“CAMBIO EN EL EQUIPO”

Por Aníbal Quiroga León

Jurista. Profesor Principal PUCP

 

Como deshojando margaritas, y pesar de que decía que no, el Presidente Vizcarra ha hecho caso al clamor político -y, ciertamente, al bajonazo en las encuestas que le son tan socorridas-, y en vez de regalarnos un nuevo medio día con una de sus manidas conferencias de prensa “verticales y regladas”, o con uno de sus cada vez más recurrentes “pronunciamientos” -que no son otra cosa que yo hablo y ustedes escuchan sin preguntar nada-; esta vez se dio lugar a un cambio y renovación radical del Gabinete, empezando nada menos que por el Premier, cuya cabeza rodó -como es usual- sin miramientos.

Y es así como la era del inefable ex Primer Ministro Zevallos llegó a su fin con más pena que gloria y, con él, la de otros como del MINSALUD que fiel a sus convicciones de izquierda, vestía unas fachas poco apropiadas para la ocasión, donde se la pasó chateando todo el rato con cara de pocos amigos en la ceremonia de juramentación. Debe haber sido el único en todo el país que seguía sin entender las necesarísimas razones de su urgidísimo cambio.

¿Por qué Vizcarra se puede haber decantado por una personalidad grandilocuente y confrontacional como la del actual Premier? Deben ser, de seguro, varias las razones; pero, adscribiéndome en un inicio a la tesis de

Jaime de Althaus de que en la hora actual el Presidente desea transferir una mayor cuota de poder y protagonismo frente a los resultados de la pandemia (los platos rotos), que coinciden con el inicio del “año del pato cojo” (lame duck last year) por ser año preelectoral que él mismo puso en marcha en vivo y en directo con cierta dosis de teatralidad, y que culminará -luego de una feroz e inmediata campaña presidencial de tan sólo nueve meses (Blitzkrieg)- con la elección de un nuevo Presidente y una nueva Representación congresal, también se diría que ha buscado a una suerte de pitbull de la política para protegerse, para tener quién le defienda con fortaleza, y hasta con ferocidad si fuera necesario, ya que avizora su futuro político inmediato como muy incierto y la finalización de su mandato con una gran interrogante sobre sí.

Además, el Premier tiene muy buena llegada con un amplio sector de la elite intelectual “políticamente correcta” del país y una reconocida amistad con nuestro Premio Nóbel. O sea, es parte de la gentita, de la creme de creme de nuestra clase política, lo que le da a Vizcarra una amplificación en su llegada con la gran prensa proclive a este sector.

Sus anteriores experiencias públicas como parlamentario, procurador público, ministro y ex premier en el gobierno del Presidente Humala, su pública ojeriza con todo lo que signifique, parezca o huela -aun a riesgo de error- a “fujimontesinista”, suman a su CV un activo muy importante que Vizcarra, y sus consejeros, creen poder rentabilizar en su propio provecho, compensando de algún modo los justificados reclamos generalizados por el pobre manejo gubernamental de la pandemia luego de un exitoso arranque inicial (en el que el Presidente se quedó congelado en el tiempo, con su tutorial del lavado de manos y su aserto de haber sido uno de los primeros en declarar una cuarentena cerrada, lo que todos le reconocieron pero, vamos, que ya pasaron cuatro meses de eso, una eternidad en la política y en la dinámica vida actual), ya que ahora tenemos un desarrollo muy complicado sin un manejo adecuado y un colofón aún por escribirse en el que nadie sabe cómo quedaremos o cómo arribaremos al final de la pandemia con una gravísima crisis en la salubridad, la economía, el empleo, y la seguridad ciudadana.

Por eso el cambio en el MINSALUD luce como gran acierto, y estaba más que cantado. Solo el exministro Zamora cree haberse ido en olor de multitud, emocionado -una vez más hasta las lágrimas- en la sede del ministerio, pero proscrito y desterrado de todo nosocomio público o del Colegio Médico conde fue repudiado y denostado varias veces. La Dra. Mazzetti, gran jale, con experiencia pública previa, es una excelente profesional de la salud, quien debió estar al frente del ministerio desde un inicio, con la capacidad, honestidad y valentía que se le reconoce, hará su mejor esfuerzo por sacar al sector de la actual crisis, o terminarla con el menor costo social y en vidas que se pueda, rentabilizando los magros recursos con los que cuente.

