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LORENZZI: “Economía naranja: la otra cara de la moneda”

Aldo Lorenzzi Bolaños presenta una obra que plantea transformar la cultura, el arte y la innovación en motores productivos capaces de impulsar el crecimiento sostenible y la identidad nacional, el magíster en derecho de la empresa e investigador busca a través de este nuevo trabajo introducir al debate el desarrollo de esta industria en el Perú.

El libro que propone hacer de la creatividad una política de desarrollo en el Perú

La cultura puede ser más rentable que el cobre o el gas. Esa es la tesis central de “Economía naranja: la otra cara de la moneda”, el nuevo libro del investigador y escritor Aldo Lorenzzi Bolaños, que plantea la creatividad como eje de desarrollo económico, inclusión social y competitividad global.

La obra —resultado de cinco años de investigación— analiza cómo países como Colombia, Chile, Corea del Sur y Turquía lograron transformar sus industrias culturales en motores productivos, y advierte que el Perú podría seguir el mismo camino si articula políticas públicas sostenibles.

“Podemos convertirnos en una superpotencia cultural, como ya lo somos gastronómica”, afirma Lorenzzi.

“Pero eso dependerá de una decisión estratégica: dejar de mirar la cultura como gasto y verla como inversión”.

Un enfoque que une economía, cultura e innovación

El libro, prologado por el exviceministro de Mype e Industria Javier Dávila Quevedo, explora el concepto de economía naranja: un modelo que agrupa sectores como la música, el cine, el diseño, la moda, la gastronomía y los videojuegos, donde el talento y la propiedad intelectual se transforman en valor económico.

Para Dávila, la propuesta de Lorenzzi es una llamada de atención:

“La economía naranja no destruye fábricas, sino paradigmas. No extrae recursos del subsuelo, sino de la imaginación humana”.

El texto combina análisis económico, política cultural y visión estratégica. En sus capítulos, el autor traza un mapa global de la creatividad, revisando casos de éxito en Iberoamérica, Europa y Asia, con un capítulo dedicado al Perú. Allí identifica las principales barreras del sector: falta de infraestructura, limitada articulación institucional y escasa inversión estatal en industrias culturales.

Perú: de superpotencia gastronómica a potencia cultural

Lorenzzi destaca que la gastronomía peruana ya es una muestra de economía naranja aplicada.

“El mejor restaurante del mundo está en Perú y eso no es casualidad —explica—. Detrás hay talento, pero también políticas públicas que comenzaron a reconocer el valor de la creatividad como motor productivo”.

El libro argumenta que el país posee una ventaja comparativa única: su diversidad cultural. Desde la música y las artes visuales hasta las fiestas tradicionales y el turismo patrimonial, el autor sostiene que el patrimonio cultural puede convertirse en capital económico si se gestiona con visión empresarial y se protege mediante políticas de propiedad intelectual.

Un modelo con siete pilares

Apoyado en el modelo de las “7i” del Banco Interamericano de Desarrollo (Buitrago y Duque), Lorenzzi propone una estructura para fortalecer el ecosistema creativo: información, instituciones, industrias, infraestructura, integración, inclusión e inspiración.

Cada pilar, señala, es indispensable para transformar las ideas en bienes y servicios con valor de exportación.

“Los países que comprendan que un festival no es solo folclore, sino inversión, y que una ley de patrimonio no es burocracia, sino protección de activos intangibles, serán los que lideren la próxima década”, apunta el autor.

Creatividad, poder blando y futuro

El texto también examina el papel del “poder blando” (soft power) —la capacidad de influir en otros países a través de la cultura— como herramienta geopolítica y económica. Lorenzi cita ejemplos como el cine estadounidense, el K-Pop surcoreano o las series turcas, que han convertido la identidad cultural en un producto global.

En el contexto pospandemia, el autor observa una oportunidad inédita: la digitalización ha multiplicado las posibilidades de creación y difusión de contenidos, mientras la inteligencia artificial redefine los límites de la creatividad.

“La tecnología puede ser aliada si se pone al servicio del talento humano. Ninguna máquina podrá reemplazar la chispa que convierte una idea en arte”, señala.

Una brújula para la región

“Economía naranja: la otra cara de la moneda” se presenta como una guía para emprendedores, académicos y gestores culturales interesados en vincular la creatividad con el desarrollo sostenible. Con un lenguaje claro y una visión propositiva, Lorenzzi invita a repensar la riqueza más allá de los recursos naturales.

“El futuro pertenece a los países que sepan exportar ideas, no solo materias primas”, resume.

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