OPINIÓN/ «El Gabinete de las ratas»
Escribe: Luciano Revoredo

Director de La Abeja
recuerda la célebre zarzuela “La Gran Vía” cuyo momento más recordado es el “canto de los Ratas”, tres ladrones que se jactan de su habilidad para robar sin ser detectados y de cómo la policía siempre llega tarde
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La política peruana ha descendido un nuevo peldaño en su ya largo camino de degradación, y lo ocurrido en Palacio de Gobierno con el nombramiento del nuevo gabinete, no es solo una traición a Hernando de Soto, sino un abandono de la poca decencia que le quedaba a este oscuro gobierno de transición.
José María Balcázar, en una maniobra que destila la bajeza propia de la mafia más corrupta, desayunó con de Soto, aceptó sus condiciones para asumir la Presidencia del Consejo de Ministros y, mientras el economista esperaba la hora de su juramentación, recibió la puñalada cuando se enteró por televisión de que el cargo ya tenía dueña. Denisse Miralles, una figura reciclada del gabinete anterior, aparecía en pantalla y el país asistía a una opereta de mal gusto.
La denuncia que hace de Soto es devastadora porque desnuda la naturaleza del régimen: el “pacto mafioso” es hoy la columna vertebral del ejecutivo.
No hubo espacio para la sensatez técnica ni para los siete ministros independientes que propuso el economista para blindar el país. Lo que hubo fue una repartija inmunda. La mitad del gabinete actual está ocupada por piezas de César Acuña, quien no ha tenido el menor pudor en pedir públicamente que se mantengan sus cuotas en carteras estratégicas.
Alianza para el Progreso, ese basurero de la política, se ha convertido en el socio logístico de un proyecto que tiene a Vladimir Cerrón como el titiritero en la sombra. Es el coito contranatura entre el mercantilismo más rancio y el radicalismo comunista. Una cópula que ha dejado a de Soto “colgado” precisamente porque su presencia, más allá de las críticas que siempre le hemos hecho por su perfil globalista, garantizaba un nivel de prestigio y rigor que resultaba intolerable para quienes ven el Estado como un botín de campaña.
La bajeza de estas horas no es solo la traición a un hombre, sino la confirmación de que el comunismo y la mafia han sellado un acuerdo para controlar el tramo final hacia las elecciones, despreciando cualquier cuota de estabilidad a cambio de asegurar sus cuotas de poder.
Decíamos líneas atrás que habíamos asistido a una opereta de mal gusto. Opereta que nos recuerda la célebre zarzuela “La Gran Vía” cuyo momento más recordado es el “canto de los Ratas”, tres ladrones que se jactan de su habilidad para robar sin ser detectados y de cómo la policía siempre llega tarde o mira hacia otro lado. Entonces cantan “Ay que gracia tiene esta ratonera si se van las ratas de cualquier manera…”
El pacto mafioso es nuestra versión nacional de ese canto. Mientras el país observa el drama del gabinete, en las oficinas ministeriales las “ratas” de la política terminan de repartirse el botín con una impunidad insolente.
Al igual que en la zarzuela, aquí los personajes se mueven por las alcantarillas del poder con total destreza, burlándose de la sensatez y la decencia. Ante esta situación límite, el Congreso tiene la obligación moral de negar la confianza a este deplorable gabinete; ahí veremos, finalmente, quiénes son los que se suman al baile y quién es quién en esta repartija.
El Perú hoy duerme con un gabinete fruto de lo más bajo de la política y un presidente que ha demostrado que su única lealtad es con el pacto que lo mantiene en el sillón.
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