“CONOCÍ A VILLARÁN; EL REY DE LOS TABLOIDES” (I)

DESDE MI ESQUINA

Escribe: César “Chico” Véliz Mendoza
El diario Correo de Huancayo cumple más de medio siglo de vida, genial iniciativa del emprendedor y visionario Ing. Luis Banchero Rossi. Ahora surge la interrogante ¿Quién es Raúl Villarán Pasquel, el periodista al que confía el proyecto de descentralizar la información limeña y dar voz propia a las provincias como lo hicieron en Tacna, Piura, Huancayo, Arequipa y Lima?

Esta vieja casona, de la calle Loreto, fue la cuna del nacimiento de Correo de Huancayo.

A Raúl Villarán lo conocí antes que los canillitas vocearan Correo cada madrugada, antes que saliera el sol en las calles y plazas de Huancayo. La posteridad lo reconocerá como el Rey de los Tabloides (tamaño pequeño) bautizado así por Guillermo Thorndike, quien trabajó a su lado por años y lo define líder estudiantil con características muy particulares: evade las clases en el aula por debates en el Congreso y prefiere el cine donde aprende otras realidades y en idiomas distintos.
En San Isidro, Lima, pasa una infancia poco feliz. Su padre Jorge Villarán Godoy, afortunado comerciante, es víctima de una enfermedad incurable. A fines de los 40 se interna en un sanatorio en la sierra al que se llega por ferrocarril al lado de un río caudaloso en el invierno. Aunque su biógrafo, Guillermo Thorndike no lo especifica, se asume que es Jauja.

SANATORIO DE JAUJA

Esa nostalgia de no acercarse a su padre que lo esperaba en la Estación del ferrocarril, por temor al contagio, es posible Raúl lo recuerde durante su permanencia en Huancayo semanas antes de la fundación de Correo el 23 de noviembre de 1962 donde yo, aprendiz del periodismo, con menos de 19 años quedo impresionado al verlo consumir 60 cigarros diarios, ensayar pasos de bailes tropicales y tango hace 59 años.

La portada del libro de Thorndike

La Redacción se ubicaba en la calle Loreto No.440. Me emocionaba ver a un periodista, alto, muy gordo, rostro blanco e indefinible. Nunca lo vie sonreír pero, enérgico al exigir noticias de impacto, frases cortas, fotos sugestivas que él se encargaría de los titulares mientras repetía a toda voz: “Yo, soy el mejor” y el personal de talleres, en el primer piso, nerviosamente se movilizaba preparando la edición cero. Se acercaba el nacimiento del Diario.
En el segundo piso de esa vieja casona que aún permanece parada a media cuadra de la calle Real, como testimonio de ser el primer hogar uno de los grandes acontecimientos del siglo XX junto a la creación de la Universidad Nacional del Centro e Hidroeléctrica del Mantaro, el genial Raúl Villarán era imitado en sus gestos, pasos de baile y forma de hablar asombrosamente por Raúl Semizo “changó”, diagramador de Correo, Diario que vi nacer, vestir pantalones cortos y, ahora de adulto serio por donde han pasado varias generaciones pero con el mismo espíritu de servicio., .

Raúl Villarán: vida y pasión de un periodista, por Guillermo Thorndike | Cortinas de humo

Lucho Banchero y Raúl Villarán en los talleres de Correo

AMIGO DE ALBERTO TERRY

El inquieto joven Villarán en 1940 ingresa al colegio Champagnat pero su rebeldía hace que visitara cinco planteles en la secundaria. En el colegio Marista de San Isidro conoce a un joven aristócrata al que le dicen Totó, es el rubio Alberto Terry Arias Schereiber que pasa todo el día en la cancha de fútbol. Villarán, convertido en gran amigo, no juega pero dirige la barra y festeja sus goles.
El futuro gran periodista pasa a vivir en la Colmena y acompaña siempre al rubio delantero en los partidos de fútbol. Una tarde el juvenil de la “U” hace dos goles de taquito, Villarán se confunde con el público en las tribunas de madera y lanza el juramento de hacerse periodista.
Son años posteriores a la segunda guerra mundial y aparecen movimientos socialistas que cantan la marsellesa aprista y corean a Víctor Raúl Haya de la Torre como grito de batalla. Domingo: su primera imprenta.

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