Uno de los momentos más críticos que hemos vivido los peruanos fue este 18 de febrero de 2026. Sin merecerlo, vimos cómo una serie de personajes con escaso valor de principios morales y patrióticos, y carentes de herramientas para hacer política, sortearon nuestro país según sus conveniencias. Es ahí donde muchos peruanos nos hacemos esta pregunta, al ver una clase política precaria y carente de valores: ¿en qué momento se jodió el Perú?
Esta es una pregunta que deberíamos empezar a hacernos y analizar desde los logros que hemos tenido y tenemos como país. No podemos seguir usando esa frase, ya que es una falacia. Somos una república producto de una acumulación de hechos buenos y malos, de procesos lentos y otros acelerados, donde esa construcción genera este tipo de episodios históricos.
Por lo tanto, debemos crear un nuevo mensaje para nuestra sociedad, en el que el Perú nunca se jodió, sino que es producto de diferentes procesos evolutivos, con etapas y ciclos buenos y malos, aciertos y desaciertos, personajes
Una visión negativa que tenemos que desterrar
Durante generaciones, a raíz de un trauma fundacional, esta frase o pregunta —“¿en qué momento se jodió el Perú?”— se ha instalado en nuestras mentes como una afirmación negativa. Nos ha traído consecuencias nocivas, formando una clase política mediocre desde inicios de la república (salvo excepciones) y una sociedad con una visión sumisa, cuando el Perú es todo lo contrario.
Somos un país muy atractivo para muchas naciones que buscan aliados comerciales y geopolíticos. Tenemos una historia milenaria envidiable y recursos naturales que cualquier país quisiera, entre otras características que nos convierten en una nación con potencial de potencia.
La suboptimización del Estado
Si bien en líneas anteriores señalo que el Perú “no está jodido”, sí tenemos un Estado suboptimizado, que puede traducirse en una burocracia y una clase política mediocres y perversas, donde el político no busca el bien común, sino su supervivencia a corto plazo.
Son actores que frenan el desarrollo por un apetito personal de poder y control, y que, a través de esa carencia de herramientas, bloquean la incorporación de gente eficiente, creando barreras de ingreso para nuevos talentos al sector público. Todo ello bajo la narrativa de combatir la corrupción, con el fin de mantener el control y manejar sus intereses: una “oligarquía precaria” que ha construido un Perú con una visión mediocre, perdedora y resignada.
Es tiempo de crear una resiliencia colectiva de nuestra sociedad, sacar a esta clase política tóxica y empezar a creer que el Perú no está jodido. Cambiar la frase a partir de ahora decir “El Perú esta bendecido”.
Es tiempo de levantar nuestra sociedad y recuperar “La promesa de la vida peruana”, como señaló Jorge Basadre. Considero que hoy nos toca ser a todos parte de la reconstrucción del país, no todo es economía, y eso lo estamos viviendo en carne propia en los últimos tiempos.