La inteligencia emocional y el ochenta por ciento del éxito en la vida

Esta semana recordé una película ambientada en la Alemania nazi basada en el libro maravilloso de John Boyne, “El niño con el pijama a rayas”. Se trata de la maravillosa historia de amistad de dos niños que se conocen a través de la malla de un campo de concentración.  Bruno es hijo de un soldado de alto rango nazi y Schmule es un niño judío. Ambos niños fueron criados con ideologías y valores distintos, pero ¿cómo fue que estos niños “tan diferentes” en pleno holocausto superaron sus diferencias y desarrollaron una entrañable amistad?

El holocausto es la historia más desgarradora, humillante y aterradora que ha vivido la humanidad, sin embargo, gracias a la pureza de estos niños, nada de esto importó al cultivar su amistad. De niños, uno de los valores que más predomina es la honestidad, lo que nos lleva a ver el mundo como realmente es, con ojos de igualdad, sin diferencias ni superioridad.  Cuando el niño que llevamos dentro olvida las diferencias, permite que la búsqueda de bienestar y felicidad fluyan naturalmente.

Como sociedad estamos envueltos en muchos problemas y lo que ha generado este descontrol se basa principalmente en hábitos aprendidos a lo largo de nuestra educación y de nuestra historia, que luego obviamente se manifiestan en nuestra conducta.   Nos vamos haciendo adultos aprendiendo lecciones que nos llevan a sentir afinidad por un grupo, rechazo por otros y a dividirnos porque nos sentimos “diferentes”.

Muchos economistas, filósofos y psicólogos sostienen que somos egoístas por naturaleza.  No hay ningún estudio científico que lo demuestre, al contrario, los estudios científicos en psicología experimental dirigidos por el Dr. Richard Davidson y la Dra. Lyubomirsky, entre otros, demuestran que tenemos la capacidad de un altruismo verdadero.  Es decir, que actuamos muy a menudo por el bien del otro sin esperar algo a cambio. Lo hacemos constantemente, consciente o inconscientemente.  Si no tuviéramos el potencial de altruismo verdadero, ¿seguiríamos existiendo?, no lo creo.  Pero, si tenemos ese potencial, entonces lo podemos hacer crecer para avanzar juntos hacia un mundo más altruista.

Si bien Schmule, el niño con el pijama a rayas, tenía traumas y cicatrices – como algunos de nosotros – la amistad y la presencia de Bruno lo hacía sentirse valioso y fuera de peligro… porque el amor nos salva.

Tal vez sea la compasión la emoción que nos hace más humanos, no podemos experimentar compasión por nosotros mismos como seres aislados, sino que ésta surge en relación con el otro. Nuestra individualidad de algún modo se suaviza en relación con el dolor y la necesidad de los demás, promoviendo en nuestro interior el deseo de ayudarlos…

“Da lo que tengas que dar, antes de que la vida te lo quite todo”

Rumi

 

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