NO OLVIDEN QUÉ MANDÓ A ALIANZA LIMA A CAMINAR AL FILO DEL ABISMO

Por Juan Carlos Hurtado.

Un equipo tan popular como Alianza Lima no puede estar en la situación que pasará ante Sport Huancayo, donde debe convivir con la obligación de ganar para salvar la categoría.

                           Juan Carlos Hurtado.

Llegó el día del todo o nada. Decir que Alianza Lima debe probar de qué está hecho es absurdo porque en sus más de 100 años de historia, su arraigo popular está más que certificado; sin embargo son los jugadores, que tal vez en el 2021 estén en otro lado y la vida transcurra normal para ellos, quienes deben demostrar que no les quema la pelota y tienen personalidad.

En este momento, donde seguro el pueblo aliancista está más unido que nunca buscando sobrepasar la tensión que implica poderse ir a la baja, es vital recordar qué empujó a Alianza Lima a este momento. Hay culpables, malas decisiones y circunstancias, pero si después de las 5:30 pm amigo blanquiazul brindas un abrazo para sacarte el peso de encima, no olvides estas 5 situaciones que no se pueden repetir más en el club.

1) No más indisciplinados. Alianza Lima debe sacarse de encima esa mala costumbre de tener jugadores que más aparecen en las páginas de espectáculos que las deportivas. Se debe tener un parámetro muy alto de valores, actitudes e historial de conducta para recién firmar por una institución con más de 100 años de vida. El club lamentablemente es representado últimamente por jugadores envueltos en juergas, líos de faldas, disputas familiares y majaderías; así es muy complicado sembrar un buen ejemplo en los chicos de las inferiores.

2) Más fútbol, menos empresa. Es real que el modelo de manejo dirigencial se va encaminando a que los clubes sean vistos como empresas, sin embargo hay realidades que no podemos subestimar. En Perú es vital separar muy bien estas áreas porque nuestro sistema todavía carga muchas taras, brechas y dinámicas que van a obstaculizar un cambio radical.

 En Sudamérica, la inversión debe estar enfocada en las menores para poder tener rentabilidad a largo plazo con las ventas. Perú no es un país importador, y si pretendemos serlo, lo más probable es que las alegrías lleguen (en el mejor de los casos) a corto plazo y en el ámbito local. Alianza no identificó qué terreno pisaba cuando se aventuró el Fondo Blanquiazul a ser el principal acreedor y el impacto fue muy duro.

3) Profesionales a prueba de balas. Tres técnicos en Alianza Lima en el 2020 y la moneda corriente fue el mal rendimiento de los jugadores, los principales responsables en el verde del fracaso del 2020.

Ya si no te adaptas a 3 ideas diferentes de entrenadores en el año y no plasmas alguna chispa de rebeldía, definitivamente por parte del plantel hay poco interés de congeniar. Esa actitud poco profesional, sumando el descuido futbolístico de varios, se hizo más evidente que nunca en Alianza Lima y generó el divorcio con la tribuna porque este año el club fue de papelón en papelón.

4) Líderes positivos. En Alianza Lima no se cae un solo líder y ojo que esa palabra no va ligada directamente a los más experimentados o a quienes mejor patean la pelotita. Un líder de verdad no permitirá que a la más mínima adversidad se caiga todo el equipo, un líder de verdad no saldría a hablar por el resto ante la prensa y un líder de verdad jamás va a mandarle celebraciones con indirectas a la tribuna. A tomar en cuenta.

5) Técnicos que lleguen a convencer, no a imponer. Buscando un estilo de juego vistoso, Alianza Lima perdió la brújula y eso generó una inestabilidad. Yo siento que los jugadores no pusieron de su parte, pero también se eligió un modelo errado del técnico que necesita Alianza Lima. Mario Salas no tenía un historial feliz de su paso por Colo Colo, pero fue anunciado con bombos y platillos.

El gran error del chileno fue salir a los medios y reclamar actitud, a partir de ahí el equipo se fue en picada y su idea no prosperó. Imponer algo a 25 personas que ya no te escuchan es una pérdida de tiempo, plata y esfuerzo. Lo firmó a inicio de año Pablo Bengoechea y nadie lo escuchó.

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