DESTACADASOPINIÓN

OPINIÓN/ Israel, Líbano y Hezbollah: listo a estallar

Escribe: Ernesto Bustamante*

Ernesto Bustamante (@ErnesBustamante) / Posts / X

 

el Líbano y Hezbollah se encuentran en una coyuntura delicada. Todo ello afectando la necesidad imperativa de Israel de proveer seguridad crítica al norte de su país y hacerlo inmune a futuros ataques -por encargo- de Irán

El sistema político del Líbano es complejo: el presidente debe ser cristiano maronita, el primer ministro musulmán sunita, el presidente del Parlamento musulmán shiíta, y tanto el viceprimer ministro como el vicepresidente del parlamento deben ser cristianos ortodoxos orientales. Es un amago de sistema de democracia parlamentaria que, en vez de usar criterios de mérito o hasta de género, pretende hacer balances de poder político fundamentados en criterios confesionales religiosos. Este modelo, instaurado en 1943, busca evitar tensiones sectarias y reflejar la diversidad de los 18 grupos religiosos reconocidos en el país. Sin embargo, en la práctica, el Líbano ha experimentado una inestabilidad constante, aproximándose a la condición de Estado fallido.

Pero desde hace 50 años hay un actor político nuevo. Hezbollah se ha consolidado como uno de los principales actores políticos en el Líbano; es un partido político formal con orientación musulmana shiíta que mantiene relaciones integrales y de dependencia con otro Estado: con Irán. Además de su intervención determinante en el escenario político libanés, contando hoy con una representación parlamentaria significativa (13 curules en un congreso de 128 miembros, elegidos en 2022; siendo que con sus aliados políticos suman 62 curules, casi una mayoría). Hezbollah cuenta con una estructura paramilitar relevante que opera de manera paralela al ejército libanés.

Hezbollah, creado durante la Guerra Civil Libanesa y la invasión israelí con apoyo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, evolucionó a lo largo de las últimas décadas: pasó de ser una milicia dispersa para convertirse en una fuerza militar regional capaz de desafiar al Estado de Israel en los conflictos armados de 2000 y 2006, donde obtuvo un éxito moderado.

En los años siguientes, Hezbollah intervino en la guerra de Siria, ayudando al gobierno sirio del presidente Bashar al-Assad a recuperar grandes partes del país de manos de los combatientes de la oposición. También envió asesores militares para ayudar a los grupos respaldados por Irán en la lucha contra el ISIS en Irak.

En el ámbito nacional, Hezbollah ha ejercido una gran influencia sobre el gobierno libanés desde 2006; ha logrado mantener un fuerte bloque parlamentario con sus aliados políticos y ha elevado a individuos cercanos al grupo a posiciones clave.

Tras el ataque que Hamas lanzó contra Israel desde Gaza el 7 de octubre de 2023, Hezbollah respondió iniciando una serie de lanzamientos de misiles al norte de Israel y enfrentamientos con tropas israelíes en la región sur del Líbano. Hacia finales de 2024, ambas partes alcanzaron un acuerdo de alto el fuego. Como consecuencia, las fuerzas militares de Hezbollah en el sur del Líbano resultaron considerablemente debilitadas, y desde entonces Israel mantiene una campaña casi constante de ataques de degradación, los cuales Hezbollah no ha logrado contrarrestar.

En agosto de 2025, el gobierno libanés solicitó a las fuerzas militares que elaboraran una estrategia para retirar las armas de Hezbollah antes de que acabara el año, siguiendo una propuesta hecha por EEUU. Un mes después, el ejército presentó al gabinete un plan progresivo para desarmar a Hezbollah, iniciando en la región sur del país, cerca del río Litani -a unos 30 kilómetros de la frontera con Israel- y avanzando hacia el norte hasta llegar a Beirut, seguido del resto del territorio nacional. El plazo marcado para completar el desarme en el sur venció el 31 de diciembre de 2025. Pese a ello, Hezbollah se ha negado a entregar sus armas; su líder, Naim Qassem, ha mantenido firmemente esa postura.

Mientras el debate interno en el Líbano sobre la autoridad exclusiva del Estado respecto a las armas se intensifica, los ataques israelíes al territorio libanés continúan de forma casi diaria. El miércoles 31, fuerzas israelíes bombardearon varias localidades del sur del país y destruyeron la última vivienda intacta en la ciudad fronteriza de Marwahin. Cabe destacar que las acciones militares israelíes no se han limitado al sur del río Litani; en noviembre, Israel llevó a cabo bombardeos en Beirut, resultando en la muerte del principal comandante de Hezbollah, Haytham Tabtabai.