Otros cambios, sin embargo, no lucen tan acertados. El haber puesto al nieto del expresidente Belaunde como Ministro de Minería, siendo minero él, cual talismán al que la mayoría de AP -a excepción de alguno de sus atrabiliarios asesores- en el Congreso no tocará, ni interpelará, resulta muy relativo y no parece acertado. En todo caso, está por verse.

En el Ministerio del Ambiente, según cuentan, llamaron hasta tres personas conocidas para el fajín, pero que declinaron aceptar por no creer en Vizcarra, no comulgar con la posición del nuevo Premier, o no considerar apropiado hacerse de este muerto en plena pandemia en la antevíspera electoral, por lo que echaron mano de la secretaria general, una funcionaria de segundo nivel a quien la oferta fue como si se le presentara la Virgen para la culminación de su carrera pública. Y ahí está.

Y para el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, en un país que ha perdido millones (MILLONES) de puestos de trabajo como consecuencia de la férrea cuarentena impuesta para enfrentar la pandemia y su secuela en la actual crisis económica, no se les ocurrió mejor idea que jalarse a un asociado (no socio) de un estudio de abogados que defiende a empresas en materia laboral, tan solo con 32 años, con lo cual en Presidente Vizcarra una vez más contradice su postulado de la tan mentada meritocracia como requisito para la función pública. Puede ser que un joven abogado con algo más de 7 años de experiencia de trabajo desde que dejó la universidad, con una maestría no reconocida por la SUNEDU y un artículo publicado, sea un genio desconocido del derecho laboral. Claro que sí, puede ser; pero lo que de ninguna manera tiene es algo objetivo: EXPERIENCIA, que solo se adquiere con el duro bregar y el paso del tiempo, con el necesario e inexorable paso de los años. Es imposible que a los 32 años puedas ofrecer 15 o 20 años de experiencia. Simplemente, no la tiene. Y un joven genio del derecho laboral -si lo fuera-, sin experiencia, no es lo que el país requiere, en medio de una gravísima recesión y crisis económica, con millones de puestos de trabajo terminados, con empresas acogidas a ese eufemismo chabacano llamado “suspensión perfecta” que no es otra cosa que quedarse sin trabajo ni paga, ¿Estará capacitado para enfrentarse a ello con posibilidad de éxito? ¿Tendrá capacidad para enfrentarse, a sus 32 años, a las viejas centrales sindicales, a las huelgas de gremios laborales masivos, a las presiones de los gremios empresariales? ¿No es acaso que, con grave riesgo para el país, lo están mandando al matadero? ¿No se lo comerán con zapatos y todo?

No se trata de llenar el Gabinete de juventud. Como argumentó con juvenil romanticismo el actual Premier, o de que la juventud esté cerca al gobierno; se trata de llamar a los más capaces, a los más calificados, a los más experimentados, curtidos por la sapiencia y la experiencia. Nadie le entregaría las estrellas de general para ir a la batalla decisiva a un joven de 32 años, cuando a lo sumo podría ser un brillante capitán. Nadie le entregaría la dirección de un equipo de fútbol de primera división, o de la selección peruana, a un joven entrenador sin prosapia ni experiencia, de 32 años, por más genio que pudiera parecer.  No estamos para experimentos, y menos frente al futuro laboral de nuestros compatriotas. Claramente luce como un yerro político, como una clara irresponsabilidad, de corta vida política; y por allí le darán en la línea de flotación al nuevo Gabinete.  Craso error.

Que no le preocupe al nuevo Premier la cuestión de confianza, que se la van a dar de todas maneras; que no le preocupe las interpelaciones, que serán pocas y anodinas; que le preocupe si en verdad podrá hacerse cargo de la gobernabilidad del país en las actuales circunstancias.  Eso está aún por verse. Tendremos a un Presidente agazapado, tratando de rentabilizar lo que venda como éxito real. Relativo o fingido en medio de la crisis y la pandemia, y a un Premier pechador, confrontacional y protagónico, a quien -cual pararrayos- utilizará, tratará de arrimar toda la negatividad de la actual tormenta política, crisis económica, de salubridad y de seguridad. Vizcarra no es Humala.

 

Foto: Infórmate Perú

 

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