LA MODA DE LA EXTIRPACIÓN DE LAS BOLAS BICHAT

Las redes sociales están llenas de fotos del antes y después de celebridades, supuestamente operadas, de las bolas de Bichat.

El objetivo estético de este procedimiento es afinar la cara y marcar más los pómulos.

El look de los pómulos ultraesculpidos lleva años en boga, pero el auge de los selfies, la moda de los influencers y el crecimiento de las redes sociales le han dado en los últimos años a esta cirugía, conocida y practicada ya desde hace décadas, un impulso sin precedentes.

Hablamos de la bichectomía, o extracción de las bolas de Bichat, unas bolsas de tejido graso que todos tenemos en las mejillas.

 

“Desde hace unos años está muy de moda entre las jóvenes de 20, 25 años”, le confirmó a BBC la doctora española Ainhoa Placer, miembro numerario de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE).

Es una tendencia que han notado especialistas de numerosos países, aunque es difícil obtener cifras concretas.

Si bien es una cirugía relativamente sencilla y poco invasiva, algunos expertos advierten que hay una cierta “banalización” en su uso, y que la operación es más compleja de lo que muchas clínicas de medicina estética quieren hacer ver.

Además, muchos especialistas la cuestionan como procedimiento estético si los pacientes no tienen un rostro excesivamente redondeado: a corto plazo puede ser eficaz para marcar más los pómulos, pero a la larga puede provocar un aspecto de envejecimiento prematuro.

“Yo personalmente no soy muy partidaria de realizar esta cirugía”, dijo la doctora Placer.

Amortiguadoras

Las bolas de Bichat son unas bolsas de tejido adiposo que se encuentran en una capa profunda de la cara, bajo los pómulos y entre los músculos masetero y buccinador.

Actúan como una especie de almohadilla o amortiguador entre esos músculos faciales que, entre otras cosas, participan en los movimientos de la masticación -y de la amamantación en los recién nacidos.

Retrato del médico anatomista francés Francois Xavier Bichat (1771-1802), por Pierre Maximilien Delafontaine.

Estas bolsas llevan el nombre del médico anatomista francés que las identificó a finales del siglo XVIII, Xavier Bichat.

Su tamaño y volumen varían de una persona a otra por cuestiones genéticas, y pueden darle a la cara un aspecto redondeado, que no tiene que ver con el sobrepeso.

Aunque no cumplen una función estructural en nuestro rostro, su localización está muy ligada a un área delicada de la cara, cerca de varias terminaciones del nervio facial, del conducto parotídeo, por el que circula la saliva desde la glándula parótida hacia la boca, y de vasos sanguíneos importantes de la cara.

Los especialistas en cirugía reconstructiva y dental llevan décadas utilizando las bolas de Bichat como un recurso más dentro de su repertorio de técnicas quirúrgicas.

Pero el interés de los últimos años por su extirpación es puramente estético, y según la doctora Placer procede en su mayoría de mujeres jóvenes, que no necesariamente tienen mofletes desproporcionadamente grandes ni rostros excesivamente redondeados.

No es tan simple”

La extirpación se hace a través de una incisión de uno o dos cm de largo dentro de la boca, a la altura de los molares superiores, en una operación que, dependiendo de la pericia del cirujano, puede tomar menos de una hora y que se suele realizar con anestesia local.

Las clínicas de belleza que promueven esta cirugía destacan que es un procedimiento rápido, mínimamente invasivo, con un postoperatorio fácil, resultados permanentes y sin cicatrices externas.

Venden un sueño estético: transformar de una manera fácil y rápida -y relativamente asequible, en torno a los US$1.500 dependiendo del país, una cara redondeada y sin definición en un rostro más fino y estilizado, con pómulos acentuados.

Puede ser muy tentador, pero “no es tan simple como parece“.

 

 

 

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