EN LAS HORAS MÁS OSCURAS

Por Aníbal Quiroga León

Jurista. Profesor principal PUCP

A pesar de haber salvado la vacancia presidencial con una importante votación en el Congreso (CR), el Presidente Vizcarra tiene poco que celebrar.  El país se ha evitado un descalabro político en medio de una crisis sanitaria jamás sufrida, con una secuela de muertes que superan -en cálculos extraoficiales- las 60,000 víctimas, con una crisis económica no vista desde la post Guerra del Pacífico y con una crisis laboral y del desempleo pocas veces enfrentadas.  En medio de todo eso, cuando el barco está en altamar y haciendo agua por todos lados, no parecía inteligente estar juzgando al capitán de la nave por temas personales, como si con ello fuéramos conjurar el grave riesgo de hundimiento total con la muerte de todos los tripulantes. Más sensato, políticamente hablando, parecería que todos nos pusiéramos en achicar, en maniobrar y en mantener las condiciones de flotabilidad de la nave hasta llegar a buen puerto, salvar el navío, salvar a la tripulación y recién allí juzgar como se debe al responsable de la conducción del barco.

Eso es exactamente lo que ha primado en este CR denostado.  Ha prevalecido la cordura y el afán de supervivencia política, antes que un aquelarre suicida político constitucional que sabe Dios a dónde nos hubiese llevado este fin de semana con dos presidentes vacados en un solo periodo constitucional.

En todo el Siglo XX solo dos presidentes fueron vacados por el CR: Billinghurst en 1914 precediendo un Golpe de Estado y Fujimori el 2000 luego de su fuga hacia Brunei y Japón.  Es decir, desde el punto de vista de la historia constitucional, aquella institución terminal de la Constitución que ha estado adormilada sólo se había activado dos veces en 100 años.  Y ahora pretendía hacerse valer dos veces en un solo periodo constitucional de 5 años. Mucho, ¿no?

Nacido de dos intentos de vacancia presidencial, y la subsecuente renuncia de PPK al sillón presidencial, el gobierno del Presidente Vizcarra se acerca al fin del mandato presidencial heredado como Primer Vicepresidente con más pena que gloria, severamente trompiconeado por el indescriptible escándalo “swing”.  Nadie entiende como un estadista que se autoproclamaba líder de la lucha anticorrupción, de la mejora del sistema de justicia y de la mejora del sistema político, puede terminar enredado con un personajillo indescriptible racionalmente, y gatillado por unos vergonzosos audios grabados nada menos que por su propia secretaria de confianza, aquella que -como a otros- trajo desde el Gobierno Regional de Moquegua por desconfianza de lo limeño, y a quien le había dado su confianza más absoluta. Cómo puede ser posible que un Presidente de la República pueda haber estado tan expuesto, sin filtros de seguridad.  Si eso es así en lo pedestre y cotidiano, qué serán de los secretos de Estado, secretos militares y relaciones reservadas con los demás países, sobre todo con quienes siempre las relaciones internacionales son tan delicadas como de frontera o fuentes de hegemonía mundial.  De terror.

La vacancia presidencial existe en la Constitución, puesta en blanco y negro.  Luego, es una institución constitucional.  Y la Constitución se la entrega de modo exclusivo y excluyente al CR.  Apelar a ella cuando corresponda, o cuando su titular -el CR- crea que corresponda, no es ser golpista, ni hacer un Golpe de Estado; es hacer uso de un instrumento constitucional descrito como tal en el texto de la Constitución.  Cosa diferente es hacer uso innecesario o fracasar en el intento, pero -racional y constitucionalmente- no podría ser calificado de Golpe de Estado, salvo por las siempre afiebradas mentes, sus detractores políticos, los defensores a ultranza del Presidente Vizcarra -rentados y ad honórem- o quienes han sido víctimas de esa contra campaña política de eficaz contrainteligencia que ha vendido con relativa eficacia la tesis del Golpe de Estado, barriendo debajo de la alfombra, no sin poca vergüenza, la responsabilidad emergente por los grotescos dichos en los audios hasta hoy conocidos.

