“NO FUE MÁS QUE UN TRISTE ADIOS”

Por Aníbal Quiroga León

Jurista. Profesor Principal PUCP

Las bombardas y fuegos artificiales que generaron tantas expectativas en el mensaje a la Nación del Presidente de la República, tenían la mechita mojada y no llegaron más que a los simples cohetecillos, a chispitas mariposa y rasca-pies. Ni siquiera hubo una mísera rata blanca. Durante casi dos horas repitió lugares comunes, hizo recuento de lo que considera son sus éxitos y dijo más con lo que no dijo que con lo que dijo. Pero no todas fueron malas noticias, hubo algo muy bueno en toda esta escenificación: fue el último mensaje a la Nación de Martín Vizcarra como Presidente ya que si todo sale como debiera salir, el 28 de julio de 2021 otro personaje será el obligado a darlo. ¡Abur!

 

¿Qué fue lo que no dijo? Para empezar, según opinión mayoritaria, no hizo ninguna autocrítica, fue confuso y muy largo para su contenido.  Por ejemplo, no explicó por qué tuvo que cambiar a tantos de ministros del interior con tanta inestabilidad en tan sensible sector, ni por qué ese desmadre de la pandemia si había juramentado a una “estrella” como ministro de salud apenas declarada la pandemia cuando se le dijo que no era la mejor opción, ni por qué la clamorosa falta de previsión de algo tan elemental y tan fácil de producir como el oxígeno medicinal, ni por qué el cambalache entre los resultados de las famosas pruebas rápidas y las moleculares, cuando se le advirtió -y el amonestó públicamente a los que disentían con ello llamándole peyorativamente “generales después de la batalla que van de set en set con afán de figuración”- ni por qué el trasiego de cifras públicas entre los efectivamente fallecidos y los contaminados, que nos tiene en el ominoso top-ten en el mundo de países afectados con la pandemia.

 

Tampoco dijo nada de los 80 hospitales que iba a inaugurar este año pomposa y eufemísticamente denominado nada menos como el “Año de la Universalización de la Salud”, lo que parece salido más de una nota de humor negro de algún burócrata aburrido, que un atisbo de realidad, ni de las famosas 1’056,430 (¡un millón cincuenta y seis mil cuatrocientos treinta!) tablets para el apoyo a los estudiantes de menores recursos, compra que se acaba de caer, con lo cual no habrán tablets ni habrá compra pública -una lindura-, ni tampoco cuando aludió de manera general a la famosa lucha contra la corrupción hizo referencia a los despropósitos de corrupción generados nada menos que al interior de la PNP con los implementos para combatir la pandemia de los efectivos policiales, lo que a la postre le costó la cabeza al entonces ministro del interior, ni a la masiva investigación de altos oficiales de la policía, ni tampoco a la investigación que por corrupción soporta quien fuera nada menos que el Premier de su actual gobierno y principal operador de la vacancia/renuncia del Presidente Kuczynski que le permitiera llegar al poder desde la Primera Vicepresidencia, guarecido desde el Canadá, para no hablar de los cuestionamientos de su actual entorno sobre presuntos favorecimientos familiares a costa -como siempre- de las arcas estatales, lo que determinaría una visión muy parcial y muy interesada del concepto de la denominada “lucha anticorrupción”.

Y es que el concepto de democracia del Presidente Vizcarra no deja de ser peculiar, ya que -para empezar- no se visualiza a sí mismo como Jefe de Estado -a pesar de estar escrito en piedra la Constitución y ser el abc del manual de su alto cargo-; para continuar, no solo carece -sino que ha despreciado- tener o mantener una bancada en el Congreso que le permita una verdadera articulación y sintonía con este poder del Estado,  de manera que nunca se le vio más feliz, regalón y relajado que cuando disolvió muy discutiblemente el Congreso anterior para dar paso al actual -considerado por muchos peor que el anterior-, con un interregno de casi cinco meses en que gobernó sin Congreso, ni contrapesos ni tener que concertar ni consensuar con nadie, feliz como en su pepinar.

