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OPINIÓN/ Un lóbrego panorama

Escribe: Ricardo León Dueñas

 

la extrema pobreza de la oferta electoral avizora un lóbrego panorama para los próximos años. Tanto en la carrera presidencial como en la parlamentaria, hay una tan extensa como paupérrima lista de candidatos

 

 

Cuando creíamos que la política peruana había tocado fondo, otro escándalo la vuelve a remecer. Esta vez le toca —por enésima vez— a la alicaída figura de la Presidencia de la República. Unas tan vergonzosas como surrealistas reuniones clandestinas en un chifa de quinta categoría y en una tienda de caramelos (clausurada, para más señas) envuelven al presidente José Jerí —capucha y gafas de sol de por medio— con oscuros y controvertidos empresarios de origen chino que tienen, además, cuestionables relaciones con el Estado.

Como si las reuniones clandestinas de Sarratea de Pedro Castillo o los relojes de lujo, aretes de oro y cirugías plásticas de Dina Boluarte no fueran suficientes alertas para “cuidarse” en salud, la joven “promesa” de la política peruana, el mandatario por accidente José Jerí, incurre en una reprobable acción que bien le puede valer perder el poder obtenido hace unos cuantos meses y que le venía proporcionando un inesperado y sorpresivo respaldo ciudadano por el dinamismo con que lo ejercía.

Lo peor de todo es que su torpe —por ser cauto— accionar sucede cuando nos hallamos a tan solo unas pocas semanas de unas elecciones presidenciales y parlamentarias claves —como pocas— para el futuro del país, y lo que menos se necesita es ruido político desde quien se supone debe garantizar un proceso limpio, tranquilo y, sobre todo… transparente.

La profunda irresponsabilidad y frivolidad de Jerí viene, por supuesto, acompañada de un Congreso desprestigiado y oportunista (finalmente, el presidente proviene de ahí), que ya alista una previsible moción de censura a la Mesa Directiva (habida cuenta de que Jerí es tan solo un congresista encargado de la presidencia), lo que, para fines prácticos, resultaría —de prosperar esta figura— una nueva vacancia presidencial, la tercera en poco más de tres años. Peor, imposible.

De otro lado, la extrema pobreza de la oferta electoral avizora un lóbrego panorama para los próximos años. Tanto en la carrera presidencial como en la parlamentaria, hay una tan extensa como paupérrima lista de candidatos —salvo muy honrosas excepciones— a ocupar cargos públicos que, de pronto, vamos a terminar por extrañar a los que tenemos hoy en día, algo que se ha venido repitiendo penosa e increíblemente a lo largo de los últimos años.

No exageramos un ápice cuando podemos contar con las justas uno que otro candidato que merezca cierto nivel de aprobación, de acuerdo con las presentaciones que se han visto. No habiendo arrancado aún con fuerza la campaña electoral, nada indica que la cosa vaya a mejorar, más bien a empeorar, conforme se acerque el día de las elecciones.
Por lo pronto, y de acuerdo con nuestras “infalibles” encuestadoras, ningún candidato presidencial despunta. Todos están en cifras exiguas para quien aspira a manejar un país y, en cuanto a las listas congresales, lo único rescatable —si cabe— es que la valla electoral hará que desaparezca tanta “franquicia política” indeseable.

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