TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN: ¿AMENAZA A LA SEGURIDAD?

Escribe; Alberto Gómez Castro (*)
Al amanecer del 25 de diciembre del 2020, Anthony Warner de 63 años, detonó su casa rodante frente a un edificio con sistemas de transmisión de AT&T en el centro de Nashville, Tennessee, Estados Unidos. La bomba causó graves daños materiales en 41 edificios y la interrupción del servicio de comunicaciones e internet de AT&T a nivel interestatal. Warner murió en la explosión. Tres personas del vecindario sufrieron heridas leves.

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Las investigaciones han encontrado que Anthony Warner sostenía la creencia de que políticos y celebridades son “reptiles-humanoides de origen alienígena que beben sangre de niños, que están en proceso de tomar el poder en el mundo y que pretenden cambiar el ADN humano”; una teoría de conspiración conocida como “La Gente Reptil” que tiene sus orígenes a finales de los años 90. Según testigos, este individuo solía acampar a solas con el propósito de “cazar” a los alienígenas.
Otra línea de investigación sugiere que Warner era además partidario de la teoría de conspiración que afirma que la tecnología de redes de telecomunicaciones 5G (ya en uso por AT&T) busca esclavizar a la humanidad y está siendo utilizada para propagar cáncer y COVID-19.
Anthony Warner no tenía antecedentes criminales; sólo una detención por posesión de marihuana en los 70’s. Antes de detonar el explosivo, emitió un aviso por altoparlante anunciando que los vecinos tenían 15 minutos para evacuar el área. La pronta acción de la policía local permitió que la evacuación se completara a tiempo.
¿Cuáles fueron las razones que lo empujaron a llevar a cabo esta acción suicida y destructiva? Probablemente no lo sabremos con exactitud, pero las principales pistas apuntan a una motivación relacionada con teorías de conspiración.

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¿Cuáles fueron las razones que lo empujaron a llevar a cabo esta acción suicida y destructiva?

Entre el 2 y el 3 de enero del 2021, Steven Brandenburg (46), farmacéutico de turno de noche en el Centro Médico Aurora de Grafton, Wisconsin, Estados Unidos, saboteó intencionalmente más de 500 dosis de la vacuna MODERNA contra la COVID-19. Lo hizo removiendo las cajas fuera del sistema de refrigeración por 12 horas, en dos oportunidades, a fin de “inutilizar las vacunas”; es decir, con el propósito de disminuir sus efectos.
Brandenburg fue arrestado y confesó ante la policía ser un seguidor de teorías de conspiración. Justificó su acción declarando con convicción que “las vacunas dañan a la gente y pueden cambiar el ADN humano”. Este argumento es parte de una serie de teorías falsas que se han tejido alrededor de la pandemia COVID-19. Algunas afirman que el virus “no existe” y que todo se trata de una situación creada por ciertas élites para dominar al mundo. Los “conspiracionistas” afirman que bajo el liderazgo de Bill Gates se ha puesto en marcha un plan siniestro para vacunar a la gente contra el virus, pero que en realidad la intención es implantar un chip en los seres humanos para controlarlos.
Steven Brandenburg no tenía antecedentes criminales, pero sus acciones han privado al menos a 250 personas de pasar por el proceso de inmunización que requiere de dos dosis por persona, en un momento en que la pandemia arrecia y la vacuna aún es un bien escaso. No obstante, sin medir las consecuencias y basado en teorías de conspiración, actuó motivado por “proteger” a los demás.
En horas de la tarde del 6 de enero del 2021, un turba de cientos de simpatizantes del presidente Donald Trump asaltó violentamente las instalaciones del Capitolio, sede del Congreso en Washington DC, Estados Unidos. Los disturbios se produjeron cuando el Senado empezaba el proceso final de certificación del resultado de las elecciones presidenciales de noviembre 2020, con el triunfo del candidato Joe Biden sobre Trump.
Entre los líderes de los disturbios dentro del Capitolio, se identificó a un sujeto extraño, tatuado, sin camisa, luciendo un casco de piel con cuernos y pintura facial roja, blanca y azul. Este individuo es Jacob Anthony Chansley (32) de Arizona, quien utiliza el seudónimo “Jake Angeli”. Chansley es un personaje muy activo en las redes “conspiracionistas” y se hace llamar el “Chamán de QAnon”.
QAnon es una teoría de conspiración de grupos de extrema derecha refutada y desacreditada que alega que “una camarilla de pedófilos adoradores de Satanás y bebedores de sangre está dirigiendo una red mundial de tráfico sexual de niños y conspirando contra el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien está luchando contra ellos”.
De acuerdo con testigos, Chansley gritaba en el Capitolio: “¡¿Saben quién es Q?!” y luego añadía que Q “era un agente del gobierno que quería ‘recuperar el país’ de manos de los pedófilos y globalistas”. Mientras tanto, sus acompañantes le tomaban fotos y gritaban: “¿Dónde está Pence?… ¡Muéstrate!”. El Chamán de QAnon y sus huestes aludían al vicepresidente en funciones, Mike Pence, quien había declarado oficialmente antes de la sesión del Congreso, que no apoyaría las acusaciones de fraude electoral esgrimidas por el presidente Trump y un grupo de senadores republicanos; y que más bien, haría el conteo de los votos que certificarían la victoria del contendor demócrata. Las redes sociales asociadas con QAnon venían anunciando desde días atrás el argumento engañoso e inconstitucional de que la anulación de los resultados electorales, estaba en manos del vicepresidente Pence.

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Chansley gritaba en el Capitolio: “¡¿Saben quién es Q?!” y luego añadía que Q “era un agente del gobierno que quería ‘recuperar el país’ de manos de los pedófilos y globalistas”.

