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OPINIÓN/ Y el cadáver, ay, siguió muriendo

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

 

Enfrentarnos entre peruanos sólo nos llevará a un nuevo lustro de frustración.

Teníamos un presidente sicalíptico. No se trata de una excepción. Estados Unidos también… y los tuvo antes. Otros países, igual.

Teníamos un presidente cleptocrático. Otros hubo antes y el modelito abunda por doquier.

Jerí era, hace más de treinta días, un zombi por razones de indignidad pero el país estaba intoxicado de indignidad y había perdido su capacidad de indignación. Eso de que se perdona el pecado pero no el escándalo parecía incluso en cuestión.

Cuando de pronto, un día antes de la sesión para debatir la censura al entonces presidente, Bernie Navarro dictó la instrucción de la Casa Blanca: Jerí no debía irse. Parece que quien tuvo la primicia fue Keiko Fujimori.

A pesar del ucase de Trump, una amplia mayoría de congresistas optó por aprobar cada una de las siete mociones de censura que terminaron sacando a Jerí de Palacio de Gobierno.

Ahora viene Balcázar con una mochila de denuncias e investigaciones en la espalda. Habrá que decir que su rival no fue difícil de vencer. El país tenía en la retina su falta de buenos modales que, en combinación con su cabellera rubia, la hacían detestable para muchos congresistas.

También deberá admitirse que alguna de las denuncias contra el nuevo presidente data de trece años o más y que fue reactivada por la suspendida y cuestionada fiscal Delia Espinoza hace muy poco.

Por último, igual debe señalarse que la destitución como juez supremo le fue aplicada por el Consejo Nacional de la Magistratura, que fue disuelto porque la mayoría de sus miembros, dicen que, eran parte de los llamados “Cuellos Blancos”. ¿Cuándo fue que dejaron de serlo o todo vale?

También se imputa al flamante presidente transitorio haber declarado que estaba a favor del matrimonio y del sexo temprano a partir de los catorce años. Eso es una opinión y si Renovación Popular, tan puritano, ignoró el tema y facilitó la elección de Balcázar (ni siquiera sacó un comunicado tomando distancia) no veo cómo otros puedan ahora rasgarse las vestiduras. Puede decirse, y así lo diría yo, que fueron declaraciones desafortunadas, que quizá debería rectificar o morigerar, pero las opiniones no son sancionables y están protegidas por la libertad de expresión constitucional.

A cambio debe reconocerse que Balcázar dirigió, impecablemente, la selección de los miembros del nuevo Tribunal Constitucional. Cada uno superó largamente los 87 votos requeridos, que acreditan el consenso congresal. Al respecto, los únicos que lloran son los caviares porque los suyos, que habían vencido largamente sus períodos, tuvieron que irse.

Todo parece ser crepuscular en el país. Pero la oscuridad, por muy oscura que sea, no termina con la ilusión tan peruana que el día que viene será mejor. Aunque la experiencia nos grite que probablemente será peor. Eso también es el Perú.

Nada indica que la luz sea clara, baste leer los planes de gobierno, baste ver las listas de candidatos al nuevo congreso. No perdamos el tiempo señalando culpables. Lo son todos, lo somos todos. Unos más que otros, pero todos.

Aún tenemos opción, sin embargo, y la opción no es una persona, ni siquiera un conjunto de personas. Es un concepto que puede calar nuevamente: somos (o queremos ser) una nación. No entendemos todavía lo que eso significa, pero sabemos distinguirlo cuando surge. En México 1970 o en Seúl 1988 o en Rusia 2018 o en algunos pocos momentos de nuestra vida política. Allí nos unimos e incluso lo cantamos. Sí, sabemos sentir orgullo.

Significa igualmente limitar (reducir) nuestras discrepancias al mínimo, significa identificar y desarrollar nuestras potencialidades ciertas al máximo. Y hacer un pacto-país, como mínimo para diez años, para confrontar menos y hacer más.

Eso quiere escuchar el Perú y no es su culpa que nadie lo diga, que nadie lo grite. Los oídos están listos. Lo que funciona no se cambia y lo que no, se reforma. Tan rápidamente como se pueda.

El verso vallejiano que nos sirve de título, es parte del poema Masa y nos recuerda que tenemos que pedirlo ¡todos! para que el cadáver vuelva a la vida. Enfrentarnos entre peruanos sólo nos llevará a un nuevo lustro de frustración.

¡Abajo los que nos fraccionan!

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