ELECCIÓN Y SELECCIÓN

Por Aníbal Quiroga León

Jurista. Profesor principal PUCP

Ya estamos inmersos en un nuevo proceso electoral, esta vez absolutamente atípico y ad portas de nuestro Bicentenario, que nos debería llevar al necesario recambio de nuestras autoridades del Poder Ejecutivo y del Congreso de la República para el quinquenio 2021-2026. Y decimos en condicional, porque las cada vez más complicadas y mejor documentadas denuncias contra el Presidente de la República por delitos de corrupción  -muy graves-  cuando fuera Gobernador Regional de Moquegua, sumadas a las igualmente graves denuncias por el “affaire swing”  acaecidos -de ser el caso- en pleno ejercicio presidencial, con la implicación en delitos en los que no importa la cuantía sino el delito mismo -como en la colusión o en la obstrucción a la justicia-, en una personalidad tan peculiar como la que exhibe el Presidente Vizcarra, no nos permite razonablemente apostar al 100% que efectivamente habrá este necesarísimo proceso electoral de cambio de las principales autoridades electas del país y que a última hora no saque la carta de una no deseada postergación electoral bajo la manga, amparada en una supuesta “negación fáctica de la realidad por imperiosa necesidad nacional”, en la pandemia, en la salubridad del pueblo, en la vacuna que ya llega, en la garantía de plena asistencia, o en alguna otra inventada al paso que, aplaudida a rabiar por sus ayayeros de siempre, sus incondicionales, los opinólogos que solo ven -o quieren ver- una parte de la realidad, sus “pronunciamientos”  o por sus “troles de opinión” debidamente asalariados, todo ello con un rebote mediático ciertamente -hasta hoy- eficaz.

En verdad, cuánto quisiéramos que ese remoto supuesto -pero supuesto al fin- sea equívoco, no se produzca y que los hechos den al traste los más oscuros temores de incrédulos y pesimistas.  Pero, es que la verdad no ha estado necesariamente del lado del Presidente de la República y que ya se le ha pillado varios episodios flagrantes de falta de veracidad o de autenticidad, como en el caso de la frustrada negociación de “Tía María”, o lo que se le escucha decir en los audios grabados subrepticiamente por su entorno más íntimo.  ¿Cómo creerle al 100%, entonces, cuando afirma que no será candidato o que las elecciones las llevará a cabo de todos modos?  Mejor, ojito avizor.

Y la campaña ya ha dado su largada.  Un joven y disforzado alcalde distrital renunció dejando colgados a sus electores en un complicado municipio limeño. ¿Estará preparado para la presidencia? ¿Nos dejará en la cuneta también? ¿Qué garantía habría de que mañana más tarde cumpla promesas de más alto calibre? Una alianza de dos “partidos”, uno en alza popular y otro en el ocaso político decidieron sumar esfuerzos básicamente -los segundos- para tener alguna presencia política y saltar la valla electoral aupados en el otro, pero he aquí que  los “históricos” del “otro” lo ningunearon, cholearon y despreciaron en privado -a pesar de estar montados sobre sus lomos- y el denuesto injurioso quedó grabado por un traidor que lo dio a conocer.  El resultado: un choque y fuga y el percherón huyó al galope tendido dejando a los maledicentes interesados con los ruleros puestos, casi vestidos y alborotados y con la segura guillotina sobre sus nucas que se prevé rodarán afuera del registro del Jurado Nacional de Elecciones cancelando a su partidito. Bye.

Los pescaditos y los antauristas apuntan a animar la “fiesta electoral” con el folclor colorinche y variopinto y la estridencia que les caracteriza, anunciando el nacimiento de un nuevo país de corte teocrático, en un caso, y  una nueva “república etnocacerista” asentada en los huesos de aquellos a los que amenaza fusilar a diestra y siniestra, en el otro.  Un pomposo ex premier de mecha y tolerancia muy cortas disputa con un gobernador regional fujimorista -y que ha hecho de su actual antifujimorismo un activo- la nominación en un partido casi inexistente, pero con la habilidad para haberse mantenido con la inscripción vigente. Flor de democracia.

