OPINIÓN/ El país no necesita un protagonista de campaña, necesita un estadista.
Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

Lo que realmente está en juego en esta elección.
La campaña se enciende. La incertidumbre también.
![]()
Plazas llenas. Escenarios desbordados de música. Coreografías ensayadas. Discursos encendidos que prometen redención inmediata.
Y, sin embargo, muchos de los rostros no son nuevos.
Son conocidos. Tienen pasado. Tienen gestión evaluable. Tienen decisiones cuestionables que ya impactaron presupuesto, instituciones y confianza pública.
No estamos ante apuestas inéditas.
Estamos ante regresos.
La pregunta no es si llenan plazas.
La pregunta es por qué vuelven a ser opción.
No es ignorancia. Es desgaste.
Durante años el país ha visto cómo investigaciones se dilatan, cómo responsabilidades políticas se evaporan, cómo los escándalos se reciclan hasta perder capacidad de indignar. Cuando las consecuencias no llegan, el mensaje que se instala es devastador: aquí nada excluye.
-
Si la corrupción no inhabilita,
-
si la ineficiencia no penaliza,
-
si el abuso del poder no tiene costo real,
LA VARA MORAL BAJA.
Y CUANDO BAJA LA VARA, EL ESTÁNDAR DEMOCRÁTICO TAMBIÉN.
El espectáculo como estrategia
Esta campaña confirma una tendencia: la política convertida en entretenimiento.
-
Más volumen que contenido.
-
Más coreografía que propuesta.
-
Más identidad emocional que evaluación de resultados.
La emoción moviliza.
![]()
La razón exige memoria, pero la memoria incomoda
Obliga a revisar cifras, decisiones, contratos, designaciones, silencios cómplices y estructuras de poder que no fueron casuales.
CUANDO LA POLÍTICA SE VUELVE ESPECTÁCULO, LA GESTIÓN SE VUELVE INVISIBLE.
Y eso no es ingenuidad: es estrategia.
El financiamiento que nadie quiere mirar
Las campañas cuestan. Mucho.
Escenarios, publicidad, movilización, logística, redes, operadores.
![]()
La pregunta incómoda es inevitable ¿De dónde sale el dinero?
Cuando organizaciones aparecen con maquinaria electoral aceitada, la discusión no es ideológica. Es financiera.
EL DINERO NO ENTRA A LA POLÍTICA SIN ESPERAR RETORNO.
Y CUANDO EL RETORNO ES ACCESO AL ESTADO, CONTRATOS, REGULACIÓN FAVORABLE O BLINDAJE INSTITUCIONAL, LA DEMOCRACIA DEJA DE SER COMPETENCIA Y SE CONVIERTE EN INVERSIÓN.
Ahí empieza la captura.
No siempre con discursos radicales.
A veces con sonrisas, música y promesas amplias.
Entre la firmeza y la conducción
La crisis reciente, detonada tras la censura de Jeri y el reacomodo parlamentario que permitió a Perú Libre recuperar espacios de poder, es una muestra de cómo la política real opera más allá del discurso público.
Hoy es fácil señalar a un solo responsable. Es cómodo, vende titulares y simplifica la conversación. Pero la verdad es menos simple y mucho más incómoda.
El país no se desordenó por una sola persona. Se desordenó porque durante años el Congreso, los otros poderes del Estado, buena parte de la clase política y de los medios de comunicación actuaron priorizando intereses propios antes que la estabilidad institucional. La censura no fue un hecho aislado: fue el resultado de cálculos, alianzas tácticas y movimientos de supervivencia política.
![]()
Si hubo errores, en política tener razón no basta
También es necesario anticipar cómo reaccionarán quienes operan bajo lógicas de poder antes que bajo principios. Cuando no se prevé la jugada, el vacío lo ocupa quien mejor maneja el tablero.
LA DECENCIA ES INDISPENSABLE.
LA FIRMEZA TAMBIÉN.
PERO LA CONDUCCIÓN EXIGE ALGO MÁS: SERENIDAD ESTRATÉGICA.
HAY UN SECTOR IMPORTANTE DEL PAÍS QUE COMPARTE EL DIAGNÓSTICO ORDEN, ÉTICA, RECUPERACIÓN INSTITUCIONAL, PERO OBSERVA CON CAUTELA EL TONO Y LA FORMA. NO DUDA DEL FONDO. DUDA DE LA ESTABILIDAD QUE PUEDE PROYECTARSE EN ESCENARIOS DE ALTA TENSIÓN.
Y en política, la percepción también construye realidad.
La firmeza suma.
LA CONFRONTACIÓN PERMANENTE DESGASTA.
La indignación moviliza a los convencidos, pero no siempre amplía la base.
CONDUCIR NO ES SOLO DENUNCIAR.
Es anticipar.
Es construir mayorías.
ES EVITAR QUE ERRORES TÁCTICOS TERMINEN FORTALECIENDO A QUIENES SE PRETENDE DESPLAZAR.
Porque cuando el adversario recupera espacio no siempre es por mérito propio, sino por fallas de cálculo o forma propia.
EL DEBATE NO LO GANA QUIEN ATACA MÁS
En los próximos días llegará el momento decisivo
EL DEBATE.
Y conviene decirlo con claridad: el debate no lo gana quien grita más fuerte ni quien ataca con mayor agresividad. Tampoco quien acumula frases duras para las redes.
El debate lo gana quien expone con claridad su plan de gobierno, quien demuestra solvencia técnica, quien transmite serenidad bajo presión y quien logra conectar con la ciudadanía sin perder firmeza.
La confrontación puede generar aplausos inmediatos.
LA EXPOSICIÓN CLARA DE IDEAS GENERA CONFIANZA.
LA CRÍTICA CONSTANTE MOVILIZA A LOS CONVENCIDOS.
EL PLAN BIEN EXPLICADO CONVENCE A LOS INDECISOS.
SI HAY ASPECTOS QUE FORTALECER COMO ESTRUCTURA PROGRAMÁTICA, COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA, CONEXIÓN EMOCIONAL EL CAMINO NO ES NEGARLO, SINO PREPARARSE.
La política no es solo convicción.
Es preparación.
El momento del debate será la prueba real de conducción.
Ahí no bastará la denuncia.
Se necesitará propuesta.
No bastará la indignación.
Se necesitará visión.
Y también carisma.
No como espectáculo vacío, sino como capacidad de transmitir esperanza creíble. La gente no solo quiere corrección técnica; quiere sentir que quien lidera entiende sus frustraciones y puede guiarlos con estabilidad.
![]()
La estocada final no se da con soberbia ni con ego
![]()
Se da con ideas claras, con serenidad, con solvencia y con una conexión auténtica con el país profundo.
COMO EL SALTO PRECISO DEL GALLO DE PELEA, NO SE TRATA DE AGITACIÓN PERMANENTE, SINO DE ELEGIR EL MOMENTO EXACTO CON EQUILIBRIO Y DETERMINACIÓN.
