¿MAYMANTATAQ KANKI, TAYTITUY? ¿DE DÓNDE ES SEÑOR?

Jenner Valdivia Cruz

Traductor de lenguas originarias*
El domingo 21 de febrero se celebró el Día Internacional de la Lengua Materna. Este evento me recordó una anécdota de hace unos años, en el 2016. Fue un viaje que realicé a Totoras-Pampa Verde (Kañaris). Después de un viaje largo desde Ferreñafe a Chiclayo, en colectivo; de Chiclayo a Motupe, en ómnibus; de Motupe a Rodeopampa, en camión; y de Rodeopampa al caserío de Totoras-Pampa Verde, en camioneta; llegué a mi destino final.

Totoras-Pampa Verde es un caserío pequeño y verdoso, cerca de un riachuelo que permite que el valle mantenga su verdor casi todo el año. Este caserío llevaba con razón su nombre: era una pampa verde.
Debido a que el camión no demoró en su salida de Motupe, llegué antes de lo planeado a Totoras-Pampa Verde y mis hospedadores no llegaron a buscarme. Esperé cerca de 3 horas sentado en el centro del caserío, con mi mochila cargada de ropa y libros.
La gente pasaba y me miraba, extrañada de ver a un joven que no conocían. Muchos pasaron varias veces, no me dijeron ni una palabra, pero me miraban con ojos curiosos, quizás diciendo en sus adentros: ¿qué vendrá a hacer aquí?

Entre estas personas apareció un muchacho de unos 12 o 13 años que caminó de manera resuelta hacia mí. Al acercarse –imagino- desistió en su idea de hablarme y siguió de largo. Ya estando lejos se animó nuevamente y me dijo: ¿maymantataq kanki, taytituy? (¿de dónde es, señor?). Yo, que iniciaba en mi aprendizaje de quechua, no perdí la oportunidad de responderle: Limamanta kani (¡Soy de Lima!).
Esta fue toda la conversación. El muchacho no preguntó más y siguió su camino. Al poco tiempo llegaron mis hospedadores y me ubicaron en un cuarto. A los días, uno de mis hospedadores comentó que el pueblo se había enterado de mi presencia. Un muchacho había dicho enérgicamente: ¡Ha venido un joven de Lima que habla nuestro quechua! Yo me sentí halagado por el comentario, ya que en ese momento, y quizás hasta hoy, no sería algo que creería de mi mismo a pie juntillas. Sin embargo, me llamó mucho la atención el impacto que causó en el niño que un extraño, de un lugar tan lejano, hablara su lengua.
La lengua es un medio de comunicación que permite la interacción entre personas que la comparten. En esa ocasión, fue el medio para matar la curiosidad, pero también generó una sorpresa al ver que alguien no esperado también la hablara.
Sin embargo, ¿por qué un hablante de una lengua tan importante, compartida por casi 10 millones de personas en todo Sudamérica, según la UNESCO, podría sorprenderse al escuchar a un foráneo hablarla?
Esta pregunta muestra una realidad: la lengua materna de muchas personas se encuentra en una situación de desventaja frente a las lenguas mayoritarias usadas en las grandes ciudades como Lima. Es lamentable, pero no hay espacios de uso en las grandes urbes y no existe promoción gubernamental para su aprendizaje.
En estos tiempos de elecciones, busquemos candidatos con agendas que busquen el desarrollo de políticas públicas en materia de educación, cultura y aprendizaje de las lenguas originarias de nuestro país. Así, cara al Bicentenario, tendremos una sociedad amable e interesada en preservar su patrimonio lingüístico cultural.

*Participante del taller de Escritura Creativa dictado por Rolando Donayre Rios, periodista y escritor

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