UNA AMISTAD A TODA PRUEBA

El pasado 13 de agosto se cumplieron 60 años desde que se inició la construcción del Muro de Berlín, y símbolo de la Guerra Fría.  En la República Democrática Alemana fue llamado “Muro de protección Antifascista”, y “Muro de la Vergüenza” en la parte occidental. En los 28 años que permaneció, como afrenta a la humanidad, fue escenario de grandes e históricas jornadas que tuvieron que ver con la vida y libertad. A continuación una de ellas: “Las chicas del muro”.

Hay fotografías que cuentan todo una historia: Dos amigas se despiden frente al muro de Berlín a medio construir. Una se queda en el este, la otra en el oeste. Pero hay historias que no caben en una fotografía. Y esta foto no es lo que parece.

“Las Mauermädchen”

 

Era el 23 de agosto de 1961. El muro apenas llevaba 10 días sobre la calle Harzer, separando el barrio de Rosmarie y Kriemhild.
Rosmarie vivía en el este, en Treptow, pero todos los días iba al colegio de Neukölln (oeste) donde vivía su amiga Kriemhild. Desde el 13 de agosto no se habían podido ver. La ciudad estaba dividida.
Entonces Kreimhild, desde el lado oeste del muro, aparece en la calle.
Rosmarie duda un momento. En el muro hay un Volpo, uno de los militares que vigila el muro a medio construir. Sin embargo, quizá con la inocencia de la juventud, echa a correr hacía su amiga. El militar la ve. Se acerca a ella.
Pero no la detiene.
Imagino, que como ese personaje de Soldados de Salamina, siente misericordia por esas chicas. Las deja hablar. No debería hacerlo, pero las deja. Se coloca en una posición cercana, como amenaza, por si Rosemarie intenta huir. Las dos chicas hablan, lloran, se ríen, se dicen adiós.
En ese momento aparece un fotógrafo, Horst Siegmann. Suena un click y la fotografía se vuelve un ícono. La imagen aparece en revistas, en libros escolares, en páginas webs…Y se cuelga en un museo. Un museo muy importante en esta historia.
Es el museo de Treptow. El museo del barrio de Rosemarie. Allí queda esa despedida congelada durante 57 años. Hasta que un día, alguien del museo vio la foto y pensó: ¿Quién son estás dos chicas? Preguntó y preguntó y nadie sabía su historia.
Pero esa persona (bendita gente curiosa) no dio por cerrado el tema.
Así que habló con sus superiores y consiguió lo que todo curioso aspiraba a cumplir antes de que existiera Twitter.
Lanzar su pregunta en un periódico: “¿Quién son estas mujeres que se encontraron en la calle Harzer el 23 de agosto de 1961?
Al día siguiente, Rosemarie recibió una llamada de un antiguo compañero del colegio: En Berlín te están buscando para que hables de la foto de despedida con Kriemhild.
– En realidad, – contestó Rosemarie- no era una despedida.
Fijaos en sus caras. Mirad sus expresiones.
¿Veis tristeza en sus caras?
No.
Lo que es otra cosa. Hay tensión, hay nervios, hay ansiedad.
Podría ser por el guardia que hay a su lado.
Podría ser porque saben que van a estar 58 años sin verse.
Podría ser porque despedirse siempre es difícil, pero mucho más a los 15 años.
Podría ser…. pero no lo es.

Rosemarie y Kriemhild se están jugando la vida.
La historia comienza el 13 de agosto de 1961. El día que se construyó el muro.
El padre de Rosemarie trabaja en el lado oeste, aunque vive en Treptow, lado este. Ese 13 de agosto, se encuentra trabajando en su taller, y una noticia le llega por la radio: el muro.
El padre de Rosemarie se lo piensa bien y toma una difícil decisión:
Se quedará en el lado oeste. Pero no renuncia a su familia en el este.
Habla con las autoridades en el oeste que trazan un plan para sacar a Rosemarie y a su madre de Berlín este.
Pero, llega la parte más difícil: contarle el plan a su familia.
Rosemarie y su madre no tienen teléfono, enviar una carta sería demasiado peligroso, pasar el muro no es una opción.
¿Cómo podrían llegar hasta ella?
¿Lo veis ahora?
Sí, Kriemhild no estaba despidiéndose de su amiga del colegio.
¡Le estaba pasando un plan de fuga!
Hay que ser verdaderamente valiente a los 15 años para hacer eso.
Pero como dice el maestro “Nunca se tienen amigos como los que se tienen a los 15 años” (O era a los 12)
Pero volvamos a Rosemarie.
A los pocos días, su madre y ella tomaron las pocas pertenencias que tenían salieron por la ventana trasera.
Atravesaron no sé cuántos patios y casas, hasta llegar a una ventana que daba al lado oeste. En la calle les esperaba una camioneta de la policía de Berlín occidental, conocidas como grüne Minna (Minas verdes). Corrieron hacía la camioneta.
Un guardia del este las vio. Pero corrieron tanto que no pudo atraparlas.
Entraron en la camioneta. Estaban salvadas.
Rosemarie, a los pocos días después de saltar el muro, se mudó con su familia a la ciudad Gießen, pero antes de marcharse de Berlín, tenía algo que hacer.
Rosemarie, durante alguna noche a finales de aquel caluroso agosto de 1961, llegó a casa de Kriemhild.
Las dos amigas pasaron una última noche juntas. Una noche donde puede que hablaran de cosas tontas, o no, quizás hablaron del miedo que habían pasado.
El caso es que tuvieron una noche para despedirse.
De verdad.
Como cualquier adolescente debe despedirse de su mejor amigo a los 15 años.
Desde esa noche, Rosemarie y Kriemhild no se habían vuelto a ver.
Hasta que Rosemarie recibió esa llamada.
El periódico consiguió encontrar a Kriemhild en suiza.
Y aquí las tenéis. 58 años después.
Mismo lugar, misma postura, diferente expresión en la cara.
Hasta aquí la historia de las “Mauermädchen” (Las chicas del muro).

Tomado e Jorge Corrales Gómez (@yosoycorra)

https://twitter.com/yosoycorra?s=08

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