OPINIÓN/ Cuando la demagogia pretende desafiar la geografía: el caso Chinchero
Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

A pocos días de las elecciones, el espectáculo se repite en el Cusco. Los candidatos desfilan con promesas fáciles, apelando a una demanda legítima un nuevo aeropuerto, pero distorsionándola con un mensaje peligroso:
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“EL 28 DE JULIO, CHINCHERO SE TERMINA SÍ O SÍ.”
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“Algunos van incluso más allá: entre aplausos, desprecian los estudios técnicos y los tildan de ‘estupideces’, como si la realidad física la altitud, la orografía, la meteorología pudiera someterse a la voluntad política.”
Pero no puede.
Y el caso del Aeropuerto Internacional de Chinchero lo demuestra con claridad.
La demagogia no reemplaza a la ingeniería
La geografía no vota.
La altitud no negocia.
La física no se deroga por decreto.
Chinchero está ubicado a más de 3,700 metros sobre el nivel del mar, en un entorno de orografía compleja que impone restricciones severas a la operación aeronáutica.
Esto significa:
Penalidades de performance en despegue para aeronaves comerciales
Limitaciones en carga útil y alcance
Condiciones críticas en escenarios de falla de motor (OEI)
Márgenes operacionales más exigentes que en aeropuertos convencionales
Estos factores no son ideológicos. Son técnicos.
Y, sin embargo, han sido sistemáticamente relegados en el debate público.
Un proyecto donde la política desplazó a la seguridad
La elección de Chinchero no fue el resultado de un proceso técnico incuestionable. Fue, más bien, la consecuencia de una suma de presiones:
Intereses políticos regionales
Narrativas de descentralización
Incentivos económicos asociados a la revalorización de tierras
“Desde 2001, a lo largo de distintos gobiernos desde Alejandro Toledo, pasando por Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra, hasta la actualidad, el proyecto ha sido empujado de manera sostenida, sin que hasta hoy se haya transparentado una validación integral de seguridad operacional.”
La intervención de ProInversión, la firma de adendas cuestionadas durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y la posterior resolución del contrato con Kuntur Wasi evidencian un patrón: decisiones apresuradas, contratos deficientes y correcciones tardías.
Tierras, información privilegiada y un silencio incómodo

Antes de que el proyecto se consolidara, las tierras originalmente de comunidades campesinas comenzaron a cambiar de manos.
Se registraron:
Compras anticipadas
Incrementos abruptos de valor
Transferencias posteriores al Estado en condiciones más favorables
“Esto configura un escenario típico de captura de valor generado por inversión pública, asociado al acceso y uso de información privilegiada.”
Sin embargo, hasta hoy:
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones del Perú no ha transparentado la trazabilidad completa de la propiedad
La Contraloría General de la República del Perú no ha presentado una auditoría integral de beneficiarios
El resultado es un vacío que alimenta con razón la sospecha.
El gran ausente: el Estudio de Seguridad Operacional
En cualquier proyecto aeroportuario serio, el ESO define si una operación es viable y segura.
En Chinchero, ese estudio:
No ha sido difundido de forma integral
No ha sido validado públicamente por la autoridad y con participación de operadores
No ha sido asumido como condición previa para continuar la obra
Y AUN ASÍ, LOS CANDIDATOS PROMETEN TERMINAR EL AEROPUERTO COMO SI SE TRATARA DE UNA CARRETERA.
Instituciones que fallaron en su rol técnico
Aquí no hay errores aislados. Hay un patrón institucional:
ProInversión estructurando contratos vulnerables
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones del Perú priorizando ejecución sobre validación
La Dirección General de Aeronáutica Civil del Perú sin imponer un estándar técnico independiente
Órganos de control con respuestas tardías
El sistema no falló por accidente. Falló por diseño o por omisión.
Cuando la política pretende desafiar la geografía
Prometer que Chinchero se hará “de todas maneras” es, en el fondo, un acto de negación.
Porque ningún candidato puede:
Reducir la altitud
Modificar la orografía
Eliminar las penalidades de performance
Ni garantizar seguridad donde no ha sido técnicamente validada
La demagogia puede ganar elecciones.
Pero no puede cambiar la realidad operacional.
Lo que el Cusco realmente se merece

El Cusco necesita un aeropuerto moderno. Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si se le dará:
Un aeropuerto políticamente rentable o
Un aeropuerto técnicamente seguro
Un candidato responsable debería decir:
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“ANTES DE CONTINUAR, EXIGIREMOS UN ESTUDIO DE SEGURIDAD OPERACIONAL INDEPENDIENTE, TRANSPARENTE Y VINCULANTE.

PORQUE EL CUSCO MERECE CONECTIVIDAD, PERO SIN COMPROMETER LA SEGURIDAD.”
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Pero eso implica decir la verdad.
Y la verdad no siempre gana votos.
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Cuando la demagogia pretende desafiar la geografía, no solo se equivoca.
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SE VUELVE PELIGROSA.
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Chinchero es hoy el mejor ejemplo de cómo el país toma decisiones:
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Con información incompleta
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Con incentivos distorsionados
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Y con una preocupante indiferencia por la técnica
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