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OPINIÓN/ Cuando la diversidad se convierte en un laberinto

 Escribe: Eco. José Soto Lazo

jsoto2503@gmail.com

Muchos peruanos miran la cédula de votación como un menú interminable: demasiadas opciones y poca claridad. Por eso, la pregunta ya no es solo “¿por quién votar?”, sino “¿cómo elegir bien cuando hay tanto ruido?”.

Las elecciones presidenciales de 2026 presentan un escenario que a muchos peruanos les causa sorpresa y preocupación: más de treinta candidatos quieren llegar a Palacio de Gobierno. En teoría, esto podría verse como una señal de democracia viva, pero en la práctica genera confusión y cansancio en quienes solo quieren votar bien.

Basta caminar por el barrio o ir al mercado para escuchar comentarios como este: “¿Y ahora por quién voto? No conozco ni a la mitad de los candidatos”. Esa frase refleja lo que sienten millones de personas. No es desinterés por la política, sino todo lo contrario: hay tantas opciones que decidir se vuelve complicado. Cuando el abanico es demasiado amplio, elegir deja de ser un acto sencillo.

Esta dispersión no surge de la nada. Muchos partidos han dejado de representar a la mayoría, y ante ese vacío aparecen nuevos movimientos, líderes improvisados y agrupaciones que prometen ser distintos. El problema es que, con tantos nombres en carrera, el debate importante se pierde. En lugar de hablar de empleo, economía, salud o educación, terminamos preguntándonos quién es cada candidato y de dónde salió.

La gran cantidad de postulantes también empuja a una forma de voto poco reflexiva. Como supuestamente no hay tiempo ni información clara para evaluar tantas propuestas, muchos electores optan por el rostro más conocido, el que aparece más en los medios o el que ofrece soluciones fáciles a problemas complejos. Así, la política se parece más a un espectáculo que a un espacio serio de decisiones.

Otro efecto negativo es la dispersión del voto. Quienes quieren evitar que opciones radicales lleguen al poder no saben a quién apoyar con más fuerza. El resultado suele ser una primera vuelta sin un ganador claro y una segunda vuelta entre candidatos que no necesariamente representan a la mayoría del país, sino a quienes lograron sobrevivir al desorden inicial.

Sin embargo, no todo es malo. Esta variedad también muestra que sectores antes olvidados quieren hacerse escuchar. Hay voces de regiones, de provincias y de la sociedad civil que buscan representación. El verdadero reto es cómo ordenar esa diversidad para que sume, y no para que confunda.

Aquí no solo fallan los ciudadanos. Los medios de comunicación tienen un papel clave al explicar, comparar y ayudar a entender las propuestas. Las autoridades electorales podrían revisar reglas más estrictas para evitar candidaturas sin sustento real. Y los partidos políticos deben asumir que su problema no se soluciona creando más agrupaciones, sino recuperando la confianza de la gente.

Hoy, muchos peruanos miran la cédula de votación como un menú interminable: demasiadas opciones y poca claridad. Por eso, la pregunta ya no es solo “¿por quién votar?”, sino “¿cómo elegir bien cuando hay tanto ruido?”.

La democracia nos da el derecho a elegir, pero también nos exige hacerlo con responsabilidad. En 2026, ese desafío será mayor que nunca. Tal vez ha llegado el momento de preguntarnos si tantos candidatos reflejan una democracia fuerte o, más bien, un sistema político que aún no logra ordenarse ni conectarse con la ciudadanía.

jsoto2503@gmail.com

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