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OPINIÓN/ Mal de muchos

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

Se necesita fomentar un mínimo de responsabilidad en el alumno y se necesita un contingente de profesores que, con el conocimiento y competencia suficientes, sepan despertar el entusiasmo del discípulo

Los más recientes resultados de la prueba PISA son dramáticamente reveladores: la población escolar del mundo ha descendido, uniforme y abrumadoramente, en sus capacidades de razonamiento matemático y comprensión lectora y sólo en Asia el tema es menos grave. Diversas regiones chinas (China no participa como país sino por regiones) obtuvieron los mejores resultados en matemáticas y Singapur los obtuvo en comprensión de lectura.

Latinoamérica anda igual que el resto del mundo, excepción hecha de Uruguay, Costa Rica y El Salvador, que están ligeramente mejor. El Perú ha descendido varias posiciones y su educación pública se encuentra más estragada que nunca, obviamente como producto de una secuencia de gestiones desastrosas del sector. No se puede ignorar esta situación, ni eludir la responsabilidad correctiva del gobierno actual.

Rápidamente se estableció la conexión entre la modernidad tecnológica (especialmente el
 uso generalizado de pantallas, redes sociales e inteligencia artificial) y el retroceso educativo. Aunque eso podría parecer obvio, los resultados en los países asiáticos contradirían una conclusión tan presurosa.

Lo que no admite discusión es que hemos idealizado la tecnología y nos hemos despreocupado de la gestión. Recuerdo que antes de que termine el siglo XX se hablaba de la “Era del Conocimiento” y se suponía que el acceso a grandes cantidades de información derivaría en uso continuo y eficaz por parte de las siguientes generaciones.

No fue así, la información se contaminó aceleradamente y las preferencias sociales se orientaron principalmente a lo frívolo o a lo falso. Sólo importaba la velocidad. No pocos países recorren hoy el camino inverso e intentan limitar (incluso prohibir) el uso de pantallas y afines en la infancia/adolescencia. Dudo que esa sea una ruta viable pero, en fin, el tiempo nos dirá si funciona o no.

Lo que inexorablemente hay que hacer es retornar a la transmisión de conocimientos mínimos evaluables (leer y escribir correcta y creativamente; resolver problemas aritméticos y algebraicos básicos; aprender historia y geografía universal y del país; gestión cívica, política y económica).

Basta de asumir que las “habilidades blandas” son lo esencial. Basta de creer que no se
debe reprobar un curso o perder el año. Se necesita fomentar un mínimo de
responsabilidad en el alumno y se necesita un contingente de profesores que, con el conocimiento y competencia suficientes, sepan despertar el entusiasmo del discípulo por estudiar, por investigar y por obtener logros tangibles.

Volvamos al sentido común (el menos común de los sentidos, según Voltaire) y logremos que nuestra población escolar no termine su educación básica sin tener conocimiento suficiente, valores patrióticos y sociales consistentes y conciencia democrática sólida. No quisiera terminar diciendo “como antes”, pero sí algo muy parecido.

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