OPINIÓN/ De Soto, la esperanza tras el terremoto
Escribe: Ricardo Sánchez Serra

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Un gabinete técnico, firme y sin cuotas ideológicas puede marcar el inicio de la estabilidad y garantizar elecciones limpias en un momento decisivo para el Perú
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Luego de un terremoto político de magnitud 10 -seguido de un tsunami devastador- que significó la elección del presidente José María Balcázar, el nombramiento de Hernando de Soto como presidente del Consejo de Ministros aparece como una luz al final del túnel. En medio de la incertidumbre, su designación introduce un factor de equilibrio, experiencia y solvencia que el Perú necesita con urgencia.
Hernando de Soto es uno de los cinco peruanos universales -y que merecía el premio nobel de Economía-, junto a Javier Pérez de Cuéllar, Julio Velarde, Mario Vargas Llosa, y en su momento José Santos Chocano. Su trayectoria internacional, su defensa de la economía popular de mercado y su permanente prédica por la seguridad jurídica constituyen garantías en un momento en que el país demanda estabilidad y confianza.
Su presencia en la Presidencia del Consejo de Ministros puede asegurar no solo un buen gobierno -aunque breve por el calendario político- sino también elecciones limpias, transparentes y sin sombras de irregularidades como las que en el pasado dañaron la credibilidad institucional.
El gran desafío inmediato será la conformación de un gabinete de lujo: técnico, independiente y alejado de opciones ideológicas rojas trasnochadas que tanto daño han causado en la región. El país no necesita cuotas partidarias ni repartijas; necesita profesionales capaces y ministros con autoridad moral.
Asimismo, será fundamental evitar presiones para colocar “Rasputines” o eminencias grises en carteras sensibles como Relaciones Exteriores, Defensa e Interior. Gobernar no es ceder a padrinazgos, sino asumir la responsabilidad histórica de conducir al país con firmeza y transparencia. Aunque el presidente Balcázar haya sido elegido con el respaldo de determinadas fuerzas políticas que hoy reclaman espacios de poder, la verdadera prueba de liderazgo consistirá en resistir esas exigencias cuando colisionen con el interés nacional.
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