OPINIÓN/ El circo político peruano: nuevos récords de caos e inestabilidad
Escribe: César David Gallo Lale

Teniente General FAP
![]()
De Toledo a Vizcarra, de Castillo a Boluarte, de Jerí a Balcázar, la secuencia es la misma: Inestabilidad, corrupción endémica, incapacidad moral, continuas vacancias, gabinetes efímeros y un Congreso que elige presidentes como quien cambia de camisa
![]()
No conforme con ostentar el grosero récord mundial de presidentes en los últimos nueve años y más de 300 ministros en ese mismo lapso, el Perú acaba de batir una nueva y miserable marca. Hace apenas 27 días que el Congreso ungió a José María Balcázar como presidente interino, el noveno mandatario en una década, y ya acumula tres premieratos en 24 días. Al primero, Hernando de Soto, lo designó sin llegar a juramentarlo el tercer día de su mandato; la segunda, Denisse Miralles, “fue renunciada” a los 21 días de asumir su gestión; y hoy tenemos un nuevo premier: General de División EP Luis Enrique Arroyo.
En paralelo, el bufón interino ha nombrado y removido ministros, llegando a la cifra alarmante de 24 cambios en menos de un mes. Esta realidad, un circo, no es una anécdota; es el síntoma terminal de un sistema que se desmorona en tiempo real.
Es igualmente escandaloso observar cómo instituciones clave, como el Colegio de Abogados de Lima, han avalado nombramientos cuestionados. Personeras y fiscales con denuncias constitucionales acumuladas, incluso aquellas defenestradas por la Junta Nacional de Justicia por actuaciones sesgadas e ilegales, siguen encontrando respaldo en colegios profesionales que deberían ser baluartes de la ética. Cuando los administradores de justicia, jueces, fiscales y defensores, provienen en su mayoría de estos mismos círculos, el conflicto de intereses se vuelve estructural.
El resultado es una administración de justicia capturada, plagada de corrupción, que ha marcado a presidentes desde el borracho y mujeriego Alejandro Toledo, condenado por coimas y prostitución, pasando por el genocida y delincuente Vizcarra, hasta el actual prontuariado Balcázar.
Pero el problema no se detiene en Palacio de Gobierno. Perú arrastra una informalidad que ronda el 70 % de la economía y de la fuerza laboral. Millones sobreviven en actividades ilícitas, sin contratos, sin seguridad social y sin aportar al fisco, perpetuando un ciclo de precariedad que debilita al Estado.
A esto se suma el lastre histórico de la anemia infantil, que afecta a casi el 50 % de los niños y compromete irreversiblemente el desarrollo cognitivo y productivo de la población adulta futura. No es casualidad que un país con semejante brecha en capital humano produzca instituciones frágiles y liderazgos mediocres. Cuando la mitad de la población crece en condiciones que limitan su potencial, el electorado y la clase política reflejan esa misma debilidad estructural.
![]()
Este circo de payasos, absurdo, vulgar y repetitivo, es el que vive la nación día a día: Funciones grotescas donde bufones de turno juran lealtad a la Constitución para luego traicionarla en los siguientes días.
![]()