Así como se dijo que la causal de permanente incapacidad moral del Presidente era una determinación política en un juicio político (impeachment), tal como está reconocido en la doctrina comparada, como por el propio Tribunal Constitucional en su sentencia de 2003, así también la decisión de no vacarlo es una decisión política a la que se llega por una suma de votos y que democráticamente debemos aceptar.  Tanto lo uno como lo otro.  A mucha gente, sobre todo los legos en el derecho constitucional, les parece arbitraria y con necesidad de mayor interpretación y aclaración, ya que le buscan significado en los diccionarios Larrousse o DRAE,  pero no la pidieron ni la exigieron cuando se la usó, con acierto, en el caso de Fujimori en el 2000, ni exigieron entonces un certificado de “incapacidad moral permanente” -que, por cierto, ni el Larco Herrera ni Medicina Legal extienden- , ni nada por el estilo; no: hubo el consenso suficiente logrado  con 66 votos de que ello era procedente, se votó como tal y procedió.  Nadie pidió más razonabilidad, nadie dijo que era discrecional, arbitrario o abusivo y nadie pidió más fundamentación.  Los mismos que hogaño dicen una cosa, antaño dijeron otra.  Eso se llama falta de sindéresis política. Y mucho de política acomodaticia, agregarían otros.

¿Qué es, entonces, la incapacidad moral permanente del Presidente?; pues, mal que les pese, lo que el CR en su momento decida con 87 votos. Ni más ni menos, y sin estar atado al Art. 117° de la Constitución. ¿Por qué? Porque la Constitución así lo tiene escrito en blanco y negro, mutatis mutandi, desde 1835.  ¿Qué no lo es?, lo que el CR no lo decida, tal como acaba de ocurrir este viernes. Es una causal objetiva de entero contenido político que la Constitución confiere de modo singular, exclusivo y excluyente, como atribución al CR.  ¿No nos gusta?, pues cambiemos la Constitución, pero no falsifiquemos conceptos ni interpretaciones que no le corresponden.

Así como a los Representantes Demócratas les faltaron casi 8 votos para el impeachment de Donald Trump como Presidente de los EEUU, lo que le hubiere sacado constitucionalmente de la Casa Blanca para entronizar a su Vicepresidente y así como el sigue siendo Presidente de los EEUU por la diferencia de 8 votos y la Representante Demócrata Pelossi, animadora de esa vacancia, se quedó los crespos hechos, todos se lo bancaron aceptando la decisión del Senado de los EEUU (y nadie habló de Golpe de Estado pelossista en los EEUU); así debería ocurrir ente nosotros que hemos acogido el impeachment (el juicio político) del sistema constitucional norteamericano.

¿O alguno cree, en verdad, que la mayoritaria votación de este viernes contra la vacancia de Vizcarra como Presidente de la República ha sido salvada y motivada en los fundamentos exculpatorios jurídico-penales del mismo Vizcarra, en su apretada y muy ligera defensa propia -para cumplir sin corbata la incomodísima papeleta, nomás-.  ¿O  que tal vez los Congresistas han votado así seducidos por las impresionantes tesis jurídico-constitucionales que con tanto esmero esbozó su abogado? ¿En verdad se creen eso?  ¿O será que los Congresistas votaron políticamente por la no vacancia, tal como podrían haber votado igual en favor si su talante político hubiera sido mayoritariamente otro?

Desde un punto de vista constitucional y democrático, así como se nos exige respetar lo uno, deberíamos poder respetar lo otro, sin amargas, intemperantes o insultantes acusaciones de golpismo, intereses bajos u otros aderezos de esa laya.  El Presidente ha salvado la vacancia no porque los audios lo exculpen, ni porque no tenga responsabilidad alguna, ni porque todo esto no sea más que un mero complot merinista para sucederle en el cargo -eso no se lo cree ni su más cerrado entorno-: la ha librado bien por que la mayoría de los Congresistas considera, políticamente, que en este momento no es lo más conveniente para el país en medio de una pandemia atroz, de una crisis económica profunda y de una crisis laboral y del empleo que nos ha sumado varios puntos a una indecente pobreza extrema.  Punto.  Si esas no son consideraciones políticas, la verdad es que no sabría decir qué son.

