OPINIÓN/ Día de la Aviación Civil en el Perú: fiesta ciudadana, ausencia estatal
Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

![]()
La pasión de pilotos y aficionados no alcanza para suplir la indiferencia de las autoridades. El Perú necesita una política clara para la aviación general y Aero deportiva
![]()
El sábado 20 de septiembre, en el aeródromo LIBMANDI, se celebró el Festival Aero deportivo por el Día de la Aviación Civil en el Perú. La jornada congregó a un nutrido público, a pilotos activos y jubilados, así como a numerosos entusiastas y representantes de la comunidad aeronáutica nacional, quienes participaron con entusiasmo y compromiso.
El evento, organizado por el propietario del aeródromo, el Aeroclub del Perú y la recientemente creada Asociación de Pilotos del Perú, demostró que, aun sin apoyo estatal, la aviación general y Aero deportiva en el país se mantiene viva gracias al esfuerzo privado y ciudadano.
Pero el gran vacío lo marcaron los ausentes de siempre:
-
El director de la DGAC, autoridad promotora y reguladora de la aviación civil.
-
El presidente del directorio y el gerente general de CORPAC, responsables del control del espacio aéreo y de la infraestructura aeroportuaria nacional.
-
Los representantes de la Comisión de Transportes del Congreso, llamados a delinear la ruta legislativa del sector.
Todos presentaron las mismas excusas de siempre por “agendas recargadas”, pero lo cierto es que su ausencia confirma un patrón: la indiferencia y el temor a dar la cara ante una comunidad que reclama respuestas.
El esfuerzo privado frente a la precariedad
Durante más de dos décadas, LIBMANDI ha construido con recursos propios una escuela de aviación y ha ofrecido espacio a pilotos y aficionados que, con gran sacrificio, levantaron pequeños hangares para albergar sus aviones y ultraligeros.
El aeródromo se ha convertido en un punto neurálgico para la aviación general y Aero deportiva, pero lo que se aprecia en sus instalaciones refleja claramente lo precario: infraestructura básica, carencias de servicios y un desarrollo limitado frente a lo que debería ser un motor de integración y formación aeronáutica.
El hecho de que LIBMANDI sea prácticamente la única escuela o una de las únicas con instalaciones propias en todo el país revela la verdadera situación de la aviación general en el Perú.
Un país con geografía aérea, pero sin política aérea
La paradoja es evidente. El Perú, con una geografía accidentada y localidades aisladas que requieren del transporte aéreo como principal herramienta de comunicación y desarrollo, debería ser el país líder en aviación general de la región. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: no existe una política pública de fomento, ni un marco legal ni presupuestal que promueva aeroclubes, escuelas de vuelo o aeródromos de uso mixto.
Mientras tanto, en países vecinos como Brasil, Colombia, Chile o Argentina, la aviación general y Aero deportiva se integra en programas de Estado, con redes de aeroclubes fortalecidos, financiamiento a la formación de pilotos y una infraestructura que articula aeródromos regionales con el transporte comercial. Esa comparación desnuda aún más la orfandad institucional del Perú.
Collique, una herida abierta
A la DGAC se le esperaba, al menos, con un mínimo de autocrítica y respuestas. En particular, sobre el destino de los 57 millones del fideicomiso provenientes de la venta del Aeródromo de Collique. Nunca debemos olvidar la traición y el engaño que sufrió la aviación civil peruana: en 2009, el gobierno aprista tomó por asalto esa histórica sede, prometiendo que en Grocio Prado se levantaría una nueva escuela de aviación. La promesa jamás se cumplió y, hasta hoy, esos recursos permanecen congelados, sin destinarse a la construcción de dicha escuela, a la reactivación de los aeroclubes ni al impulso de la aviación general en el país.
La comunidad aeronáutica esperaba escuchar un plan para invertir esos fondos en la recuperación de aeroclubes a nivel nacional, en la reactivación de aeródromos y en programas de promoción de la aviación general. Nada de eso ocurrió.
La inacción de la DGAC muestra que ni siquiera existe voluntad de reconocer esa deuda histórica con la aviación peruana.
CORPAC y la ausencia de un plan de infraestructura
Del lado de CORPAC, lo mínimo hubiera sido presentar un plan de corto y mediano plazo para la mejora de pistas y aeródromos regionales. La aviación general no puede depender exclusivamente de aeropuertos concesionados, pues su rol natural es conectar puntos aislados y permitir la operación flexible de aeronaves pequeñas.
Del o de los representantes de la Comisión de Transportes del Congreso
Se esperaba que, en una fecha tan significativa, asumieran un rol de liderazgo y transmitieran a la comunidad aeronáutica un mensaje claro: que el Congreso reconoce la importancia estratégica de la aviación general y Aero deportiva, y que está dispuesto a trabajar en un marco normativo de promoción y fomento.
Hubiera sido el momento ideal para anunciar iniciativas concretas, tales como:
-
Una ley de fomento de la aviación general, que contemple incentivos tributarios, líneas de financiamiento y programas de modernización de flota.
-
La recuperación y reactivación de aeroclubes en distintas regiones del país, como semilleros de pilotos y centros de formación técnica.
-
Un plan para garantizar la operatividad de aeródromos y pistas regionales, integrando a CORPAC y gobiernos regionales en su mantenimiento y gestión.
-
La definición de un uso prioritario de los fondos del fideicomiso de Collique para proyectos vinculados directamente con la formación aeronáutica y el desarrollo del sector.
-
La inclusión de la aviación civil en la agenda de integración territorial y desarrollo económico, considerando la geografía compleja del Perú.
En lugar de ese mensaje de futuro, la comunidad solo recibió silencio y ausencia. Con ello, el Congreso desperdició una oportunidad valiosa para acercarse a una comunidad aeronáutica que hoy se siente abandonada, y para trazar el camino legislativo que podría cambiar el destino de la aviación general en el país.
En general una vez más, el silencio fue la respuesta.
Recuperar los aeroclubes: una deuda nacional
El festival de LIBMANDI fue una prueba clara de lo que podría lograrse si el Estado asumiera un rol activo: aeroclubes en regiones como Arequipa, Chiclayo, Tarapoto, Iquitos, Cusco, Pucallpa etc., podrían convertirse en semilleros de pilotos, ingenieros, técnicos y deportistas aéreos, generando desarrollo regional y ampliando el parque aéreo nacional.
Hoy, sin embargo, esos aeroclubes se encuentran inactivos o reducidos a pequeños grupos de entusiastas sin apoyo oficial. La recuperación de los aeroclubes a nivel nacional no es solo un tema nostálgico, sino una política estratégica que otros países ya entendieron.
Conclusión
El festival por el Día de la Aviación Civil fue una fiesta ciudadana y un ejemplo de esfuerzo y organización de la comunidad aeronáutica. Pero al mismo tiempo fue un espejo que reflejó la precariedad del sector y la ausencia del Estado.
La pasión de pilotos y aficionados no alcanza para suplir la indiferencia de las autoridades. El Perú necesita una política clara para la aviación general y Aero deportiva, que incluya la recuperación de aeroclubes, la reactivación de aeródromos, el uso de los fondos de Collique y un plan nacional de infraestructura.
En un país que se promociona como destino turístico de primer nivel y presume crecimiento económico, resulta inaceptable que la aviación general sobreviva únicamente gracias al sacrificio privado.
El Día de la Aviación Civil debió ser la ocasión para escuchar un horizonte de desarrollo; en su lugar, lo que se escuchó fue el silencio de un Estado sin visión y sin liderazgo.
![]()
