Como quien deshoja margaritas bajo el influjo del día de San Valentín, todos nos estamos preguntando: Jerí o no Jerí.
Es inobjetable el rigor mortis político en el cual se encuentra el presidente transitorio José Jerí. La papa caliente de sus inconductas ya está sancochada y solo falta saber si formará parte de una suculenta carapulcra o un apetitoso ají de gallina. El chifa, lamentablemente, no acoge al milenario tubérculo de los Andes centrales.
Dicho de otra forma, subsisten las dos alternativas para dilucidar el destino de Jerí, y la primera de ellas tiene fecha fija de discusión en el Congreso de la República: la censura (66 votos de 130), el martes 17 de febrero. Tratándose de un pleno extraordinario que exige un punto concreto de agenda, no será posible en el mismo abordar la otra: la vacancia (87 votos).
Entonces, resulta válido augurar que los defensores del statu quo —por más que se rasguen las vestiduras condenando de boca al imprudente jefe del Estado— promoverán que se debata esta última, desechando la censura y activando la única moción presentada en esa línea por el parlamentario de Perú Libre Segundo Montalvo.
Montalvo arguye que sí es posible someter el tema de vacar a Jerí en la misma sesión del 17. Invoca el artículo 89-A del Reglamento del Congreso, el cual señala que las mociones de vacancia presidencial tienen preferencia en el Orden del Día y deben ser vistas antes que cualquier otra moción pendiente. Añade que esta disposición no distingue entre sesiones ordinarias y extraordinarias, por lo que resulta aplicable al Pleno convocado para el martes.
Fernando Rospigliosi, titular del Legislativo, opina distinto. Sostiene que, de no prosperar el camino de la censura, habría que esperar el inicio de la segunda legislatura ordinaria (01 de marzo) para ver lo de la vacancia. El entrampamiento constitucional le da largas al asunto.
Sin embargo, no solo es ello. Jerí ni el Ejecutivo son mancos. En el fragor del conflicto jurídico, han llegado dos importantes invitaciones internacionales al presidente transitorio, con marcado acento personal y no necesariamente al cargo que ostenta.
La primera es la del papa gringo-peruano León XIV, quien espera a Jerí en el Vaticano el 11 de mayo. Y la segunda —pese a que nuestro país no ha adherido formalmente al Peace Board (Junta de Paz) creada por el presidente Donald Trump— formulada por el secretario de Estado de los EE. UU., Marco Rubio, a fin de que Jerí participe en la Cumbre de Líderes de América Latina y el Caribe el 07 de marzo en Miami.
Cobra sentido entonces la hamburguesa compartida entre el flamante embajador de los EE. UU., Bernie Navarro (algunos ya lo denominan “el congresista 131” por su elevado nivel de injerencia en los asuntos internos del Perú) y nuestro alicaído presidente. Solo falta que Trump o Rubio digan antes del 17 que, si Jerí es expectorado de Palacio, la ayuda norteamericana menguará significativamente. Y no es broma.
Como quien deshoja margaritas bajo el influjo del día de San Valentín, todos nos estamos preguntando: Jerí o no Jerí.