TUCÁN POR SIEMPRE

No puedo decir, que el nudo en la garganta y el pasar saliva para contener lágrimas, es por la “inesperada partida del doctor Luis Bedoya”, a sus 102 años, era una partida previsible,  pero no deja de  ser dolorosa.
Juan Carlos Eguren.

Lo conocí y recuerdo como si fuera ayer, hace 35 años, a mis veinte años, su imagen, sus palabras  y enseñanzas, se hacen presentes como si fuera hoy; tuve el privilegio durante décadas de escucharlo y conversar innumerables veces, lo que no me da el privilegio, de ninguna manera de auto dominarme, arrogantemente, como discípulo, me basta y sobra con solo haberlo conocido.

Un momento que seguramente para el líder, fue uno más de sus innumerables actos de consecuencia y honestidad, pero que para mí, es un hito en mi existencia, fue cuando al verme derrotado en la lid electoral por la presidencia del partido, señaló ante toda la dirigencia y militancia del partido, que su candidato (yo) había perdido las elecciones internas, pero que reconocía democráticamente al ganador.

En la vida escuchamos frases que suenan bien, pero que por falta de consecuencia y testimonio de vida, terminan siendo  huecas y superfluas; pero hay otras, que terminan marcando tu existencia, por la fuerza de su vivencia real, en lo personal quiero compartir dos.

La primera: “ no le he negado a mi cuerpo (102 años) nada de lo que me ha pedido, pero sin excesos” dentro de ello se refería a su cigarro Marlboro rojo y un buen vaso de Whisky quizás es lo que más herede del maestro.

Y la segunda:  en política “primero están los intereses del país, en segundo lugar, los del partido y finalmente, los legítimos intereses personales”, frase esta, sellada con testimonio de vida y consecuencia inquebrantable en el tiempo que nos legó.

Sobre su vida pública, como ministro de justicia, alcalde de Lima, presidente fundador del PPC y constituyente, vivirá en la historia, como el presidente que se perdió el país, pero que influyó decididamente, en nuestro pasado, presente y futuro.

No llegó a  presidente, porque nunca se doblegó a “mentir para ganar”, fue derrotado por sus rivales dúctiles a la farsa fácil  y populista, ajena a sus principios.

Querido, recordado y presente por siempre, maestro. Dejas un legado histórico pero vivo a tus hijos, nietos y quienes te conocimos. Nos toca, tomar la posta, por la misma razón del viejo, “primero el Perú”.

 

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