VASQUEZ KUNZE. “LA NARRATIVA DEL FRAUDE”

Escribe Ricardo Vásquez Kunze

No vamos a hacer un ejercicio de veracidad sobre la narrativa del fraude electoral en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales promovida por Fuerza Popular y sus aliados. Y esto porque no tiene ningún sentido, en la medida de que más allá de los hechos concretos cada cual ya tomó una posición al respecto en la que esos hechos se magnifican o disuelven al gusto del perfil político e ideológico de cada cual.
Lo que sí es un hecho digno de constatar en la realidad, es que la narrativa del fraude ha calado en una parte importante de la sociedad y esto, claro, tiene consecuencias políticas.
No sabemos si la narrativa del fraude corresponde a un hecho espontáneo en el que aquellos que lo afirman creen de buena fe, o, por el contrario, se trata de una estrategia para impedir que el partido marxista leninista Perú Libre llegue al poder.
Puede ser que la verdad sea mixta. Pero lo cierto es que, si es estrategia o no, el hecho de la narrativa del fraude tiene por objetivo no anular las elecciones, sino que el eventual ganador marxista leninista llegue a palacio este próximo 28 de julio con las cuatro llantas bajas y el motor fundido.
De hecho, lo está logrando, aunque ninguno de los esfuerzos nacionales e internacionales hayan tenido el menor impacto en afectar decisivamente el proceso electoral. Sin embargo, la protesta callejera se mantiene en Lima constante y pareja y la multitud parece apuntalar cualquier teoría de la conspiración sin una respuesta política contundente de sus adversarios.
¿Por qué? Aparte de las idas y venidas de Pedro Castillo sobre temas económicos, sociales o constitucionales, está el hecho de que la plaza fuerte de Castillo y sus adláteres no está en Lima, sino en provincias. De tal modo que las manifestaciones que deberían darle legitimidad callejera a su probable triunfo, así como a erosionar la teoría del fraude, no se condicen con su electorado que masivamente está en provincias. Esto lo hace ver huérfano de apoyo en la percepción de la opinión pública.
Otro sería el cantar si Castillo asentara sus laureles en provincias, abandonando Lima y haciendo que el eje del peregrinaje político se trasladara de la capital al campo. Allí tendría la sartén por el mango y recuperaría la legitimidad que día a día pierde en Lima. Esto también obligaría a replantear la hasta ahora exitosa narrativa del fraude por parte de Fuerza Popular y sus aliados de derecha.
Una oposición capitalina frente a una respuesta provinciana inclina la balanza social para esta última en cualquier país subdesarrollado. Veremos. El 28 está a la vuelta de la esquina.

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