Además de los ataques aéreos y las incursiones en el espacio aéreo libanés mediante drones de vigilancia, Israel mantiene la ocupación de cinco posiciones dentro del territorio libanés. Estas ubicaciones, situadas a escasa distancia de la frontera y en áreas elevadas, funcionan como puntos estratégicos de observación.

Asimismo, Israel ha obstaculizado la reconstrucción de aldeas destruidas durante el conflicto del año anterior, realizando periódicamente acciones contra el sector de la construcción en el sur del Líbano. Esto impide que Hezbollah pueda recomponerse.

Hezbollah arguye que cuando Israel detenga sus operaciones militares, estará listo para discutir una estrategia de defensa nacional para el Líbano que incorporaría las armas del grupo terrorista a las del ejército regular libanés. Esta propuesta, sin embargo, es una invitación a la autodestrucción del Líbano.

Hezbollah no ha sido capaz de disuadir los ataques israelíes, por lo que sus armas solo invitan a más ataques israelíes sin proporcionar una defensa significativa. Hezbollah, siendo un partido musulmán shiíta no debería poder tomar decisiones de guerra y paz por sí solo para todo un país con una pluralidad de confesiones religiosas en conflicto. La existencia de fuerzas armadas autónomas, no sujetas directamente a la autoridad gubernamental central, plantea además desafíos significativos para la consolidación institucional del Estado. Finalmente, se destaca que la alianza de Hezbollah con Irán puede influir en la orientación estratégica del grupo, alineando sus acciones con los intereses del denominado ‘eje de resistencia’ de Teherán en detrimento de los objetivos nacionales libaneses.

Es interesante notar que Estados Unidos, principal aliado de Israel, también es el mayor proveedor de armas para el ejército libanés. Por otro lado, Irán suministra armamento a Hezbollah. Aunque EEUU justifica su apoyo militar al Líbano como una forma de fortalecerlo frente a enemigos internos, esta postura resulta contradictoria: Hezbollah ofrece empleos adicionales, como conductores de Uber, guardaespaldas o choferes de camión, a los soldados del ejército libanés mal remunerados, lo que genera lealtades divididas entre muchos de estos militares.

Pero las cosas se complicaron para Hezbollah hace poco tiempo. El grupo abrió un «frente de apoyo» para respaldar a Hamás tras el estallido de la guerra de Israel en respuesta al ataque terrorista de Hamás desde Gaza.

Durante meses desde octubre de 2023, las operaciones militares israelíes se limitaron principalmente a la región fronteriza entre Líbano e Israel. Sin embargo, en septiembre de 2024, Israel lanzó una ofensiva en todo el país, asestando duros golpes a Hezbollah.

Las fuerzas israelíes mataron a la mayoría de los principales líderes políticos y militares del grupo (ataques con miles de ‘beepers’ explosivos), incluido su jefe, Hassan Nasrallah, que había alcanzado un estatus de ídolo para los seguidores de Hezbollah después de 2000 y la guerra de 2006.

El conflicto también ocasionó la destrucción de ciudades fronterizas en el sur del Líbano, forzando la despoblación a largo plazo del área. La guerra mató a miles de personas y desplazó a millones que pasaron meses lejos de sus hogares, muchos de ellos refugiándose en escuelas y otros edificios públicos.

Hezbollah, asediado, con aliados internos desangrándose y enfrentándose a un alto al fuego unilateral de facto y a continuos ataques israelíes, se encuentra ahora en una encrucijada. El Líbano afirma -falsamente- que su ejército avanza en la primera fase del plan de desarme. Sin embargo, Hezbollah afirma que no renunciará a sus armas ni a la lucha contra lo que llama la ocupación israelí.

En el Líbano, los intentos de su Estado de desarmar a Hezbollah por la fuerza podrían desembocar en un conflicto civil. A pesar de los ataques israelíes, Hezbollah aún cuenta con miles de combatientes, conserva un arsenal considerable y mantiene el apoyo logístico de Irán.

Los enfrentamientos entre el Estado libanés y Hezbollah serían catastróficos para el Líbano. Un conflicto interno también podría provocar que oficiales y comandantes del ejército, simpatizantes o asalariados de Hezbollah, se nieguen a luchar contra su propio pueblo.

En definitiva, el Líbano y Hezbollah se encuentran en una coyuntura delicada. Todo ello afectando la necesidad imperativa de Israel de proveer seguridad crítica al norte de su país y hacerlo inmune a futuros ataques -por encargo- de Irán. Es de esperar, entonces, como consecuencia inminente que Israel tome fuertes acciones militares contra Hezbollah en un territorio ampliado del Líbano para desarmar y abatir a sus enemigos.

*Congresista de la República del Perú

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *