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OPINIÓN/ ¿Todos o la gran mayoría?

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

 

Construir la unidad nacional es, en consecuencia, desarrollar gestión competente en todos los niveles e instancias del poder formal mientras que, en paralelo se alcanza una mayoría social con capacidad de generación de alternativas viables.

Ayer escribía sobre la importancia de la unidad nacional tras unos pocos objetivos de corto y mediano plazo, que han devenido urgencia y prioridad. Creo que lo dije, pero mejor insisto: el cuestionario de la última encuesta de Ipsos Perú sobre lo que sería el pedido de facultades legislativas del gobierno ha sido un instrumento excepcional para medir la
actual percepción ciudadana, con rangos por encima de 70 u 80% de aprobación. Obviamente esta predisposición favorable durará como mucho el resto del año si no va acompañada de resultados tangibles.

Por tanto, lo primero que hay que hacer es DESIDEOLOGIZARLA. No se trata de imputar al alineamiento ideológico, si no a la gestión competente, el eventual éxito de las correcciones que se apliquen y que coinciden con la demanda social. Por tanto, lo que hay que asegurar es esa gestión competente.

Permítanme un ejemplo. Hoy el principal modelo de gestión competente en el Perú es el Banco Central de Reserva y, en especial, su política monetaria. El mundo aplaude a Julio Velarde y el Perú ha aprendido que el inventario de reservas internacionales no se debe despilfarrar porque su objetivo es garantizar la estabilidad cambiaria y la posición óptima del riesgo-país. Esto se sustenta en un sistema que se ha dado en llamar “flotación sucia”,
que consiste en que el BCR interviene en el mercado cambiario cuando empieza a moverse fuera de un rango admisible prestablecido, por causas coyunturales. No es, por tanto, un método típicamente manchesteriano. Es, simplemente, gestión competente.

El método de la “flotación sucia” fue muy criticado en varios momentos pero, a punta de resultados, hoy es modelo mundial. Tratemos de ir, en lo demás, por un rumbo similar.

Milei, por poner un caso, no es un buen ejemplo: sus resultados económicos comienzan a ser malos y su popularidad se está viniendo a pique. Su discurso, intransigentemente ideológico, lo pone en pésima postura para su importantísima relación económica con Brasil y, lo peor, para manejar el servicio de la enorme deuda con China. Eso es gestión incompetente. Entonces apuesta a la política: si gana Bolsonaro, se salva; si Trump sobrevive a las elecciones de medio término, también. Pero así no se puede gobernar.

Puestas las cosas de este modo, y observando con atención lo que está pasando entre EUA y Chile también, el Perú requiere, por encima de todo, autonomía, criterio y desempeño exitosos. Eso debe construirse desde el gobierno, sería deseable, pero sobre todo desde la sociedad. Una sociedad que comprenda que puede tener y hacer valer sus demandas proponiendo y no confrontando.

Construir la unidad nacional es, en consecuencia, desarrollar gestión competente en todos los niveles e instancias del poder formal mientras que, en paralelo se alcanza una mayoría social con capacidad de generación de alternativas viables. De eso se trata pero no todos están en eso.

Por tanto, la política y la sociedad requieren también procedimientos quirúrgicos. El lumpen no tiene cabida en un proyecto nacional conducente y en el lumpen también está el legado de Sendero Luminoso y sus cómplices. Ellos están fuera o mejor dicho, ellos están en la acera del frente y no hay modo de caminar juntos… en nada ni para nada.

Espero haber sido claro.

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