La capacidad de síntesis será bien valorada. Lo bueno, si es breve, es doblemente bueno.
Mi padre era un sabio y sus frases eran notables. Hoy me referiré a dos de ellas, a propósito del “debate presidencial”, cuya primera etapa acaba de concluir.
Lo que no se puede decir en cinco minutos, no vale la pena decirlo
Múltiples quejas ha habido, respecto de la escasez del tiempo disponible. Si descontamos el minuto y medio correspondiente a la respuesta a la “pregunta ciudadana”, cada candidato dispuso de ocho minutos netos. Mucho más que lo que reclamaba mi padre.
Los moderadores no lo fueron y actuaron como intrusos y no como garantes del diálogo equilibrado. A ellos les toca velar por el cumplimiento de los compromisos y acuerdos previstos, evitar groserías e insultos y reencauzar el diálogo cuando se abandona el tema o se exagera o se concentra el ataque. Esto debería poder corregirse la próxima semana. A la ciudadanía le interesa escuchar a los candidatos y no a los moderadores que no moderan. Ellos son como los árbitros: cuanto menos se les note, mejor.
El debate, de por sí, es largo. No se necesita actores de reparto que se roben el show.
De los 34 candidatos, sólo Roberto Chiabra tuvo una presentación estructurada sobre los temas en cuestión: inseguridad y corrupción. El resto pensaba en quién debía ser su próxima víctima. Pero, claro, Chiabra no parece tener chance alguna.
La piñata mayor fue, como se suponía, Keiko Fujimori. La única que no lo supuso fue la propia Keiko, que se dedicó a contar cuentos mientras el resto la agarraba a garrotazos. A propósito de garrotazos, Rafael López Aliaga eligió, para bien o para mal, sobrevivir y no destacar.
López Chau optó por confirmar su último rol, el personaje que se va. Otros candidatos con posibilidades, prefirieron contentar a sus barras bravas, en particular Jorge Nieto que, siendo inteligente y ponderado con frecuencia, decidió convertirse en Popy. No lo estaba haciendo mal, cuando se convirtió en la segunda piñata. Salió a luz que había recibido pagos directos de OAS durante la gestión municipal de Susana Villarán y, lo que es aun peor e inmediatamente después del debate, que había sido alto funcionario de Fujimori entre 1996 y 1997.
Sacar la cabeza parece ser imperdonable en esta campaña. También se recordó que Nieto se había reunido con Dina Boluarte apenas ella sucedió a Castillo. Esos son hechos, no especulaciones. ¿Le habrá salido bien el negocio? Lo veremos pronto.
El resto de los candidatos son “extras”. Incluso Acuña, Forsyth y Luna, cuya estrategia es esencialmente parlamentaria. Y la elección congresal es otro asunto.
Cuando no tengas nada que decir, no digas nada
La mayoría de los candidatos habló cualquier cosa menos lo que correspondía a los temas establecidos. Muchos plantearon cosas que contradicen el espíritu y la letra de la Constitución. Puro floro, como dijo la candidata Molinelli… ¡y ella también full floro! Otros quisieron ser Bukele y resultaron caricaturas grotescas. Quizá Atencio y su Comando de Aniquilamiento se llevó las palmas en dura competencia con una tal Fernández que se enorgullece de que el marido que se le fue no sea gay.
Hacer valer las reglas parece lo más difícil en el Perú. Esperemos que Angélica Valdez y Pedro Tenorio lo hagan claramente mejor en las próximas jornadas.
Quienes sólo piensen en ataques deberían estudiar un poco o hacerse asesorar mejor, tienen tiempo y el esfuerzo nunca es inútil. Educación y empleo serán la columna vertebral de los próximos diálogos.
Las más recientes encuestas tienden a aproximarse. Si alguien compró alguna, el negocio ya casi no va a funcionar. ¡A bailar cada uno con su propio pañuelo!
Las distancias son cortas y hay casi una tercera parte de electores qué todavía no sabe con quien bailar.
Entonces a aprovechar bien los ocho minutos disponibles. La capacidad de síntesis será bien valorada. Lo bueno, si es breve, es doblemente bueno.