Luego del espectacular ( y estridente ) operativo norteamericano para extraer de Caracas al dictador Nicolás Maduro y trasladarlo a una gélida prisión en Nueva York, parecía que el chavismo comenzaba a retroceder, no por convicción, sino por temor a nuevas represalias de Donald Trump, a quien se han subordinado, al extremo que ahora Washington comercializa su petróleo e impone modificaciones a la ley de hidrocarburos para que inviertan empresas extranjeras como ExxonMobil y Chevron.
Para congraciarse con el crematístico republicano, la presidenta Delcy Rodríguez anuncia la promulgación de una ley de amnistía a presos políticos y clausurar El Helicoide, complejo comercial, hotelero y palacio de exposiciones construido durante el gobierno del general Marco Pérez Jiménez y convertido en hedionda ergástula y centro de torturas.
Además, ofrece retirar denuncias a opositores, promesa con tufillo a engañifa, a maniobra tracalera, orquestada por una mujer que ha hecho de la manipulación y la mentira una modalidad de hacer política y que es parte del cogollo de una organización criminal que gobierna la patria de Bolívar desde 1999.
En ese contexto, ofrece liberar a 400 personas, pero el Foro Penal advierte que la cifra de encarcelados supera los 700. Es el caso, por ejemplo, de Juan Carlos Guanipa, del partido Primero Justicia, liberado y horas después secuestrado por el «delito» de celebrar su retorno con una festiva caravana de motociclistas que agitaban la bandera de su patria; ahora, se encuentra bajo arresto domiciliario y tobillera electrónica.
«Una cosa es el diálogo; otra el show», afirmó el siniestro ministro del Interior, Diosdado Cabello, expresando que esa medida fue adoptada porque Guanipa reclamó elecciones y por ello no vaciló en imputarle los cargos de «terrorismo, traición a la patria y asociación para delinquir».
En resumen, no hay cambios y resultan lejanas las expectativas para nuevos comicios presidenciales, evento que constituye la única garantía para afirmar un estado libre, democrático y con bienestar social.
La razón es que las encuestas indican que la lideresa social demócrata María Corina Machado ganaría las elecciones con 78% de votos, mientras que Padrino López y Diosdado Cabello no superan un magro 3%, según reporta Meganalisis en su informe del 11 de enero.
La medición también es significativa porque proyecta que 95.5% de ciudadanos rechaza a la escurridiza y cabildera presidenta Rodríguez; 90.9% no confía en ningún dirigente del gobierno y 92.2% agradece al mandatario estadounidense por secuestrar al dictador.
En este sombrío panorama, debemos destacar que todo esfuerzo de reconciliación ha fracasado, especialmente después del triunfó el opositor Edmundo González en los comicios del 2024, captando más de 70% de los sufragios, según reconocieron la Misión Carter, prestigiada institución que desplegó un centenar de especialistas a diferentes zonas de Venezuela; los técnicos de la OEA y veedores de la Comunidad Europea.
Sin embargo, Maduro se proclamó vencedor, prorrogando su mandato hasta el 2031, tiempo que completará la señora Rodríguez. Una farsa en dos tiempos, sin duda, que conduce a preguntarnos porqué las naciones democráticas reconocen a un régimen espurio y represivo, aunque ahora el secretario de energía USA, Christopher Wright, ha demandado elecciones.
Nadie, por tanto, puede avizorar el futuro del país llanero, una presa apetecible porque cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo, estimadas en 303 mil
millones de barriles, cifra que representa entre el 17% al 20% del total mundial y posee una de los mayores stocks gasíferos del orbe, con cifras que oscilan entre 195 y 200 millones de pies cúbicos.