salvo interpretación diferente, uno tiene todo el derecho a sospechar que, para CPI, el margen de error está en alquiler.
La última encuesta publicada por CPI me obliga, otra vez, a hablar de las encuestas y de las encuestadoras. Porque lo que fue bueno ayer no necesariamente es bueno hoy y mucho menos mañana. Espero que este artículo sea útil.
LA TÉCNICA YA NO FUNCIONA
Las encuestas, como método estadístico cuantitativo, son una herramienta del mercadeo. Funcionan con los productos hasta que pasan de moda. Funcionan menos con los servicios, donde la subjetividad es un factor diferencial.
Alguien, hace más de medio siglo, consideró que era posible aplicarlas a la política electoral y durante un tiempo funcionaron bien. Pero claro eran los tiempos de pocos partidos y de ideologías claras. Eso, salvo en unos pocos países, ya no existe más. La multiplicación de las candidaturas es una característica de las sociedades de hoy. Y el Perú es escenario del récord mundial.
Por otro lado, el agotamiento de la democracia ha dado lugar a opciones prodictatoriales de diferente signo. Igualmente los valores nacionales, aparentemente subordinados a un modelo político global, han reaparecido con fuerza y han adoptado formatos diferenciados de acuerdo a la tradición histórica de los pueblos.
Leer esta evolución no es fácil y su proyección estadística lo es todavía menos. La política es un territorio de subjetividad extrema donde los factores involucrados son múltiples. Por tanto, se necesita asumir el hecho de que las encuestas son ahora un instrumento aproximativo, que se aproxima cada vez menos a la realidad. Admitirlo será un acto de sinceridad, de registro de la simple constatación fáctica. Es hora de buscar nuevas técnicas antes de que las encuestas se conviertan en una herramienta de campaña, (como ya está sucediendo) que se puede comprar y vender o negociar de algún modo.
Digo esto con plena conciencia de lo que estoy afirmando. Ya no basta con señalar que las encuestas son sólo una fotografía del momento y que las cosas pueden cambiar en el período de prohibición de su difusión (que ahora será sólo de 72 horas). Se trata de aceptar que también constituyen un modo de orientar intencionalmente el voto ciudadano.
EN CONCRETO QUÉ
Hay empresas de investigación de mercado que se autorregulan y otras que no. La Asociación de Empresas de Investigación de Mercado (APEIM) asegura estándares técnicos y brinda capacitaciones y actualizaciones a sus asociados, que son ahora 21 en total. De ellas, tres se dedican a la investigación electoral: Ipsos, Datum y CPI (antes lo hizo también Imasen, pero ya no). Comencemos por allí. Si una empresa encuestadora no está en APEIM (por ejemplo CIT o IEP), deberíamos al menos dudar de ella. En lo personal, simplemente no le hago caso a ninguna que no esté asociada. Sus sesgos son demasiado evidentes. Y su manejo técnico es ampliamente cuestionable. Por ejemplo, el uso de la entrevista telefónica o electrónica, en comparación a la entrevista presencial, es de inferior calidad, sobre todo porque complica la supervisión.
Ahora hablemos de las tres que sí están asociadas a APEIM y que brindan el servicio de investigación del “mercado electoral”. Aparentemente Ipsos y Datum son serias y sólo sufren del agotamiento del instrumento aquí y en el mundo. Usualmente sus resultados son muy parecidos. Pueden equivocarse, y se equivocan, de buena fe (digamos). No es el caso de CPI.
Un concepto fundamental en los estudios cuantitativos es el margen de error. Quiere decir que el propio estudio admite que, con una muestra representativa del universo (en este caso, la población electoral), se puede equivocar, para arriba o para abajo, en un determinado porcentaje. Lo usual es ± 2.8%.
Lo curioso del último estudio de CPI es que se diferencia de los estudios de Ipsos o Datum, en que al puntero le asigna un valor superior equivalente al margen de error para arriba y, a sus seguidores, se los aparentemente aplica hacia abajo. Para ello es indispensable cuadrar los números y entonces aparecen cosas raras. En este caso por ejemplo, la inexistente candidatura de Susel Paredes (no olvidemos que los aspirantes posibles ya se registraron hasta el 7 de noviembre y allí no estaba para nada la ex actriz de Torbellino). O sea, se les fue. Ergo, salvo interpretación diferente, uno tiene todo el derecho a sospechar que, para CPI, el margen de error está en alquiler.
No sé si en CPI alguien llegue a leer este artículo, ojalá que sí. Así podrán desmentirme si estoy equivocado.
Lo dudo sinceramente. No quiero remontarme a la época de Montesinos.