BALANCE DE 100 DIAS: “AFIEBRADO DISCURSO, SIN MEA CULPA Y LOGROS INEXISTENTES”

Juan Carlos Eguren.

Pedro Castillo formuló un alucinante discurso, cargado de un optimismo surrealista, sin el menor atisbo de espíritu de enmienda ni acto de contrición por los enormes e innumerables yerros cometidos en sus primeros 100 días de gobierno.

1.- Fue lamentable el discurso del presidente Castillo al conmemorarse los primeros 100 días de gestión, realizado en una plaza de Ayacucho a modo de campaña electoral y con un aforo “controlado” para el ingreso selectivo de portátiles adeptas.

2.- Se esperaba una rendición de cuentas sobre lo avanzado y terminó siendo una extensión de promesas populistas para el futuro, muchas de ellas erradas, falsas o envenenadas para seguir dividiendo al país con fines políticos e ideológicos.

3.- Promesas erradas como el incremento de la Remuneración Mínima Vital, que no le corresponde fijarla al presidente, sino al Consejo Nacional del Trabajo en base a estudios técnicos y no a decisiones políticas.

Dentro de las promesas “falsas” tenemos la inmediata masificación del gas, materia deseable pero imposible en el corto plazo. La construcción del Gasoducto del Sur está paralizada, no hay ninguna licitación en marcha para reactivarla y menos aún la licitación para realizar las conexiones domiciliarias.

4.- El presidente se olvidó o nunca le explicaron que los congresistas no tienen “mandato imperativo”, es decir, ninguna persona, institución o Poder del Estado puede “exigir” la inmediata aprobación de proyectos de ley, ello es inconstitucional. Puede exhortar pero no exigir y menos ordenar inmediatez en temas muy delicados como la delegación de facultades legislativas en materia tributaria.

5.- Un populista ideologizado, a diferencia de un estadista que busca la unidad del pueblo. Hace todo lo contrario, divide y enfrenta entre ricos y pobres, pueblo y empresarios, limeños y provincianos, los que más tienen y los que más necesitan; y finalmente los que no quieren una Asamblea Constituyente y los que si la desean.

Lamentablemente, si el presidente no toma conciencia de sus falencias, el Perú está condenado a seguir padeciéndolas.

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