Para Martín Vizcarra, Presidente Constitucional de la Republica por sucesión presidencial ante la forzada renuncia de quien fuera electo Primer mandatario el 2016, estas deben haber sido las horas más oscuras e inciertas de su mandato y de su vida pública y privada. Después de haber gozado de una crecida popularidad por cerrar malamente un Congreso devaluado y “aprofujimontesinista”, después de haber gobernado con chipe libre por cuatro meses sin CR a golpe de Decretos de Urgencia deformados, de haber creado a este CR corto y mocho -su creatura, su obra maestra-, su esforzado afán de tener un nuevo CR (“refrescante” como afirmó muy naif el exPremier Del Solar en enero pasado), este termine por fagocitárselo, cual Urano inverso, estas horas tan oscuras deben haberle causado un insomnio prolongado.  El, que tiene claras ambiciones políticas y que exhibe una concepción tan peculiar de la democracia peruana (binaria) y de un selectivo “respeto” por la letra de la Constitución, que termine expulsado del cargo por aquellos  a los que desprecia, no debe haberle dejado dormir y debe haber sido causa de los pesares más angustiosos de su vida política, tanto como ver expuesta -urbi et orbi- en pantalla gigante su privacidad -y parte de su intimidad- en su entorno más estrecho.  El karma.

Después de su jugada maestra para estar en la plancha de PPK, después de su traición a éste lograda con gran efectividad, después de haber complotado desde el Canadá para lograr la sucesión para sí, pactando incluso nada menos que con el fujimorismo, después de haber dejado en la cuneta a los que le cobijaron, arroparon y encumbraron, después de haber hecho cambiar a los opinólogos de ser un “pecho frío” a ser adalid de la política moderna, de la anticorrupción, de la reforma del Estado y del adecentamiento en el sistema judicial; terminar expulsado por la puerta trasera de la Casa de Pizarro de tan mala forma por cohonestar y proteger, con plata del Estado, y desde el Ministerio de Cultura de un país milenario y con un acervo cultural tan vasto, inclusive en plena pandemia cuando la gente se moría por falta de asistencia sanitaria (camas, camas UCI, remedios, oxígeno), después de que médicos, personal asistencial, policías, soldados y bomberos han fallecido por intentar combatir en primera línea a la pandemia, a un personajillo grotesco e inenarrable como el tal “Richard Swing” carece de explicación racional. ¿Por qué las relaciones con él? ¿Qué tipo de relaciones podrían haber tenido para favorecerle tanto y ocultarle de esa manera? ¿A quiénes más podría haber favorecido con dinero de los tributos del pueblo peruano? Esas son las interrogantes que al fin del procedimiento político de vacancia no se han resuelto aún, que no podrán acallarse y que, más temprano que tarde, deberán tener razonable respuesta en el Ministerio Público y en el Poder Judicial, como corresponde de acuerdo a la Constitución.

Sin embargo, no han dejado de preocupar las impropias declaraciones del Gral. Martos, Premier en funciones, cuando el jueves por la noche, preguntado acerca de qué haría el Gobierno en caso de que la vacancia prosperase.  Tal vez confundido por esa doble asesoría de la Ministra de Justicia que no se sabe si asesora al Presidente de la República en sus funciones legales y constitucionales, en tanto Jefe de Estado y Jefe del Ejecutivo, o si asesora al ciudadano Martín Vizcarra en su responsabilidad personal -lo que sería impropio-, señaló que “el gobierno -su gobierno- evaluaría la declaración de vacancia presidencial del CR para tomar la decisión que corresponda”; como si acatar lo que dice la Constitución (presidente vacado, presidente cesado y hay nuevo presidente) fuera un acto discrecional, y no un mandato constitucional expreso. Algunos creen que la poca experiencia política del Gral. Martos le ha hecho decir ese desbarro. También los mandatos constitucionales y las decisiones de los órganos constitucionales se deben acatar sin dudas ni murmuraciones deliberantes, Gral. Martos.  Sin embargo, no faltan quienes creen poder leer entre líneas una suerte de advertencia de desacato al CR y la posibilidad de un verdadero Golpe de Estado, con el apoyo explícito de las FFAA, las mismas con las que el Premier y el Ministro de Defensa -el que entusiastamente encendió la mecha del supuesto golpismo merinista con su delación que pretende sea premiada- se han exhibido pública y recientemente -con la MINJUS de agraciado coro también- en una innecesaria expresión de fuerza militar con camuflaje comando y todo.  Quisiéramos creer que el Gral. Martos es poco ducho en lo que a la Constitución se refiere y que alguien le sopló mal la plana. Si su talante fuera verdaderamente democrático no habría nada que evaluar o decidir: el mandato del CR tendría que haberse acatado y punto, tal como todos hemos acatado democrática y constitucionalmente el mandado de no vacancia.  Eso es lo verdaderamente democrático.

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