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OPINIÓN/ El espejismo de la planta de regasificación: lecciones y desafíos tras la crisis del gasoducto de TGP

Escribe: Mg. Ing. José Antonio Mansen Bellina

Es imperativo evaluar la vulnerabilidad del actual gasoducto de TGP y establecer un plan de contingencias eficaz que evite nuevos desabastecimientos.

 

Contexto actual: entre la improvisación y la falta de planificación energética

En el marco de la actualización del Plan Estratégico de Desarrollo Nacional al 2050, liderado por CEPLAN junto al Ministerio de Energía y Minas, resulta preocupante la ausencia de políticas específicas que garanticen la seguridad energética del país.

Si bien, se ha promovido la masificación del gas natural mediante el programa FISE, orientado a hogares y vehículos, la crisis ocurrida el 1 de marzo de 2026, en el KP 43 del gasoducto de Transportadora de Gas del Perú (TGP), evidenció la fragilidad del sistema y la falta de previsión estatal. El desabastecimiento de gas natural a Lima, Callao e Ica durante 14 días no hizo sino revelar lo que muchos especialistas venían advirtiendo: no hay una hoja de ruta clara para el sector.

La voz de los «expertos» y el espejismo de soluciones inmediatas

Ante la emergencia, surgieron opiniones de autoproclamados expertos que plantearon soluciones rápidas, como la instalación de una planta de regasificación de gas natural licuado (GNL).

El Estado ha abandonado proyectos clave como la expansión del gasoducto hacia el sur del país, lo que limita el acceso de los departamentos del sur que podrían favorecerse con el acceso del gas natural residencial, uso industrial desarrollo petroquímico.

Actualmente en Camisea, se reinyecta diariamente entre el 20% y 35% del volumen total de gas natural producido, lo que equivale a 400 millones de pies cúbicos, debido a que no existe demanda, mientras las tuberías del frustrado Gasoducto Sur Peruano (GSP) permanecen abandonadas desde 2017.

El peso del pasado: el Gasoducto Sur Peruano y sus costos hundidos

El abandono del GSP por parte de la empresa española Enagás en el 2017, que dejó tuberías dispersas a lo largo del trazo, cuya custodia fue asumida por el Estado que ha pagado anualmente a una empresa privada, 47 millones de dólares, lo cual equivale a más de 1,175 millones de dólares.

En términos técnicos, las tuberías colocadas por Enagás en el área de instalarse es un «costo hundido», para el proveedor, porque retirarlas es antieconómico y oneroso, por eso no se entiende por qué las autoridades peruanas decidieron que el Estado asumiera la custodia de las tuberías. A ello se suma el laudo arbitral adverso de 302 millones de dólares que el Perú deberá pagar a Enagás, tras el fallo del CIADI.

Reservas limitadas y la necesidad de pensar en el largo plazo

El Libro Anual de Reservas de Hidrocarburos revela que, al ritmo actual de consumo, las reservas de gas natural alcanzarían solo para 13.5 años, salvo que se descubran nuevos yacimientos. Sin embargo, no existe una hoja de ruta que contemple este horizonte, cuyo futuro es una crisis energética, que sería inevitable, si no se actúa con visión estratégica.

En ese escenario, una planta de regasificación no debe entenderse como un simple respaldo ante fallas del gasoducto de TGP, sino como una infraestructura necesaria para cuando el país deba importar GNL.

¿Es viable una planta de regasificación en el Perú?

La planta de licuefacción de Perú LNG, ubicada en Pampa Melchorita, ofrece condiciones favorables para albergar una futura planta de regasificación, dado su diseño para recibir buques metaneros de gran calado; pero esta opción no es inmediata ni sencilla.

Los plazos estimados para su implementación serían:

  Diseño preliminar y definitivo: 1 año

  Estudio de Impacto Ambiental (EIA): entre 2 y 3 años, que incluyendo el trabajo de campo, gabinete, talleres informativos y aprobación por el Senace.

  Construcción: entre 2 y 4 años, según capacidad de la planta.

  Costo estimado: entre 500 a 700 millones de dólares

Además, sería necesario establecer acuerdos contractuales con Perú LNG para el uso de sus instalaciones.

Conclusión: la urgencia de una política energética con visión de Estado

  • La planta de regasificación no es una solución mágica ni un sistema redundante para contingencias inmediatas para el transporte de gas natural por el gasoducto de TGP.

  • El contrato de transporte de gas natural con Transportadora de Gas del Perú (TGP) culmina el 7 de enero de 2034, aunque se discute una propuesta de extensión.

  • La utilidad real de una planta de regasificación sería en el mediano plazo, cuando el país dependa de importaciones de gas, en caso de que no se explore y explote nuevos yacimientos de gas natural.

  • Es imperativo evaluar la vulnerabilidad del actual gasoducto de TGP y establecer un plan de contingencias eficaz que evite nuevos desabastecimientos.

  • El Perú no puede seguir improvisando. La energía es un pilar del desarrollo nacional y su planificación debe estar a la altura de los desafíos del futuro.

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