ENERGIA ASCENDENTE

Gustavo Blanco Ocharan

gblancociticars@gmail.com

Dedicado a Antonieta Ocharan Rondón, mi madre QDD

La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma (Ley de Lavoisier). El átomo es la unidad más pequeña de la materia.
Desde una perspectiva cuántica, digamos subatómica, podemos afirmar que la energía en algún momento, emerge, fluye, asciende y trasciende; jamás desaparece, se integra con la dinámica superior y eterna del Universo de la que proviene y a donde retorna (Principio Espiritual).
Somos seres espirituales viviendo una experiencia material, nuestro espíritu encarna un cuerpo físico temporal que nos permite gozar de este periodo que simplificamos biológicamente como el ciclo de vida, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos; sin embargo, esta abstracción solo expresa un plano de la existencia, el físico, químico y material; la complejidad del Ser nos mueve a explorar e intuir otros planos, mucho más profundos, ilimitados, inmateriales y eternos, entonces nos asomamos con perplejidad al mundo de la no-forma, de lo no manifestado, el escenario metafísico y etéreo de lo divino, el campo del espíritu.
El órgano racional cognitivo del ser humano es el cerebro que reacciona a estímulos de otros órganos rectores como el corazón, los pulmones, los intestinos y el mismo cuerpo que emiten señales bioquímicas a través del nervio vago, estas son recibidas por el cerebro a manera de  descargas eléctricas que determinan su accionar; en buena cuenta, todo este complejo sistema del funcionamiento cerebral tiene una raíz común, se basa en la energía.
La energía tiene múltiples manifestaciones y efectos; es tan invisible como real, al igual que sucede con el espíritu; este es capaz de manifestar en cada ser humano, esa energía especial y misteriosa como una expresión simplificada de la magnificencia del universo.
En términos espirituales la energía emerge a través de ondas, vibraciones y frecuencias, capaces de generar un determinado tipo de magnetismo que puede producir estados superiores de inspiración, armonía, iluminación, plenitud, bienestar, amor, gozo, paz;  entre otras manifestaciones propias del Espíritu.
De manera que somos energía pura, autónoma e irrepetible capaz de tejer y proyectar una realidad propia, modificar escenarios, crear, inventar, pensar, sentir, amar, perdonar, fluir, equilibrar, ascender y trascender las dimensiones físicas de nuestra precaria existencia terrenal; y a la vez, estamos destinados a transformarnos, elevarnos y evolucionar dentro de un virtuoso ciclo espiritual.
Si el ser es energía en permanente transformación, el que esta sea ascendente traza el destino que nos espera, perfila un escenario propicio para crecer, evolucionar y trascender; el hacer consciente nuestra inmortalidad dibuja el verdadero potencial que poseemos, lo que concebimos como muerte solo representa el final de una etapa biológica, es más preciso referirnos a la transmigración porque aquel final da paso a un nuevo comienzo, otro estado de aquella energía, que como queda dicho; nunca desaparece, únicamente se transforma y sigue fluyendo y ascendiendo en otros planos.
El 27 de octubre del 2004, hace 17 años,  falleció mi madre, mamá Toñita en Lima Perú; yo me encontraba en California USA y no pude despedirme como hubiera sido mi deseo, aquella dura experiencia me sirvió para reafirmar con mayor convicción que el espíritu es eterno, que la energía es anterior y superior a la materia, que somos seres cuánticos que encarnamos un cuerpo físico temporal, que estamos destinados a la inmortalidad y si bien nunca más pude ver físicamente a mi madre, aprendí a discernir algunas otras manifestaciones propias de su energía.
El 29 de octubre de aquel 2004, mi hijita Valeria cumplía 5 años, hace unos días cumplió 22, por cosas del Destino las fechas no confluyeron pero si actuaron sincronizadamente para delimitar la frontera entre la muerte que acecha y la vida que florece; entre la energía que trasciende y la que asciende. En 1999 cuando Valeria nació pude ver frente a mis ojos como se personifica el soplo de vida y con su primer llanto instintivo, del que fui testigo presencial, gritarle al mundo: yo soy.
Tanto el inicio de la vida como el final nos muestran estados propios del ser, manifestaciones de energía pura en transformación, siempre con proyección ascendente, es la manera como experimentamos el paso de la consciencia a la trascendencia y a partir de ella le damos sentido a la eternidad.
La presencia del ser que podemos activar con las herramientas intangibles que poseemos como la intención pura, la actitud positiva, la gratitud permanente, la consciencia plena, entre otras, me recuerdan la letra de una canción de Julio Iglesias que dice: “unos que nacen otros morirán, unos que ríen otros llorarán… la vida sigue igual”; si concebimos la existencia del ser dentro del marco espiritual que proponemos, donde la energía no desaparece solo se transforma, asciende y trasciende; entonces, la vida misma cobra un sentido multidimensional y seguirá, pero no igual sino mejor.
California octubre 31, 2021.
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