ANÍBAL QUIROGA: “EL CHOQUE DE DOS MUNDOS”

 Escribe: Aníbal Quiroga León (*)

Después de que se diera el resultado electoral de la segunda vuelta, en que la mayoría electoral del país -dividida, como siempre, y con la peor candidata en contienda- le regalara la presidencia de la República a la facción más extremista de la izquierda, hemos sido testigos de una serie de imágenes surrealistas, algunas inimaginables y otras aún por sorprendernos, en nuestra política doméstica.
Desde la inédita y alborotada juramentación “simbólica” en las Pampas de la Quinua, en que no se comprometió a cumplir la Constitución, antes bien la desconoció en reiteradas oportunidades, pasando por la designación de un tan pintoresco como radical premier, nada menos que un “exguerrillero”, pasando por el nombramiento en las catacumbas de los demás ministros, algunos con antecedentes más que discutibles, ceremonia efectuada en dos partes, ya que de un inicio se negaron a hacerlo el del MEF y el del MINJUS, para quienes hubo que hacer otra ceremonia especial previo “convencimiento” para su aceptación. Todo ello rodeado, por supuesto, de un halo de misterio, oscuridad y secretismo totalmente alejado de las formas democráticas esenciales.
El gran artífice de todo esto es, sin duda alguna, Vladimir Cerrón, poderoso y cazurro personaje y quien no oculta la delicia que le produce el ejercicio de las mieles del poder, tras las bambalinas oficiales. Como lo acaba de poner en claro en una brillante entrevista con el periodista Enrique Castillo, en que logró que se definiera y desnudara a sí mismo, él es el que corta el jamón y él es quien monitorea el ejercicio de la presidencia (¿pro témpore?) de Pedro Castillo. Para eso cuenta con cuadros afiatados en la lucha política radical, como el propio caso del premier Bellido, el congresista Bermejo y otros más que aún están agazapados esperando su oportunidad para hacer su triunfal ingreso en escena.
Esta coyuntura y esa dialéctica es la que nos han puesto las autoridades que tenemos hoy. Y esta coyuntura y esa dialéctica es la que nos enfrenta a un verdadero choque de dos mundos: el mundo del izquierdismo más radical que no duda ni le hace ascos al franco coqueteo con los rezagos políticos de sendero luminoso a través del MOVADEF, pasando por las facciones más extremas de la izquierda -que, por ejemplo, ponen en jaque a la mismísima Verónica Mendoza y a sus cuadros “caviares” de quienes el propio Cerrón se mofa sin ambages, llegando a insultar al Francke en el MEF como un “chicago boy”, es decir, herir su fuero interno izquierdista al motejarlo de “ultraliberal”- hasta aquellas que pretenden seguir el juego y las reglas democrático-constitucionales; y el mundo formal de la democracia constitucional que pretende sacar adelante un país dentro de las formas, recambios, contrapesos y límites constitucionales.
Es decir, mientras los agentes más avezados de Cerrón se burlan (“esas son pelotudeces constitucionales…”) de los políticos de centro derecha -que, paradójicamente, representan a la mayoría del electorado nacional, solo que muy dividido-, los políticos que de momento controlan a la oposición en el Congreso buscan respuestas en el acápite l) del parágrafo 5to. del Art. 990° de la Constitución; mientras unos manipulan e instrumentalizan las herramientas de la democracia constitucional para alzarse con el poder -por un buen tiempo- prescindiendo de toda apuesta por las formas constitucionales y de la propia Constitución, los otros buscan enfrentar la pelea con el texto de la Constitución en la mano pretendiendo ser victoriosos y ganar el ansiado recambio constitucional con las formas y controles que proporciona la democracia.
En esa dialéctica casi perdida es que se inserta el nombramiento de Héctor Béjar como ministro de RREE.  Se sabían sus amplios antecedentes y su prontuario judicial que, no por amnistiado, deja de ser tal. Se sabía su pensamiento y se sabían sus ideas. ¿Por qué se le nombra en un ministerio y, sobre todo, en qué ministerio? Pues para provocar todo lo que estamos viendo hoy. Es un libreto preconcebido, y nadie sensatamente puede ni debe llamarse a escándalo. Desde el instante mismo de su designación, en aquella sombría y casi clandestina noche invernal de un 29 de julio, en el Teatro Nacional, se sabía que poner al Servicio Diplomático, bajo sus órdenes era una provocación, una humillación a la diplomacia peruana y una ofensa nacional. Vladimir Cerrón, y sus más recalcitrantes agentes, deben estar de plácemes, muy complacidos, viendo como el libreto preparado de antemano se cumple escrupulosamente, mientras la sociedad se llama al espanto, los políticos de siempre se rasgan las mismas vestiduras, la Marina de Guerra saca sendos comunicados, los diplomáticos al servicio de Béjar sacan otros tantos, las fuerzas políticas se duelen y reclaman sanciones, destituciones, censuras y controles constitucionales, mientras los asesores de uno y otro lado rebuscan resquicios entre el 131° y el 132° constitucionales para saber cuál es la interpretación más apropiada, dentro de una democracia formal y constitucional.  Ente tanto, quienes no creen en ella petardeando permanentemente a nuestra sociedad y a nuestro Estado constitucional, se relamen con fruición.
Ya no hay capacidad de renunciamiento ni vergüenza propia. Antes que un comunicado furibundo, mejor habría sido que el comandante general de la Marina hiciera cuestión de estado ante el presidente de la República y presente su renuncia al cargo si es que el ministro de RREE no sea inmediatamente relevado, y que ninguno de los vice almirantes o contra almirantes en línea de carrera acepten el encargo de reemplazarle mientras no se defina la situación de Béjar; que los Embajadores y diplomáticos más importantes en línea de sucesión en la Cancillería pidan su inmediato pase a la disponibilidad hasta que no haya un ministro de RREE apropiado en Torre Tagle.
Pero claro, para todo ello se requiere vergüenza torera. Se requiere valor y renunciamiento. Se requiere hacer realidad las palabras del Gran Almirante Miguel Grau que no reconocía más caudillo que a la Constitución.  Ya en 1975 la propia Marina de Guerra dio muestras de un fortalecido golpe de mano nada menos que al presidente de facto Velasco Alvarado. ¿Tanto tiempo ha trascurrido que no se recuerda eso? ¿Tantas lunas han pasado que no se aprendió nada de eso? Es mejor irse con honor que quedarse en la deshonra permanente, bajando la cerviz, esperando que “otros” traigan la solución al desbarro.
Y así, seguiremos siendo testigos de las fricciones, rayos y truenos político constitucionales que nos arrojen este choque de dos mundos: por un lado, la imposición radical a cualquier costo, utilizando para sus afanes y beneficios las herramientas de la Constitución y la democracia mientas les convengan, sin reparo en mentira alguna; y, por el otro, una casi inerme formalidad político constitucional con la que se pretende salir del hoyo en el que, solitos, nos hemos metido, y en el que seguiremos si las fuerzas políticas mayoritarias no se unen, si los personalismos y los egos obtusos -también prontamente vistos- que tratan de imponerse frente a una realidad tan clamorosamente dramática.
El final de este choque de dos mundos políticos tan diferentes como irreconciliables, está aún por escribirse.

([1]) Profesor Principal PUCP. Jurista

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público.