Es el tiempo que nos separa en cuenta regresiva de la fecha que concurriremos obligatoriamente a emitir nuestro voto para elegir presidente y parlamentarios.
Apenas cinco semanas dentro de las cuales – parafraseando la canción de Joaquín Sabina – nuestro verano acabará dando paso a un otoño que durará lo que tarda en llegar el invierno. Claro, nominalmente pues el augurio de un fenómeno del Niño feroz prolongará el bochorno climático, el mismo que se sumará al bochorno político padecido en estos días.
Bochorno político pues recordemos que nuestra llamada democracia ha dado un salto mortal desde los conceptos de “atípica”, “baja intensidad” y “defectuosa” hasta lo que el Índice de Democracia Global de la revista The Economist denomina “régimen híbrido”. Es decir, un sistema que combina rasgos democráticos con autocráticos los cuales se reflejan en un gran deterioro de nuestra cultura política y del funcionamiento del gobierno. En esa categoría permanecemos hace tres años y lo que viene aconteciendo ratifica tal degradación.
¿Cómo? Primero, a través de las crisis gubernamentales que en un proceso electoral ya convocado dentro del plazo constitucional ve desfilar tres presidentes de la República llamados a garantizarlo. Todo por acción del Congreso. Segundo porque dichas crisis ocuparon lugar preferente en el debate público antes que la debida ventilación de los aspectos relativos a los comicios de abril 2026 de por sí altamente complicados por el número de candidaturas y la restauración del Senado.
Tercero, porque a ello se han sumado factores contingentes que divorcian al ciudadano del interés inmediato en las elecciones como los efectos devastadores del Niño Costero y ahora el insólito racionamiento del gas natural debido a una deflagración producida en el kilómetro 43 del único ducto abastecedor de Camisea, región Cusco. 350 mil automóviles que circulan gracias al GNV perjudicados, igual que mil industrias productivas (100 de ellas pertenecientes al rubro de alimentos y bebidas, y otras tantas del sector de medicamentos), entre otros.
Racionamiento que ha llevado al gobierno de José Maria Balcázar a tomar algunas medidas irracionales como la de establecer “clases virtuales” en los colegios, institutos y universidades durante una semana, prescindiendo del criterio básico de no detener los ciclos de aprendizaje presencial sobre todo en el nivel escolar. Fuera que una de nuestras grandes brechas de infraestructura es la conectividad digital.
Está claro que a 35 días del sufragio y como nunca, tenemos todos los climas adversos incluido el electoral. Pese a la naturaleza festiva que deben caracterizar las campañas para despertar esperanza en los votantes, resulta chocante y surrealista ver a varios candidatos aferrarse a ella sin mostrar sensibilidad ante las desgracias. Las encuestas de este fin de semana exhibirán sin duda consolidaciones e irrupciones en el mapa de posibles ganadores, pero lo cierto es que ninguno (hasta ahora) obtiene el apoyo de más allá de la sexta parte del universo de electores. Coléricos, frustrados y hartos de su clase política, todavía no han dicho su última palabra.