NO ATRACO 

Por: Elmer Barrio de Mendoza

No se trata de hacer un panegírico o una apología, ni siquiera de rendir un homenaje. Se trata sólo de un reconocimiento.

No se trata de hablar de un hombre bueno para referirse, de pasada, a uno mismo. Tampoco se  trata de eludir la propia responsabilidad confiando en la caballerosidad de un caballero decimonónico vigente. Ni de obviar la inconducta disfrazada de tributo.

José María Salcedo De la Torre tiene un título indiscutible: es el periodista más querido del Perú. Nació en España, más precisamente en el País Vasco, pero nadie duda de su acrisolada peruanidad. Tampoco nadie duda de su honorabilidad ni de su limpieza intelectual.

Chema es intensamente divertido y capaz de enlazar el discurso más serio con la salida repentina más hilarante. Su vida es risueña y si alguna vez se enoja apenas si se nota. Dicen que la procesión va por dentro, pero José María la esquivó siempre, al menos a ojos vista. Aun ahora la sigue esquivando.

El cáncer se ensañó con él pero nunca nos privó de su talento. Talento supérstite en el afecto ecuménico que supo cultivar como quien no quiere la cosa, como quien no puede evitar ser querido.

Recuerdo que alguna vez, avisado a tiempo de que la dictadura de Morales Bermúdez lo quería detener, aceptó las llaves de un escarabajo prestado con propósito de fuga inexperta. Olvidó sin embargo que no sabía manejar salvo por imitación, y tuvo que dar innúmeras vueltas a la Plaza Bolognesi antes de poder salir hacia un destino tan seguro como cercano.

Chema es políglota fonético. Su habilidad para entonar diversos idiomas es proverbial. Y también fue confundido alguna vez con Gabriel García Márquez. Chema es todo un personaje.

Hace poco lo escuché en una insólita entrevista y en ella fue capaz de subrayar su amistad con alguien que no se había portado bien con él, porque José María es eso: un señor. Siempre estuvo, y ahora más, por encima de las pequeñeces.

Termino aquí porque, insisto, esto no es un panegírico ni una apología, ni siquiera un homenaje. Es sólo un reconocimiento al periodista más querido del Perú, ése a quien el nieto y la abuelita quieren abrazar.


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