Caminemos en la ruta de la no confrontación. El Perú no da para otros cinco años de desbarajuste.
El domingo 17 sabremos quién será el contrincante de Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial. Así lo ha acaba de anunciar el presidente del Jurado Nacional de Elecciones Los escenarios posibles ya están planteados, aunque sólo uno es probable, al menos hasta este momento.
La ventaja de Roberto Sánchez sobre Rafael López Aliaga por el segundo lugar es irreversible, es mayor que el número de votos por contar y sólo queda algún recurso pendiente de decisión final del Jurado Nacional de Elecciones. O sea, c’est fini. Se cumplió el pronóstico temprano de Juan Carlos Tafur.
Toca respetar la decisión que anuncie el JNE y luego: de nuevo y a acomodarse.
El país vuelve a estar partido en dos y el voto nacional en tres: los que voten por Keiki, los que voten por Bobby (perdón por usar los sobrenombres divertidos que ha viralizado Ferraro) y los que elijan el voto blanco/nulo u opten por no concurrir. Ideal sería que tomemos posición pero no se puede obligar a nadie.
La ciudadanía tiene el derecho (y yo diría que el deber) de condicionar su voto. Primero, al cumplimiento de las promesas positivas de los candidatos. Segundo, al escrutinio permanente de su gestión administrativa y a la apertura de sus decisiones internas y al manejo de su financiamiento. Tercero, y lo más importante, a su propuesta para restaurar la unidad nacional hace tiempo extraviada.
Entendemos que hay líneas rojas: los equilibrios macroeconómicos no negociables, sobre todo el manejo monetario y la reducción ordenada del déficit fiscal; el estímulo a la inversión formal, principalmente allí donde tenemos ventajas comparativas claras: minería responsable, agroexportación y desarrollo portuario y la consolidación de programas sociales y ambientales macizos y eficientes.
El combate a la criminalidad, en ese marco, tendrá una lógica consistente e implicará inversión pública en estrategias de seguridad con norte claro. Igualmente sucederá con la priorización de los recursos a los servicios públicos fundamentales. Y también con la reorganización progresiva del Sistema de Justicia y sus principales operadores.
No creo que todos los partidos compartan esto, aparentemente tan sencillo, pero sí creo la mayoría del pueblo lo hará. Sin embargo, persiste un problema de credibilidad en los actores de este drama. Quien haga un esfuerzo verosímil ganará las elecciones. Esto supone un gran afán de sincera autocrítica y de corrección visible de conductas.
¿Podrá hacer algo así alguno de los candidatos? No parece posible pero dicen, recordando a Pandora (que no era un trío femenino), que lo último que se pierde es la esperanza.
Esto no fue, lo aclaro por si acaso, un artículo político, fue una imploración, probablemente inútil, pero indispensable. Caminemos en la ruta de la no confrontación. El Perú no da para otros cinco años de desbarajuste.