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OPINIÓN/ Tarjeta amarilla para Jerí

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

Sus disculpas tardías y su compromiso de no repetir el mismo error garantizan muy poco. Comenzando porque la suspicacia no apunta al error sino al delito. “La mujer de César no sólo debe ser honrada, debe también parecerlo” reza un apotegma indiscutible.

 

Nadie necesita tener dotes de mentalista para percatarse de que el presidente Jerí dilapidó su envidiable popularidad en una sola noche. Su visita nocturna y veraniega al empresario chino Zhihua Yang el 26 de diciembre de 2025, ataviado  de pies a cabeza en un traje deportivo e invernal, portando un morral, para llevar o retirar no sabemos qué todavía, no deja de ser una idiotez, pero esencialmente es un signo de más que presunta corrupción.

Jerí gozaba de un cierto favor público por su juventud y proactividad, que disminuía lentamente pero que aseguraba cierta tranquilidad social de cara a las elecciones. Ahora esa percepción ha desaparecido y, en otras circunstancias, podría haber dado lugar a una (a otra) vacancia presidencial en el Perú. Pero las elecciones están a la vuelta de la esquina y cualquier eventual (y razonable) moción de vacancia no dejará de ser un simbolismo.

No obstante ello, Jerí ya está en el ojo público como sospechoso de corrupción. En términos deportivos, la opinión pública le sacó tarjeta amarilla. Una evidencia más, un escándalo adicional y ni el Chapulín Colorado podrá salvar al mandatario de la expulsión.

El señor presidente debería tomar en serio el riesgo que corre y anotar que, a partir de ahora, camina al borde del precipicio. Si quiso hacer algún negocio, o incluso si lo hizo, no debería intentarlo nuevamente. El país está escaldado de tanta putrefacción en el ejercicio de la función pública y no tiene vocación de tolerancia. Jerí acabará siendo el presidente que nos enrumbó (otra vez) a la democracia o el gestor final de la fábrica de detritus en que se convirtió Palacio de Gobierno. Aún puede elegir cómo quiere irse.

Sus disculpas tardías y su compromiso de no repetir el mismo error garantizan muy poco. Comenzando porque la suspicacia no apunta al error sino al delito. “La mujer de César no sólo debe ser honrada, debe también parecerlo” reza un apotegma indiscutible. Sin embargo nuestros presidentes parecieran disfrutar de ponerlo en cuestión.

Jerí es un accidente y por eso podrá sobrevivir a su propia impertinencia. Discreción es la palabra clave. Intente, señor presidente casual, no pecar de lo contrario. Hay una campaña electoral en curso para elegir a nuestros próximos gobernantes y legisladores. No nos distraiga con escandaletes y dedíquese a administrar la transición. Punto.

Dicho esto, no sé si esta noche o pronto se sepa algo más, que pueda modificar la voluntad social. Mientras tanto, mantendré la idea de que no vale la pena vacar al señor presidente accidental.

Pero, del otro lado, hay una oferta todavía miserable. Nadie sabe qué plantean los candidatos para el período 2026-2030 y tenemos temas impostergables que atender. Necesitamos escuchar propuestas verosímiles, pero sobre todo que nos digan qué modelo de país sugieren y cómo van a lograr ese proyecto nacional.

Están los corruptos de siempre que, suponemos, no obtendrán el voto imprescindible. Están los corruptos menos visibles aún pero que ya cargan con la duda a cuestas. Y están aquellos que son auténticos desconocidos, de entre los cuales el elector escogerá a nuestro siguiente mandatario y a nuestros próximos congresistas. Si se preguntan por qué hay tantos candidatos, la responsabilidad es de Martín Vizcarra y de Fernando Tuesta, que diseñaron adrede este estropicio. Los asaltantes de la Hacienda Pública se hicieron cargo del resto. O sea, hay más aspirantes a ladrones del tesoro que nunca. Discriminar, para bien, es un deber ciudadano. No dudemos en ejercerlo.

Las preguntas son sencillas: qué modelo de país nos proponen, cuáles son los ejes de esta propuesta y cómo dispondrán los recursos para lograrlo. No aceptemos ninguna vaguedad. Sólo respuestas concretas.

¿Quieres hacer del Perú una potencia mundial? Dinos cómo. ¿Quieres eliminar el hambre y la pobreza? Dinos cómo. ¿Quieres terminar con la inseguridad? Dinos cómo. ¿Quieres lograr una gestión limpia del Estado? Dinos cómo. Luego comparemos las respuestas y sólo luego votemos. No parece muy difícil.

Votar por simpatía o por antipatía es un profundo error. Que capturen nuestra imaginación con propuestas, no con lemas vacíos. Necesitamos cinco años de gestión competente y nos acostumbraremos. Ojalá que haya quién pueda expresarlo y que, luego, no nos traicione. La patria lo demanda y el pueblo así lo exige.

Nunca como hoy nuestro voto cuenta. No se trata de izquierdas, centros o derechas, todos son capaces de delinquir. Se trata, parafraseando a Den Xiaoping, de encontrar al gato que cace ratones, sin importar de qué color sea. Señores candidatos, ayúdennos a descubrir cuál de ustedes es ese gato. Déjennos a nosotros descubrir a las ratas que nos quieren hacer creer que son gatos. Lo haremos con gusto.

A estas alturas las encuestas sólo nos dicen que la gente está a la búsqueda y que desconfía de todos. La tarea de los candidatos es conquistar la confianza extraviada. Gran tarea. En menos de tres meses sabremos si alguien lo logró.

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