CAFÉ CHILCA: UN LUGAR SIN CLASES SOCIALES

Desde mi esquina

Por César Véliz Mendoza

El Café Chilca bar que nos acogió tantas juveniles madrugadas con módicos calientitos de pisco y ron al compás de mambos, guarachas y boleros que salían a borbotones, por 50 centavos, de una de Rockola en la esquina Real-Huánuco, es sólo un recuerdo. Cerró en 1980 después de medio siglo.

Era el único lugar donde se bebía licor y comía “chupe verde” o apanado montado sin diferencia de clases sociales. La señora elegante que llegaba con su esposo de una fiesta en el casino internacional u hotel de Turistas y el borrachito se saludaban frente a frente y punto.

“Benigno Villaverde y luego su hijo Augusto, propietarios, se movían en una constelación de mozos las 24 horas”

Benigno Villaverde y luego su hijo Augusto, propietarios, se movían en una constelación de mozos las 24 horas. Por las mañanas desayuno. Por las tardes petipanes y mazamorra morada. Las noches parecían tropicales.

La música levantaba espontáneos bailarines imitadores de Cantinflas y “Resortes”, mientras el “muchacho” Forero narraba sus hazañas en teatros de París y Madrid y Simón Torres Páucar, el “mata por gusto”, después de la función de noche en el cine Real, planeaba sus fechorías en Tres Esquinas o en la obscura ruta a Huayucachi allá por los 50.

El 13 de mayo de 1961 la pedrada en el rostro del general Odría obligó a cerrar la puerta, una cortina metálica. Al intentar se vino abajo: claro, 30 años sin cerrar. En 1980 después de medio siglo pasó a ser un capítulo de recuerdos. En despedida de soltero el brindis fue a lo ancho de la calle Real.

 

 

6 thoughts on “CAFÉ CHILCA: UN LUGAR SIN CLASES SOCIALES

    • 25 Septiembre 2020 at 5:01 AM
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      Gratos recuerdos del Café Chilca donde algunas frías madrugadas también se degustaba un generoso y reparador lomo saltado. Y también recuerdo que el 13 de Mayo de 1961, apenas un adolescente y acompañado de mi hermano mayor (Luis Montes Matos), estuvimos a unos pocos metros del estrado en el famoso mitin de la pedrada a Odria, cuando repentinamente nos vimos corriendo y tomados de las manos por el centro de la calle Real e impulsados por una gran muchedumbre, mientras se escuchaba una fuerte, interminable e infernal balacera y caían abatidos casi rozando a nuestros talones algunas personas que pudimos divisar al voltear la cabeza, en medio de un griterio y desesperación generalizados, donde la mayoría eran jóvenes y adultos del sexo masculino. Y así creo que corrimos sin detenernos aproximadamente hasta las inmediaciones de la avenida Giraldez, de donde cada uno enrumbaba sumamente asustado y jadeante a sus hogares, conforme fue nuestro caso que vivíamos en la cuadra 10 de la calle Arequipa, casi a la altura del Café Chilca. Al día siguiente pudimos constatar con estupor que efectivamente la calle Real y la ciudad de Huancayo estaban manchadas de sangre inocente y prácticamente en estado de sitio. (Felicitaciones por traernos a la mente esas gratas e ingratas remembranzas César).

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      • 27 Octubre 2020 at 12:27 PM
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        Gracias por su comentario.

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    • 27 Octubre 2020 at 12:27 PM
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      Gracias por su comentario.

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  • 26 Septiembre 2020 at 2:56 PM
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    Linda reseña del Huancayo que se va .

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    • 27 Octubre 2020 at 12:27 PM
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      Gracias por su comentario.

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