 

Eso es lo que ahora debe costarle muelas. Tener que pedir, esperar, asimilar una o varias negativas, tener que compartir o contrapesar el poder. Como político y como demócrata, se podría decir sin temor a equivocación, ha llegado a la cúspide mayor de la mediocridad. Por eso le cuesta tanto salir hacia adelante y para eso ha tenido que elegir a un Premier pechador y con pedigree, que le defienda y saque la cara por él como buen pitbull, pero al mismo tiempo con el que tenga que compartir poder y protagonismo, lo que no parece ser de su agrado.

 

Por eso, su gran anuncio ha pasado por agua tibia: el acuerdo “Proyecto Perú” que no es otra cosa que el Acuerdo Nacional, solo que con otra lencería; y que, en todo caso, sufrirá el reclamo del ínclito Congresista Chehade, quien se la pasó propugnando su “Proyecto País”. Quién sabe si con su afán de figuración llevará su reclamo por derechos de autor al INDECOPI.

 

Lo cierto del caso es que su mensaje ya empezó a ser opacado por la expectativa del mensaje que deberá dar el Premier, su Gabinete con el nobel MINTRA a cuestas, este lunes 3 de agosto ante el Congreso en que deba presentar la exposición de su gestión y que deberá culminar, luego de un debate que, a no dudar, será arduo porque tan fácil no se la van a poner, con el pedido, votación y concesión de la necesaria confianza para mantenerse en el cargo.  La estrella será, sin duda alguna, el ministro pulpín a quien la Representación nacional cogerá de preferente “punching bag” como es manifiestamente obvio, además de otros temas de gran importancia nacional, de ello no cabe duda.

 

Y así como hizo referencia a ese inexistente constitucionalmente “Consejo de Estado”, que no es otra cosa que un té de tíos y tías que ni siquiera puede elaborar o suscribir válidamente un acta  porque carece de existencia legal, tampoco llegará a ningún puerto el ahora denominado “Proyecto Perú”. Nadie le dará bola. Ya el año del “pato cojo” dio su largada ayer y, ciertamente, ha empezado rengueando, por lo que los poderes públicos se irán apagando paulatinamente en la medida en que la carrera electoral se caliente y los candidatos presidenciales se vislumbren y despunten. Pero se requerirá de cierta fortaleza para poder mantener con eficiencia la complicada lucha contra la pandemia a nivel nacional.  Muy complicada papeleta.  Será por eso que en el discurso del 28 de julio el Presidente no tuvo mención alguna para la álgida situación de Huánuco y, menos aún, para la lacerante de Arequipa -la segunda ciudad en importancia del país- de donde ha salido trompiconeado y repudiado, y a la que parece haberle caído dos de las siete plagas de Egipto: la pandemia del coranavirus y el impresentable Gobernador que está deshaciendo a su gobernación y a sus gobernados lo más eficientemente posible. Peor imposible; y, como bien reza la Ley de Murphy, si crees que puede ser peor, lo será.

 

Sin duda alguna el lunes 3 de agosto sucederán dos cosas: el Gabinete será vapuleado por el Congreso desde varios frentes, desde lo que dijo el Presidente, y desde lo que no dijo, y desde algunos nombramientos ministeriales de muy dudoso acierto; pero, al mismo tiempo, este Congreso nacido con el síndrome de Estocolmo -como bien se los recordó el Presidente Vizcarra en el Mensaje a la Nación- le dará la confianza sin duda alguna.  Una cuestión de confianza luego de un apanado, de un callejón oscuro.  Y así, magullado, deberá continuar su andadura el Gobierno, enfrentando del mejor modo a la pandemia y rengueando como pato herido por la deslegitimación paulatina que trae, inevitablemente, la dejación del poder.

 

 

 

 

 

 

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