la someta, se la desapruebe -obtenga menos de 87-, bien sea que se reconsidere la votación dominical y la primera votación sea anulada, dejada sin efecto, vuelta a hacer y desaprobada, como quiera que sea.

 

Lo que quedará como lección es que el Congreso, este Congreso, cualquier Congreso, no se puede disparar a hacer reformas sin ton ni son por el simple cúmulo de votos, por tan solo mostrar el músculo. Por eso sabiamente el Constituyente aleja la reforma constitucional del Congresista nerviosito, temperamental, de gatillo fácil, o malamente interesado, al exigirle dos votaciones diferentes, en dos legislaturas diferentes y ambas con una mayoría sobrecalificada de 87.  Justo es por eso.  Y eso nos ha salvado. Pero también el Presidente de la República, este presidente, cualquier presidente, debe entender que no debe empujar a las demás instituciones, sobre el Congreso por antonomasia, hasta el límite, enfrentándola con sus fetiches y con la opinión publica permanentemente, pinchándolo y pechándolo todo el tiempo, porque ya vemos hacia donde nos lleva ese juego político pernicioso de golpe por golpe, ya que lo que se dice, se debe hacer (somos estrictamente respetuosos de la constitución, escuchamos con humildad a todos, somos respetuosos de las opiniones de todos, pensamos solo en el Perú, me sacrifico por la patria o el pueblo lo pide, no hay que temerle al pueblo), pues la contradicción y la inconducta en la política puede pasar como viveza o genialidad, y ser aplaudidas una vez, quizás dos, pero no siempre.  Como bien dice ese viejo apotegma de la política, acuñado por Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

 

Confiemos, entonces, en que de parte y parte -aunque sea con esa entelequia chicha del llamado “Consejo de Estado”- se lleguen a consensos mínimos y necesarios, que se depongan los personalísimos intereses populistas, que dejemos de mirarnos en el espejo de las encuestas y que en verdad, pero de verdad, obremos por el bienestar del Perú, de manera tal que las reformas que se hagan, si alguna hay que hacer, se hagan bien, por consenso, con el apoyo de la academia y de la sociedad, que las innecesarias se archiven sin asco,  que todos colaboremos a superar lo más pronto posible la pandemia para arribar al 2021, año de nuestro Bicentenario y de las elecciones generales que deberían traernos a un nuevo Presidente de la República y a una nueva Representación Congresal, sin duda alguna, en mucho mejores condiciones que los actuales. El pueblo peruano ya ha sufrido mucho el los últimos años, ha trabajado a brazo partido y se ha sacrificado tanto en estos años, como para que unos pocos políticos desorientados y mal estructurados lo pongan nuevamente en grave riesgo.

 

6 thoughts on ““MUERAN SANSON Y LOS FILISTEOS”

  • 12 Julio 2020 at 9:32 PM
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    Con lo único q comulgo 100% es con el ultimo párrafo. Quienes son los opinologos imparciales en el Peru ? Se quieren soluciones no explicaciones.Donde quedo el siembra,riega ,cosecha y entrega.Es lo unico q entiende el pueblo necesitado.No mas paporretas .Simple no simplon

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    • 24 Julio 2020 at 1:19 PM
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      Comprendido.Muchas gracias por su comentario.

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  • 13 Julio 2020 at 8:31 AM
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    Cuando la crónica política de un par de semanas es narrada no por un cronista, sino por un jurista- “ahí está el detalle” como diría Cantinflas”- hay un gran desperdicio de letras y de redes. Un libretista de telenovelas, lo pudo resumir así: “Con nuevos actores, el mismo libreto, el mismo albañal”. Total: el mensaje es para los mismos menesterosos de siempre(los de las portátiles, los de balconazos, los del Causachum, los Chino, Chino, Chino..Chino, los de patria o muerte: Venceremos, los de los 4 Suyos, los del SEASAP, los correligionarios, los camaradas, los vende patria, los come mierda, etc. etc.: LA MIERDA TIENE DIFERENTES CARETAS, PERO: MIERDA ES MIERDA

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    • 24 Julio 2020 at 1:19 PM
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      Comprendido.Muchas gracias por su comentario.

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  • 23 Julio 2020 at 5:35 AM
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    Después del encuadre del caos político, constitucional y social que acarrean los filisteos y sansón, debería oírse con atención académica jurídica lo planteado por el doctor Anibal; nuestro país no puede seguir siendo un campo de juego sin reglas que respetar. La constitución es como la biblia que no se puede alterar por cualquier gusto. Hagan caso que la historia enseña que sansón perdió los ojos y fue el juguete de diversión de los filisteos que también quedaron sepultados en sus propias construcciones. Vale Dr. Quiroga

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    • 24 Julio 2020 at 1:18 PM
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      Comprendido.Muchas gracias por su comentario.

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