LA RELIGIÓN DEL ESPÍRITU

Por: Gustavo Blanco Ocharan

gblancociticars@gmail.com

La religión es una construcción social creada por el ser humano; no siempre responde a la voluntad e intención pura de la divinidad y por el contrario a veces actúa en contra de ella. Etimológicamente religión significa religare y quiere decir atar con intensidad o nuevamente, ligar fuertemente.
Es ampliamente conocida la advertencia de que es mejor no hablar de política, ni deporte ni religión, temas todos estos tan sensibles y polémicos, como humanos y apasionantes sobre los que; sin embargo, en algún momento debemos fijar alguna posición.
Actualmente las religiones con más adherentes en el mundo son el Cristianismo (2,400 millones), el Islamismo (1,900 millones), el Hinduismo (1,200 millones) el Budismo (530 millones) y unos 1,200 millones que se declaran sin religión o seculares, estas cifras de por sí definen la magnitud del tema, somos por tradición o convicción, una inmensa mayoría de creyentes.
Históricamente las diferentes religiones han estado ligadas al poder político, social, económico y cultural de la sociedad, y cumplen una función importante dentro de cada colectividad, si bien el sistema de creencias con el que se nutren suele estar ligadas a la moral, la consciencia y el alma, no necesariamente llegan a profundizar en los confines inmaculados del espíritu, toda vez que la esencia pura y divina es amorfa, desestructurada, desinteresada e invisible.
La iglesia en general, las diferentes confesiones y denominaciones e incluso las múltiples sectas, son las organizaciones formales o informales, que han estructurado el culto a la deidad que cada una venera.

Fe y Religión

Si bien la religión tiene su campo de acción en la fe, el poder de esta la absorbe, la comprende y la supera; en otras palabras, la religión no deja de ser una creación humana recreada por la fe; pero la fe, es una inspiración divina que supera cualquier dogmatismo, credo, monopolio, estructura, fanatismo, fundamentalismo y extremismo que van en contra del principio de equilibrio de la creación. Perfectamente se puede ser creyente y no religioso.
El poder de la fe es incuestionable, representa una manifestación del espíritu; por ello entre creer o no creer, yo te sugiero que elijas siempre creer, con fe y convicción, activando el poder invisible, pero real, del Espíritu; es una decisión que te coloca en una posición de victoria, una predisposición positiva para poder intuir, percibir y experimentar cualquier manifestación sobrenatural reservada para tu vida. Cree y confía, eres una partícula indesligable del Todo.
No pretendo cuestionar la fe ni las creencias de los seres libres únicamente plantear algunas reflexiones sobre el desarrollo espiritual, la búsqueda sincera de la verdad, el despertar de la consciencia y la necesidad de reconectar con los fundamentos de la creación, el Espíritu Infinito, travesía que no requiere intermediarios, formalismos ni prebendas porque la fe, como la vida y la libertad son dones gratuitos del universo.
La influencia del entorno social es fundamental en la profesión de nuestras creencias, en mi caso fui católico por tradición, me convertí cristiano por elección y hoy profeso únicamente la religión del espíritu con humildad, libertad, equilibrio y tolerancia, tratando de bien decir (bendecir a todos) y buscando el bien estar (bienestar) de mi Ser Esencial, apreciando en cada instante la importancia de la vida, la plenitud y la paz.
Sigo creyendo que Jesús de Nazaret fue la persona más importante en la historia de la humanidad y comulgo con su mensaje de amor, paz, perdón e integración con el que vino y por el que murió, considerando que la muerte física no es sino una etapa de ascensión espiritual que el mismo Jesús experimentó con la promesa de la resurrección y la vida eterna.
Trato de orar como un hábito para agradecer; considero que rezar es solo repetir, mientras que orar es el valor agregado que nos permite comunicar; trato de no juzgar porque no me corresponde; creo que la meditación aquieta la mente y el silencio abre las puertas del espíritu; valoro ser parte del universo, admiro la naturaleza, respeto a los animales y las plantas, creo plenamente en el libre albedrío porque es el sello sagrado de la libertad y esta a su vez es la esencia del ser humano; creo que el amor incondicional, puro, verdadero y eterno es el gran secreto, la fórmula perfecta del Gran Creador.
Si nuestro cuerpo es el templo del Espíritu y habita en nosotros la divinidad, entonces podemos considerar que todos de alguna manera profesamos la religión del espíritu. Hace algunos días leí la siguiente frase “la mejor religión es ser una buena persona”, la suscribo, al margen de la filiación religiosa que profeses o si no te adhieres a ninguna, si eres practicante, agnóstico o ateo; te sugiero abrir tu mente y tu corazón a la religión del espíritu, ser una buena persona, amar, perdonar, crecer y evolucionar por uno mismo y para los demás.
En síntesis la religión del espíritu, sería reconectar, volver a ligar, con la eterna fuerza invisible generadora de vida, haciendo consciente nuestra propia divinidad, despertando la consciencia, activando nuestra esencia espiritual y con ella nuestra autotrascendencia e inmortalidad.

California septiembre 12, 2021.

* Autor de “Mis Mejores Autos: Un Manual de Vida”

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