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OPINIÓN/ Perú: La lenta reconquista del turismo peruano

Escribe: Eco. José Soto Lazo

jsoto2503@gmail.com

Cinco años después, la pregunta ya no es si el turismo se está recuperando, sino a qué velocidad y hasta dónde. Y ahí las respuestas son menos triunfalistas de lo que uno esperaría.

Antes de la pandemia, Perú vivía una expansión casi ininterrumpida. Entre 2015 y 2018 las llegadas crecieron cada año a un ritmo de entre 7.7% y 9.6%, empujadas por la consolidación de Machu Picchu como destino global, la mejora de la conectividad aérea y una imagen país que se afianzaba en el imaginario del viajero internacional. El crecimiento compuesto de esos años, 6.05% anual, no era casualidad: era la señal de una industria que sabía hacia dónde iba.

Entonces llegó 2020. Y lo que siguió no fue una desaceleración, sino un vacío: una caída de 79.5% en un solo año, seguida de otro descenso en 2021 que dejó al país recibiendo apenas el 10% de los turistas que solía recibir. Ninguna otra variable económica del Perú reciente se movió tan violentamente en tan poco tiempo.

Desde 2022 la historia cambia de tono, aunque no de urgencia. Cada año trajo una recuperación de dos dígitos: 25.7% en 2023, 29% en 2024. Son cifras que, leídas aisladas, suenan a éxito rotundo. Pero hay que mirarlas contra el punto de partida: en 2024, con 3.26 millones de turistas, el Perú apenas alcanzó el 74.5% del nivel que tenía en 2019. Es decir, cuatro años después de que la pandemia terminara oficialmente, todavía faltaba una cuarta parte del turismo para volver a donde estábamos.

Lo que revela el detalle mensual es igual de instructivo que el total anual. El turismo peruano tiene un pulso muy marcado: julio, con las vacaciones del hemisferio norte y las Fiestas Patrias, concentra sistemáticamente el mayor número de llegadas, un 14% por encima del promedio anual. Agosto y diciembre le siguen de cerca. En el otro extremo, abril, mayo y junio son meses de valle, con hasta 7% menos actividad que el promedio. Es una estacionalidad que se mantuvo casi idéntica antes y después de la pandemia, como si el calendario del viajero internacional fuera más terco que cualquier crisis
sanitaria.

Detrás de estas cifras hay una lectura que trasciende la estadística turística. La pandemia no solo golpeó un sector económico: interrumpió un ciclo de confianza que Perú había tardado casi una década en construir, viajero a viajero, aeropuerto a aeropuerto, campaña de promoción a campaña de promoción. Reconstruir esa confianza, a diferencia de reabrir una frontera, no ocurre de un día para otro.

Quizás la lección más honesta de esta década de datos es que el turismo receptivo no se recupera solo con que el mundo vuelva a viajar. Se recupera con decisiones concretas: suavizar la estacionalidad promoviendo la temporada baja, sostener la conectividad aérea, y no dar por descontado que el crecimiento de doble dígito de los últimos años vaya a continuar indefinidamente. Los números de julio de este año, cuando se conozcan, dirán mucho sobre si el país está realmente cerrando la brecha o simplemente administrando una recuperación que empieza a perder impulso.


Fuente de datos: Superintendencia Nacional de Migraciones — Elaboración: MINCETUR/VMT/DGIETA-DIAITA.


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