EN PLENA PANDEMIA CRECEN CULTIVOS DE COCA

En julio, en plena pandemia, pasó bastante desapercibida una información proveniente desde Washington DC reportada por la Office National Drug Control Police (ONDC), donde se señalaba que, en Perú, el área cultivada de coca se había incrementado en el año 2019 a 72.0 miles de hectáreas (MHa), versus las 52.1 MHa registradas en el 2018, es decir un significativo aumento del 38%.

 César Gutiérrez, es consultor internacional.

El mismo día de la publicación americana (31 de julio del 2020), la Cancillería en un comunicado enrevesado en cifras señaló que, había una mala contabilización y que las autoridades peruanas estimaban que el crecimiento en el período 2019-2018, había sido solo del orden del 2.4%, con cargo a una versión oficial de la entidad competente, Devida, que se iba a publicar en el mes de octubre de este año, hecho que no se ha dado.

Mientras la divergencia sideral en cifras se aclara, lo que no se ve es una política integral en el Estado sobre cultivo de hoja de coca, desforestación, palmicultura como cultivo alternativo, cambio climático y promoción de biocombustibles. Las autoridades parecen no tener claro el relacionamiento.

INCENTIVO ECONÓMICO DE LA PALMICULTURA

Una variable importante para desincentivar el cultivo de hoja de coca es, ofrecer un cultivo alternativo que sea atractivo para el agricultor en términos económicos y que le permita estar en la legalidad. Nadie puede negar la importancia que tiene la palmicultura en este rol, sin embargo, en la Estrategia Nacional de la Lucha contra las Drogas 2017-2021; no se le da importancia alguna. Se cita la promoción del cultivo del cacao y café; así como el desarrollo de la piscicultura.

Solo la ex directora Ejecutiva de Devida, Carmen Masías, en abril del 2018, citó una inversión de 3.0 millones de soles (MMS/) para palmicultura a desarrollarse en Yurimaguas y Tocache. Asimismo, se pronunció desmitificando que la palma sea monocultivo y que era una alternativa a la deforestación. Luego de esta meritoria intervención, ninguna palabra más sobre el tema, sino más bien fustigaciones señalando al cultivo de la palma como incentivo para la deforestación.

LA ESTIGMATIZACIÓN INJUSTA DE LA PALMA

En nuestro territorio en los últimos 20 años, se ha deforestado aproximadamente 2.0 millones de hectáreas (MMHa) de bosques, mientras que el área actual cultivada de palma asciende a 97.5 mil Ha (MHa).

No hay consistencia en presentar a la palmicultura como el gran origen de la deforestación. La existencia de algunos malos empresarios y autoridades que han permitido un ciclo pernicioso de titulación para luego vender bosques que luego puedan ser deforestados, no puede llevarnos a generalizaciones.

Confirman lo dicho, las afirmaciones de un estudioso del caso de la palma en el Perú, como el sociólogo Juan Luis Dammert, que viene analizando el tema desde hace 12 años, hace alusión a la “estigmatización de la palma”; “que al Estado no le interesa” y que “el Estado responde a quiénes se le acercan”.

LA DESCONEXIÓN PALMICULTURA CON AMBIENTALISMO

Cuando se cita a la palmicultura como un medio de reforestación se le debe ligar con la prédica contra el cambio climático (CC) y los gases de efecto invernadero (GEI). En nuestro país, el 51% de la emisión de GEI proviene de la deforestación, según el balance que realiza periódicamente el Ministerio del Ambiente (Minam).

 

Reforestar, es contribuir para mitigar el CC; pero no solo eso, los cultivos de palma, son grandes sumideros de GEI, donde la combustión del diésel (D2), que es el combustible más consumido en términos volumétricos (52% de total), es gran productor de dióxido de carbono (CO2), que es un GEI.

La legislación peruana desde el 2003 (Ley 28054), ha establecido el uso del biodiésel (B100) en mezcla al 5% del volumen con D2. El B100 tiene como una fuente de alta eficiencia de producción al aceite de palma.

Alentados por la medida se empezaron a desarrollar inversiones en: áreas de cultivo, plantas extractoras de aceite y refinadoras para la producción de B100. Lamentablemente desde que se puso en práctica la obligatoriedad de expender D2 combinado con B100, a fines del 2008, la competencia desleal ha significado tribulaciones para toda la cadena productiva nacional

LA IMPORTANCIA DE LAS MEDIDAS ANTIDUMPING.

Verificado en el año 2009 por los productores locales de B100 que estaban tratando de competir con producto subsidiado proveniente de USA, plantearon el caso ante Indecopi, obteniendo medidas de protección (derechos antidumping y compensatorios) desde junio del 2010 para el producto proveniente de USA, y el 2016 para el proveniente de Argentina.

Estas medidas cambiaron positivamente el giro para los productores locales, que de no vender prácticamente nada en nuestro mercado, pasaron a ocupar el 8.7% del mercado en el 2017, el 23.0% en el 2018 y el 27.9% en el 2019.

La señal ha sido clara, si se compite en igualdad de condiciones el producto elaborado en el Perú está llamado a ocupar un espacio importante. Aún han quedado limitantes como la falta de transparencia para el ciudadano corriente de las adquisiciones de Petroperu, que se hacen en círculo cerrado y donde del análisis de la información, se ha confirmado que han hecho compras sospechosas que van desde un solo proveedor para todo un año, hasta productos que tienen serios indicios de triangulaciones europeas para evadir el pago de derechos establecidos por Indecopi.

FALTA UNA VISIÓN INTEGRAL DEL ESTADO

Como he referido, con la palmicultura se puede crear un círculo virtuoso: cultivo alternativo a la hoja de coca, reforestación para contribuir a favor del CC, sumidero para la absorción de GEI y dinamismo de una cadena productiva: cultivo, producción de aceite y de B100. Devida, Ministerio de Agricultura, Ministerio de Energía y Minas, Petroperu e Indecopi; deben estar a la altura de las circunstancias. No se pide privilegios sino participar en un mercado competitivo

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