Jacob Chansley no tenía antecedentes criminales. Su motivación, basada en la teoría de conspiración QAnon, era dar apoyo al presidente Trump para que continúe su “lucha” contra “los pedófilos que intentan dominar los Estados Unidos y el mundo”. Chansley fue arrestado bajo cargos de invadir los terrenos del Capitolio, ingresar violentamente y cometer alteración del orden público mientras se encontraba allí. El Chamán de QAnon declaró que no tiene temor porque “no estaba haciendo nada malo” y que por el contrario, participó como un “patriota” en defensa de Trump. El asalto al Capitolio resultó en la muerte de cinco personas, entre ellas, un policía y una mujer, Ashli Babbit, también seguidora de QAnon. Las autoridades investigan cuáles eran las intenciones de los invasores en caso hubieran tenido acceso al vicepresidente Pence u otros miembros del Congreso.
¿Qué tienen en común estas historias ocurridas recientemente en los Estados Unidos?
Mucho. Los tres eventos constituyen actos fuera de la ley cometidos por individuos sin antecedentes criminales, cuya motivación estaba sustentada en teorías de conspiración.
¿Qué son teorías de conspiración?
Son argumentos -usualmente sin base ni evidencia alguna- para explicar eventos o situaciones a nivel local o mundial. Estos argumentos plantean que detrás de los eventos hay personas, entes o grupos siniestros y poderosos que actúan en forma encubierta -es decir, conspiran- con fines malévolos, como el control del poder en el mundo y el dominio sobre la humanidad o su exterminio. Por un lado, las teorías de “La Gente Reptil” y la de QAnon se refieren a la existencia de complots políticos para dominar el planeta ya sea por alienígenas o por grupos poderosos moralmente degenerados o de tendencia izquierdista. Mientras que las teorías de conspiración sobre las redes de telecomunicaciones 5G, la pandemia COVID-19 y las vacunas para contenerla, se refieren a tecnología reciente que sería utilizada por esos grupos de poder para controlar, manipular o destruir al ser humano y a la sociedad.
¿Cómo surgen estas teorías?       
Las teorías de conspiración son un tipo de desinformación más estructurado que las “noticias falsas” o fake news; básicamente, porque tienen raíces en problemas sociales no resueltos y de larga data, como por ejemplo los conflictos o la contraposición entre identidades diversas al interior de grupos, sociedades y naciones.
¿Quiénes creen en las teorías de conspiración? ¿Cuál es el perfil de los seguidores?
Algunos individuos encuentran en esas teorías los argumentos “adecuados” para darle sentido a su percepción y sospecha -infundadas- de que las acciones o reivindicaciones de otras personas, instituciones o gobiernos atentan contra los valores particulares de sus sistemas de creencias y de su identidad política, cultural, étnica o religiosa. De otro lado, hay quienes se consideran socialmente relegados y hallan en estas teorías la base para adoptar una identidad que de otra manera no tendrían. Así logran ser reconocidos como miembros de un grupo con sistemas de valores y objetivos hacia los cuales orientar sus vidas. Y por supuesto, también están los extremistas que como vemos en los tres casos mostrados, salen del ámbito del debate pacifíco de las ideas para imponer sus creencias con la convicción de que “protegen” a su sociedad o nación de enemigos o amenazas que sólo ellos ven.
¿Cuál es el impacto de las redes sociales sobre este fenómeno?
Si bien las teorías de conspiración han existido a lo largo de la historia, es evidente que hoy en día, la generalización de las redes sociales como plataformas virtuales para crear y propagar masivamente cualquier tipo de información, ha facilitado y exacerbado la producción y difusión de estas ideas sin que sea necesario que los promotores presenten evidencia alguna que las soporte. De esta forma, los argumentos más extraños y hasta fantasiosos, por decir lo menos, pueden llegar a calar en una audiencia importante que los encuentra “coherentes” con el sistema de valores de sus identidades particulares.
¿Son entonces las teorías de conspiración una amenaza a la seguridad?
Si este fuera tan sólo un asunto de opiniones y puntos de vista diferentes a partir de informaciones que no han sido probadas, no habría problema. Al final de cuentas, toda persona es libre de aceptar y creer la historia o el cuento que le plazca. Lamentablemente, los hechos descritos muestran que ciertos seguidores de estas teorías no dudan en cometer actos fuera de la ley, originar violencia y afectar la seguridad colectiva. Y eso sí es un problema que tendría que abordarse desde distintas perspectivas que analizan la conducta humana, entre ellas la seguridad.
En los tres casos, los “conspiracionistas” o sus secuaces produjeron daños en personas, propiedades y bienes. Entonces, sus acciones encuadran en la definición general de “amenaza”, que es cualquier acción intencional que puede producir daño sobre los miembros o elementos de un sistema (la sociedad). Cuando los seguidores están agrupados en organizaciones más o menos establecidas como QAnon es relativamente más simple determinar cuáles son sus intenciones y capacidades; pero el reto es realmente grande cuando nos enfrentamos a “lobos solitarios”, como Warner o Brandenburg, cuyas acciones individuales y aisladas son muy difíciles de anticipar.
Por ahora, esta amenaza a la seguridad se muestra claramente en los Estados Unidos y Europa Occidental. Sin embargo, hay una tendencia creciente en otras regiones como Latinoamérica, donde algunos elementos de QAnon y de las teorías de conspiración relacionadas a la pandemia COVID-19 están calando por lo menos a nivel ideológico en sectores de ultraderecha.

(*) Egresado de la Maestría en Ciencia Política por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Profesional en Seguridad y Oficial de Marina en retiro

 

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