ANTÁRTIDA: Expedición de la Marina de Guerra desarrolla investigación científica
La Marina de Guerra del Perú se encuentra en la actualidad en plena expedición científica en la Antártida, en el marco de la denominada Expedición ANTAR XXXII. Tal como informamos, el pasado 19 de diciembre, el BAP Carrasco partió desde el Callao a una larga travesía de 98 días; 51 de los cuales permanecerá en el continente austral.
la expedición reafirma la presencia activa del Perú en el continente blanco y fortalece la diplomacia científica y naval.
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La Expedición ANTAR XXXII constituye una expresión concreta del compromiso del Perú con una presencia antártica activa, responsable y sostenida. Y es que, en su condición de Miembro Consultivo del Tratado Antártico, el Perú desarrolla múltiples investigaciones científicas en el continente blanco, orientadas a comprender los procesos oceanográficos y climáticos que influyen directamente en nuestro espacio marítimo y en la dinámica del Pacífico Sur.
Tal como se informó, ésta campaña articula el esfuerzo del Estado, la comunidad científica y la Marina de Guerra del Perú, a través del empleo del buque oceanográfico polar B.A.P. “Carrasco”, garantizando tanto la ejecución de los programas de investigación como el sostenimiento operativo de la Estación Científica Antártica “Machu Picchu”.
Más que una actividad estacional, se trata de una proyección estratégica que fortalece la posición del Perú en el Sistema del Tratado Antártico y contribuye a la defensa de nuestros intereses marítimos más allá de nuestro dominio marítimo.
Presencia histórica y condición consultiva
Desde inicios de la década de 1980, la Marina de Guerra del Perú emprendió un esfuerzo sostenido orientado a hacer realidad la primera expedición científica nacional al continente antártico.
En ese marco, diversos oficiales fueron enviados a capacitarse en navegación en aguas antárticas y a participar en campañas de países amigos, acumulando experiencia técnica y operativa indispensable para operar en uno de los entornos más exigentes del planeta.
Ese proceso de preparación permitió que en 1988 el pabellón nacional se izara por primera vez en las gélidas tierras antárticas, en el marco de nuestra primera expedición científica, cuyo propósito no solo fue desarrollar investigaciones iniciales, sino también identificar un área adecuada para el futuro asentamiento de una estación permanente.
Ese anhelo se concretó en 1989 con la construcción de la Estación Científica Antártica “Machu Picchu” (ECAMP), hito que permitió que el Perú fuera reconocido el 9 de octubre de ese año como Miembro Consultivo del Tratado Antártico, constituyéndose esta fecha en un momento fundacional para la presencia antártica peruana.
Desde entonces, las sucesivas campañas científicas desarrolladas por personal naval y profesionales especializados han consolidado nuestra participación activa en el Sistema del Tratado Antártico.

Este año, 2026, ese esfuerzo histórico se proyecta en la Trigésima Segunda Campaña Científica a la Antártida, reflejo de una política sostenida y de un compromiso nacional con la investigación y la proyección estratégica en el continente blanco.
Los intereses del Perú en la Antártida no son abstractos ni meramente académicos; responden a una realidad oceanográfica concreta. Una parte sustancial de nuestra motivación científica se orienta al estudio de la dinámica del océano Austral y su interconexión con el sistema de corrientes del Pacífico Sur, particularmente con la corriente de Humboldt.
Ambas conforman un engranaje de masas de agua fría que influye decisivamente en la productividad biológica de nuestro mar y en la extraordinaria riqueza ictiológica que sustenta nuestra economía y seguridad alimentaria.
Comprender los procesos de circulación oceánica, los intercambios térmicos y los cambios en la estructura de masas de agua es fundamental para anticipar variaciones que podrían impactar significativamente el ecosistema marino peruano.
Por ello, resulta imprescindible mantener una evaluación constante, basada en datos verificables y estudios sostenidos en el tiempo, que permitan interpretar adecuadamente esa dinámica compleja y cambiante.

Al mismo tiempo, el Perú tiene el firme compromiso de velar porque la Antártida continúe siendo una reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia, conforme al espíritu del Sistema del Tratado Antártico.
Cualquier alteración significativa de sus condiciones ambientales podría generar efectos acumulativos con repercusiones globales, incluida la estabilidad de los ecosistemas marinos del Pacífico Sur. Proteger la integridad ambiental del continente blanco no es solo una responsabilidad internacional, sino también una acción preventiva en defensa de nuestros propios intereses ecológicos y marítimos.
El salto cualitativo: el B.A.P. “Carrasco” y la ciencia a bordo

El año 2014 marcó un punto de inflexión en la proyección antártica del Perú. De manera visionaria, el Estado dispuso la construcción del buque oceanográfico polar B.A.P. “Carrasco”, unidad que reemplazó al B.I.C. “Humboldt”, el cual había cumplido su ciclo operativo tras décadas de valioso servicio científico.
Esta decisión permitió dotar al país de una plataforma moderna, diseñada para operar de manera integral en el océano Austral, asegurando continuidad generacional en la investigación antártica y fortaleciendo la capacidad nacional para sostener presencia científica de alto nivel.
Desde su incorporación, el B.A.P. “Carrasco” se ha consolidado como una plataforma científica autosuficiente y uno de los laboratorios flotantes más avanzados de la región. En la presente campaña, la mayor parte de las investigaciones científicas se desarrollan a bordo de esta unidad, cuya infraestructura y equipamiento de última generación permiten ejecutar levantamientos hidrográficos de alta precisión, estudios oceanográficos y análisis geológicos en condiciones extremas.
Entre sus capacidades destacan la ecosonda multihaz para el mapeo detallado del fondo marino, así como laboratorios especializados —químico, húmedo y seco— que permiten el procesamiento inmediato de muestras y datos.
A través de estas herramientas, el Perú genera información relevante sobre biodiversidad, dinámica oceánica y estructura geológica del océano Austral, contribuyendo al conocimiento científico global y reafirmando el principio de la Antártida como territorio dedicado a la paz y a la ciencia.

