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OPINIÓN/ Una crisis política más

Escribe: Ricardo León Dueñas

lo cierto y real es que, de cara al futuro, el nuevo Senado deberá abocarse a dotar a la figura presidencial de cierto nivel de protección y natural blindaje.

 

Escribo estas líneas horas antes de conocerse el desenlace de la última crisis política que derivó en la censura-vacancia del presidente José Jerí a los pocos meses de haber sucedido a la vacada exvicepresidenta y luego presidenta Dina Boluarte, que a su vez reemplazó al también vacado por golpista Pedro Castillo, elegido el 2021. Es decir, en este periodo presidencial de cinco años vamos a tener cuatro mandatarios contando a quien sustituya a Jerí o de pronto cinco… quién sabe. Cabe indicar que en el periodo 2016-2021 tuvimos cuatro presidentes (Kuczinsky, Vizcarra, Merino y Sagasti).

Hoy, el pleno del Congreso debe elegir a su presidente, el mismo que automáticamente se convierte en el presidente del Perú. Acorde a la mediocridad del Congreso, la baraja de candidatos es muy pobre, sobresaliendo la primera expresidenta de este mismo Parlamento, la correcta abogada de Acción Popular, Maricarmen Alva, quien ojalá pueda acceder a la presidencia en medio de un enrarecido proceso electoral. El resto de candidatos son, por decir lo menos, deplorables, aun para el estándar de los actuales congresistas.

Mucha gente, comprensiblemente, opinaba que Jerí debía quedarse hasta el final de su mandato; lo decían reconociendo que las trapacerías y conductas impropias de un presidente no eran óbice para continuar al mando del país. Nunca compartimos esta visión: el joven abogado que se encontró -sin saber leer y escribir- con la más alta magistratura de la nación degradó la institución presidencial de manera tan vertiginosa como lo fue su ascenso y súbita popularidad al inicio de su gestión. Jerí se compró todos los boletos para que sea echado del poder, como también pasó con su antecesora, Boluarte. Ninguno dio la talla mínima para el encargo.

Por supuesto que es una mala señal aquí y en donde sea cambiar de presidentes como se cambian pañales a los bebés, pero también es cierto que hay conductas inaceptables que en nuestro concepto deterioran más la imagen de los países que estos cambios presidenciales. Que en otras latitudes estas conductas se acepten como normales o sean consideradas parte del juego político, no significa que nosotros tengamos que actuar igual. De hecho, aquí, por alguna providencia divina -presumo-, estas crisis políticas corren por cuerdas separadas de la economía y del normal desenvolvimiento de la sociedad. ¿Raro no? Pero cierto.

En todo caso, más allá de la estéril y muchas veces bizantina discusión en las que los abogados nos entrampamos, en esta oportunidad sobre si lo constitucional era la censura o vacancia de un presidente encargado del poder por el Congreso, lo cierto y real es que, de cara al futuro, el nuevo Senado deberá abocarse a dotar a la figura presidencial de cierto nivel de protección y natural blindaje. Claro, siempre y cuando el mandatario no resulte un sinvergüenza que se ampare en el lógico miedo a una supuesta inestabilidad que motive que el país tenga que soportar su presencia hasta el final. Menuda tarea la que le espera a los nuevos “padres -y madres- de la patria”.

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