En otro partido se disputará a muerte la nominación presidencial entre chicharrones, históricos y denuncias de acoso sexual en el ala más radical.  No parece que ninguno de esos postulantes tenga realmente éxito en la carrera final, pero la ilusión proyectada por las últimas elecciones cortas les hace abrigar un exudante “entusiasmo democrático”.

Tampoco parece que el fujimorismo tenga una verdadera opción.  Golpeados muy fuertemente en la línea de flotación con la pésima gestión congresal de una aplastante bancada nacida en las elecciones del 2016, con toda una oportunidad desperdiciada, con el dudosamente honroso mérito de haberse bajado un presidente constitucional con dos intentos de vacancia y una subsecuente renuncia presidencial por pura piconería y sangre en el ojo no digerida, con el desmanejo político en el Congreso de entonces que sirvió en bandeja el pretexto de su disolución aplaudida por la mayoría del país y con oprobioso encarcelamiento de su principal dirigente, la que -con ese olfato tan poco zahorí- se acaba de dar el “abrazo del oso” con AFF, su padre,  quien muy probablemente acabará sus días en prisión por la condena a 25 años, sin posibilidad de un nuevo indulto o una amnistía, y que por su edad y la mitad de la condena aún por cumplir, muy probablemente terminará sus días en esa carcelería.   No parece que eso sea un activo que genere más electores y, por el contrario, atizará los intereses del antifujimorismo.

A todos ellos se sumarán otros candidatos en solitario, “outsiders”, de corte más populista e individualista, pero que no deben ser menospreciados por nadie a la vista del voto preferencial de las últimas elecciones cortas y de la realidad de nuestro electorado a nivel nacional (las elecciones no se definen en Lima, sino en el sur y sur andino del país) so riesgo de un batacazo y llamarnos luego a sorpresa. Estamos avisados.

Al lado de ello, parecería que se ha dado la largada del proceso de selección de quienes serían los nuevos magistrados del TC que deberán reemplazar a 6 de los actuales que ya están con más de un año del periodo vencido.  Claramente hay quienes no quieren la selección porque se sienten cómodos con el actual Colegiado -el Presidente Vizcarra y el sector progre, entre otros- y ya acusan de “proceso express” -a uno de casi dos meses y medio de duración- y de una “nueva repartija con la finalidad de frustrar esta nominación y dejar impropiamente la actual composición del TC hasta el primer semestre del 2022, con lo cual los magistrados con mandato vencido cumplirían 8años en un cargo previsto constitucionalmente para solo 5. Lindo, ¿no?

Hasta alguno de los actuales meten su cuchara en el tema, acusando una presunta rapidez, cuando claramente tienen un evidente conflicto de interés, ya que ellos son los que deben dejar su puesto porque constitucionalmente deben ser reemplazados. Y no quieren hacerlo pronto.  Es que la Constitución, para algunos, solo funciona cuando les favorece. Los actuales magistrados con periodo vencido deberían ser los últimos en opinar acerca del proceso para su propio recambio.

Y el procedimiento previsto por un larguísimo y engorroso reglamento, donde todo el mundo meterá la mano (hasta el Contralor General de la República, elegido por el Congreso con un quórum menor que el requerido para los magistrados del TC, meterá su decisiva cuchara), anunciando una suerte de callejón oscuro político y apanado mediático del que pocos saldrán indemnes y que tampoco garantizará que a la fase final lleguen ni los mejores juristas, ni los más idóneos, ya que no dejará de ser un proceso de selección política en el que los grupos políticos actualmente representados en el Congreso reclamarán su “cuota” en la selección final -el “cuoteo”- a fin de dar viabilidad a una elección que requerirá de seis votaciones sucesivas con 87 votos cada una.  Como votar seis reformas constitucionales al hilo.  Un verdadero parto que, esperemos, no sea el de los montes.

 

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