CON SOLO 13 AÑOS MARK ANTHONY ES UN MAESTRO TALLADOR

A pesar de las adversidades de vivir en un caserío donde no hay luz y contar con pocas herramientas, de 13 años demuestra tremendo talento.

Antes de cumplir los siete años, el pequeño Mark Anthony ya daba formas a la madera convirtiendo los trozos de hualtaco, zapote o algarrobo en canoas, caballitos u otros animales que convertía en sus juguetes favoritos. Hoy, a los 13 años, es una promesa en la escultura de madera.

 

A pesar de su corta edad, se ve en él el dominio de la técnica de desgaste y pulido que, en definitiva, hacen que la madera en bruto sea convertida en rostros e imágenes con expresión propia y un toque de vida como se advierte en sus esculturas como la del Señor Cautivo de Ayabaca.

Mark Anthony Gonzales Zeta vive con sus padres y hermanos en un pequeño caserío de menos de 50 casas enclavadas en el Cerro Yaranche, a diez kilómetros al norte de Tambogrande, en Piura, donde la gente vive de la agricultura y tiene carencias.

Allí, en medio de las adversidades, sin energía eléctrica y sin servicios básicos, este niño se ha propuesto seguir dando forma a la madera con apoyo de sus padres y del profesor Milton Mechato, docente del Colegio San Lorenzo de la Cruceta, donde cursa el segundo año de secundaria.

La historia del pequeño escultor tal vez sea la de muchos pequeños y merece que sea conocida. Su madre, María Isabel Zeta Castillo, cuenta que desde los seis años el pequeño ya sorprendía con sus habilidades para el dibujo o para tallar “las maderas que encontraba”.

Una vocación que quizás se le despertó cuando a esa edad acompañaba a su padre, Hilton Gonzales, a las faenas del campo y este tenía que hacer uso de cincel y martillo para dar formas a los maderos.

El tiempo ha pasado y los vecinos del caserío piden a las autoridades apoyar a este niño para que desarrolle su talento, facilitándole su formación  en alguna institución de prestigio.

A principios de este año Mark Anthony estudió dos meses en la Escuela Superior de Arte Pública Ignacio Merino de Piura, gracias a una beca que le gestionó el director José Barranzuela, pero “la distancia e incluso costear la estadía en esa ciudad, hace difícil lograr los objetivos”, dice la madre.

Energía eléctrica

Los vecinos de Cerro Yaranche  se sienten olvidados de las autoridades. María Isabel Zeta asegura que el tendido eléctrico pasa a 700 metros de su caserío, pero ellos no cuentan con luz eléctrica, lo que les impide emprender cualquier labor artesanal o de industria casera.

 

“La falta de luz eléctrica se nota hoy más que nunca porque las autoridades han dispuesto la enseñanza virtual pero acá no tenemos dónde cargar los teléfonos celulares. Esta es una situación que está afectando mucho el aprendizaje de los niños y jóvenes”, afirma.

Para los pobladores, quienes además deben consumir agua de rio o de pozo, una solución podría ser que las autoridades instalen paneles solares que los abastezcan de electricidad. “El Gobierno debe entender que no todos los padre están en condiciones de hacer que los niños sigan el aprendizaje virtual mediante un teléfono celular, la radio o televisión”.

Esta es la realidad en la que viven los muchos niños de Cerro Yaranche, entre ellos Mark Anthony, quien necesita de herramientas básicas y una pulidora para seguir desarrollando su talento.

La madre del escultor recuerda que a inicios de año pasó por su pueblo un grupo de turistas que precisamente iba a Los Peroles y quedaron admirados con las obras de su hijo, uno de los cuales grabó las esculturas y le ofreció a Mark Anthony para estudiar becado en Lima una vez que concluyera sus estudios secundarios. La familia pide que tal ofrecimiento se mantenga en pie.

En esta zona de Tambogrande, conocida como la tierra del limón y el mango, todos están de acuerdo del gran potencial turístico porque muy cerca del lugar se encuentra Los Peroles, considerado un verdadero paraíso por poseer fuentes de agua cristalina, limpia y dulce que discurre por la quebrada San Francisco. (HGG)

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