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OPINIÓN/EL SHOW DE JERÍ

 Por: Luis Gonzales Posada.

Jeri ha vuelto a sus andadas, visitando los penales de Huaral, Ancón y Huacho. Repite, así, el mismo libreto de hace tres meses, cuando concurrió a las cárceles de Lurigancho y Sarita Colonia en el Callao.

Fueron shows mediáticos, en busca de promover la imagen de un mandatario joven en acción, vestido con camisa blanca, mangas remangadas, jean azul y zapatillas deportivas, supervisando centros penitenciarios donde encontró celulares, cuchillos, armas de fuego y drogas ocultas en las paredes o sacudiendo enmohecidos colchones. Luego exhibió a los reclusos de rodillas, con las manos enmarrocadas y pies con grilletes, pretendiendo imitar el estilo del mandatario salvadoreño Nayib Bukele.

En esas visitas ingresó acompañado del comandante general de la PNP y de altos mandos de esa institución, que deberían estar ocupados en atender los muy graves problemas de la inseguridad y no oficiando de escoltas del mandatario.

También lo vimos iracundo, pateando puertas, escoltado por guardaespaldas y camarógrafos que filmaban todos los ángulos del planificado espectáculo.

La concurrencia a estos locales fue —sin duda— ganar puntos y sacudir una imagen ennegrecida por involucrarse con el empresario chino Zhihua Yong (tío Johnny), operador de compañías asiáticas investigadas por actividades mineras ilegales, a quien visitó camuflado con una capucha y lentes oscuros.

Sin embargo, la maniobra hace agua de acuerdo con la encuesta de Datum, que registra que ha perdido 15 puntos de aceptación (bajó de 58 % a 41 %) y el rechazo a su gestión aumentó 19 puntos (de 30 % a 49 %).

Las reuniones con ejecutivos asiáticos son calificadas de graves o muy graves por el 81 % de consultados, mientras el 85 % considera que la criminalidad aumentó o sigue igual en su mandato.

Pero Jerí cree revitalizar la imagen ingresando a los penales, un espectáculo ampliamente cubierto por la prensa.

El problema, empero, es muy grave y no se resuelve con fuegos artificiales.

En 2011, había 48,789 reclusos; hoy superan los 100 mil, más 2 mil menores que pernoctan en centros juveniles.

El penal del Callao tiene capacidad para 580 reos y cuenta con 3,248 (503 % de exceso); el cupo de Lurigancho es 3,204 y acoge a 9,581 (187 % demás); Castro Castro puede hospedar a 1,142 y aloja a 5,367 (superávit de 360 %). En provincias, Huacho dispone de 644 plazas y hay 1,934 personas; Piura tiene espacio para 1,564 y habitan 3,897; en Apurímac hay sitio para 90 y se encuentran 465, mientras en Jaén existen 5 veces más internos de los que pueden albergar.

En suma, la capacidad de albergue a nivel nacional es 41,764 y la población penitenciaria escala a 103 mil; un 147 % demás.

El país quiere cambios, no maquillaje; trabajo, no espectáculo o deslumbrantes fuegos artificiales, menos aún en un tema vinculado a la seguridad y los derechos humanos, especialmente cuando bandas criminales se desplazan en todo el territorio nacional, matando y extorsionando a los ciudadanos.

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